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miércoles, 30 de noviembre de 2011

Capitulo 9 " Retroceso

IX; Retroceso ( 9 )


— Cada una de nosotras somos un elemento en cambio tu reprimes los tres elementos entre tus poderes
—Sigo sin entender, ¿Dicen que soy como ustedes?
—Sí… pero más fuerte y poderosa—la rubia me miro expectante. Deje que las palabras de la chica recorrieran mi cerebro en toda su totalidad.

— No, se equivocan de persona… No sé nada de peleas, manejo de armas. Y no soy una princesa perdida. En definitivo no soy esa chica que piensan—espeté

—Tu padre no estaría feliz con ese auto concepto— Destiny jugueteaba con su cabello mientras se acercaba a mi—me detuve en seco. ¿Mi padre? Las imágenes aparecieron en un retroceso momentáneo

“Es un rey, te gane, es póker no una guerra Rose
“¿Quién es la mujer más importante de mi vida?
“Yo — me abalancé para darle un beso en la mejilla. El inocente aprecio de una niña de cinco años.
“¿Y pescaremos el pez más grande del mundo y romperemos el record guinness?
“¡Un tiburón!— soltó una risotada. La lancha se bamboleó a causa de mis manoteos de felicidad.
“Papá, me estoy cansando de que la gente diga que soy un extraterrestre ¿Por qué soy así? ¿Por qué todo lo que toco se destruye?
“No les des importancia Rose, solo sienten algo de envidia hacia a ti porque eres especial. Diferente…— me dio un gran abrazo de oso.


Aquel hombre del cual no recordaba su nombre. Triste pero cierto. Todo el mundo donde según creía yo haber pertenecido hasta mi adolescencia era lo opuesto a Garlenhia. Grandes edificios… Muy altos y poca cantidad de arboles, que de igual manera adornaban a lo que yo podría decirle “Ciudad” La gente vestía diferente, con ropas similares a las que yo creía Indignantes en un principio cuando vi por primera vez a… eso no importa… Las mujeres vestían como varones, con pantaloncillos y simples camisas.


***

Éramos cuatro chicas en el agujero de una cueva oscura resguardándonos de peligrosas bestias que nos buscaban por mi causa. Aun así desconociera el motivo, sabía perfectamente que corríamos peligro.
— ¡Que Si! — Al parecer la chica no resguardaba entre sus emociones la paciencia— Tu padre y madre fueron los legítimos reyes de la tierra de Garlenhia, teniendo a ocho hijas y siendo tú la última de ellas. La número nueve— La intriga comenzaba a ponerme nerviosa. Quería saber por completo la historia.
— ¿Cómo sabes eso? — la cuestión era que Destiny y las demás aparentábamos la misma edad, omitiendo a la pelirroja Henlie que le deducía entre los catorce o dieciséis años. Aunque su fortaleza y valentía valían más que un simple e insignificante número. — Mis padres— contesto— ellos me contaron la historia y con ella la profecía
— ¿Cuál profecía? —murmuré con la curiosidad sobresaliéndose de mis ojos

259 años atrás
Época de Paz en Garlenhia gobernada por el Gran Rey Felipix y la Reina Abelallis

Narración de un buen hombre por medio de Destiny


— Mi Señor, sus hombres y yo hemos buscado sin descanso a la princesa Beatriz y no podemos dar con su paradero— El rey amaba a sus ocho hijas con la intensidad del poder mismo que él abrigaba y no descansaría hasta verlas a cada una de ella a salvo. Por desgracia una de ellas había sido raptada el día siguiente de su anuncio con el príncipe de Myrentown.
— Mi rey le ha llegado una carta— irrumpió uno de los mejores soldados del batallón en medio del gran salón. La cogí para entregársela en las manos de su Majestad

— Gracias Bill— El rey no solo era mi gobernador, si no un compañero. Era una persona gentil, correcta y buena con los que iban al encuentro de su ayuda. Siempre estaba ahí para su pueblo y todos decían que no había mejor rey que él. Decía que yo era el hermano menor que hubiera deseado tener. Siempre corrigiéndome cuando había un respeto excesivo de parte mía hacia él, pero esta vez no se había dado cuenta de mi cortesía, era obvio que eso no era de importancia ahora.
La sexta princesa se ayeaba en riesgo, lo leí en sus ojos al leer el papel. La rabia sobresalía de ellos en una lucha por limitarse a causar daño a algo o alguien que se encontrara a corta distancia de su majestad.
—Damien…— murmuro al tiempo que dejaba caer la hoja que advertía malas noticias
— Jairo reúne a la mitad de la tropa, saldremos hoy mismo en la noche— ordenó al hombre que relucía una valerosa armadura. Dejándome solo en la alucinante sala con grandes cristales y brillantes en cada rincón dándole un toque rustico- elegante. Recogí el pergamino del suelo, era de un material grueso pero posible de doblar. Estas eran las letras…


Querido amigo de las pacificas tierras lejanas  de Garlenhia...
Durante muchos años he estado locamente enamorado de la princesa Beatriz, la sexta de ocho. Se que no hay ninguna posibilidad de que se me permitiera convertirla en mi esposa ante el compromiso de unión matrimonial con el gobernante de Myrentown. País unido a la hermosa Garlenhia. A esto hago mención que la he raptado Gran Rey Felipix,POR MI GRAN AMOR… aún así me atengo a las consecuencias…la guerra que se avecina entre nosotros, entre los suyos y los míos. Más le advierto mi querido amigo. Ella muerta antes que lejos de mi grande y profundo amor. Lo hago juramento en estas líneas. 
      
DAMIEN. Emperador de las bestias de Fuego y las islas lejanas.

—Reina Abelallis—A las afueras de la biblioteca real los diminutos zafiros dorados daban un toque esclarecedor
— ¿Hay noticias nuevas Bill?
—Malas mi señora, lamento decir—le di la desgraciada carta. Sus manos eran blancas engullidas y su vocecilla dulce y apacible no faltaba aun en momentos difíciles como estos.

La misma noche como se había ordenado las tropas del Rey Felipix estaban listas para partir. Me había encargado que me quedara con su esposa hasta su regreso al reino, pues esta se ayeaba encinta, llevaba dos meses de embarazo para ser exactos. El gran Rey se ayeaba emocionado por la espera de un nuevo miembro a su familia real. Sin embargo la mala noticia de la desaparición de la princesa Beatriz lo había dejado conmocionando y ausente a la noticia de un bebe que recién crecía en el vientre de su amada.

Los días pasaban y buenas nuevas no se apreciaban por ningún lado. Para lo mismo, como muchos suponían… muertos en caída.
—Madre tenemos que ir ayudarlos. Pueden estar perdidos y podrían necesitar nuestro auxilio—dijo la mayor de las princesas
—No quiero perderlas hijas mías—dijo suplicante la bella mujer
—Llevamos años de entrenamiento mamá, todo saldrá bien. Te lo prometo—La reina unió sus manos con las de ellas y dejo caer unas lágrimas que tocaron en lo más profundo de mi corazón. El aire que entraba por las ventanas era incisivo. Golpeaba el cuerpo entero de cada uno de los presentes hasta causar un leve mareo en el interior.
—Te amamos madre, pero es nuestra hermana y padre—la segunda princesa, Amanda beso el rostro pálido de su madre.

—Si me permiten Sus Majestades, su padre, el Rey Felipix me ordeno que por ningún motivo se les permitiera salir del castillo
—Bill no hagas esto, con o sin tu autorización o la de mi padre saldremos en su ayuda

— ¡Elizabeth! , ¡Amanda! ¡Isabela!, todas regresen—grité en un claro mandato de autoridad
— ¡NO ERES NUESTRO PADRE!— la menor de las ocho, Priscila, se giro sólo para recordármelo. No, no lo era, pero el amor era como tal. Las había visto crecer desde el primer minuto de sus vidas.
Salieron volando con sus colosales y extraordinarias alas brillantes al cruce del sol, irradiando una belleza vigorosa.
—No se preocupe Mi Señora, le aseguro que van a regresar— de sus ojos emergía un intenso fulgor que dejaba entrever su triste sollozo mientras su hijas se merodeaban por los aires, como las mariposas en cambio de estación.


Los meses transcurrieron…Un mes, dos meses, tres meses, cuatro meses, cinco meses. Era un verano diferente. El castillo se sentía solo y afligido. Los demás sirvientes murmuraban de una visible derrota, como ya era costumbre, no llegaban noticias nuevas, ya sea para bien o para mal. Lo que se temía, cada día que pasaba se hacía verídico. Nadie regresaría con vida.
—Es una catástrofe—me dije para mí
La hermosa mujer acariciaba su vientre abultado mientras lloraba en una atroz melancolía—Mi querido hijo, me temo que…—articulo en sus lamentos.
— ¡Mi señora!— una voz grave se hizo presente
—Por fin Jairo. Has regresado—en un danceo como yo le llamaba al andar de la reina fue a su alcance. El soldado hizo una reverencia al tenerla enfrente de él. Ya no portaba más que la mitad de su armadura y armamento.

—Tiene que irse mi Reina, esa mujer viene por usted—el rostro del hombre cambio con un rotundo pánico
— ¿De qué mujer hablas querido Jairo?
—Myleshia, es la verdadera mujer de la sabandija esa, perdone usted mis malas palabras
— ¿Qué ha pasado? —Supe que la pregunta era solo para confirmar lo que se veía venir
—Lo lamento Reina Abelallis, El Gran Rey Felipix y las ocho princesas… han muerto en batalla—agacho la cabeza en un absoluto respeto—Tiene que irse de aquí. Huya Mi Señora—finalizo el soldado
—Ya escucho su Majestad debemos irnos. En su estado debemos salir lo más rápido posible—dije tomándola con delicadeza del hombro.
—Me encargare de hacer tiempo, pero huyan— Jairo el fuerte salió en veloz carrera— ¡SALGAN! —Sin tambaleos tome algunas cosas de la reina y salimos a una velocidad apta para su embarazo.
—Gracias Jairo—agradeció sinceramente la reina con un beso en la frente del soldado
Unos fuertes golpes se hicieron continuos, estremecedores. — ¿Dónde te escondes maldita? —Era la salvaje voz femenina advertida por Jairo


—Por aquí su majestad—la dirigí hacia un túnel. Los movimientos bruscos allá arriba se desvanecían, tal vez era que se marchaban o nosotros nos alejábamos—No se detenga— mascullé. Las zancadas de nuestros propios pasos se oían más densos pero al mismo tiempo tan frágiles.
— Ya casi llegamos a la superficie— anuncie con preocupación por su estado. Se le veía más pálida de lo normal y el sudor le recorría la frente blanquecina.
— Eso deseo Bill, estoy exhausta.


***


Una pantera comenzó a olfatear.
— ¡Aléjate!— la amenacé con una vara
— Bill eso está prohibido, no vuelvas hacerlo, ella no nos hará daño ¿De acuerdo?
— Perdóneme—asentí avergonzado.
Su barriga crecía al paso de los días y nuestra sobrevivencia dependía de esas bestias. Ahuyentados por dragones y esa maldita bestia de mujer. La noche se maravillaba de una colosal Luna Llena. El búho ululaba muy cerca de nuestro campamento, el lobo aullaba a lo lejos de la más alta roca y algunos ratoncillos podían oírse correr por la hierba. El viento silbaba tranquilamente, cantando una canción de cuna a mi parecer.


—Bill comienzo a tener contracciones—se quejaba mientras tocaba su vientre y el sudor salía por su frente blanca como la nieve llegando a la parte inferior de su pecho.
—Ve en busca de una partera
—No puedo dejarla sola su Majestad
— ¡Ve! Es una orden, este bebé ya quiere salir— sus muecas de dolor me atravesaban incluso a mí. No quería dejarla, si le pasaba algo viviría con la culpa y jamás me lo perdonaría. Jamás…
— ¡Vete ya! — Salí corriendo como nunca lo había hecho, algunas espinas crispaban mis piernas defendiéndose ante mi acelerado paso. Dolía demasiado y manchas de sangre se cohabitaban en mi pantalón, aun así no disminuí la velocidad a la que iban mi torturadas piernas. No importaba mi dolor, el de ella sí.

***


Regresé con una mujer, lo cual no era joven pero tampoco vieja —Por aquí—le señale la vergonzosa tienda. Un sitio nada decente para la Reina Abelallis. Un lugar no memorable.
— ¡Dios mío esta mujer se está muriendo! — de inmediato la partera se incoó a su lado
— Bill acércate— oí su dulce voz
—Mi Señora no va morir—dije confuso ¿Morir?
—Vamos a comenzar con el trabajo de parto. Sal de aquí muchacho. Si no iniciamos cuanto antes, el bebe podría no vivir— obedecí inminentemente.

Se escuchaban en sucesivos los gritos de ambas mujeres— ¡Puja mujer! — La reina sufría y de pronto el llanto de un bebe que acaba de ver la luz de su sobrevivencia se hizo milagroso.

—Va morir muchacho, le quedan sólo unos minutos. Adelante…Puedes pasar
— ¿Cómo dice? — pregunte consternado
—Estaba enferma desde hace meses y ha perdido mucha sangre en el parto
— La he visto bien de salud estos últimos meses, eso no puede ser ¿Morirse? ¿Sabe quién es ella?
— Las apariencias engañan joven y creo saber quién es esa pobre mujer—Me dio la ligera impresión que sabia más de lo que yo sospechaba en su mirada.
Fue triste ver ese recuadro. Ella recostada en una sabana y varias manchas de sangre azul a los lados y esparcidos en su cálida sabanilla.
—Mi Señora no menciono estar enferma y yo fui un estúpido que no me di cuenta—susurre muy bajo, cauteloso y con la respiración contenida. Creí que su cuerpo era frágil inclusive a mi respiración.
— No hables más y escúchame Bill— La reina que aunque débil se encontraba seguía con sus esplendorosos ojos llenos de fulgor hacia el cuerpecito que se ayeaba a su costado.
— Es una niña preciosa— saco su pequeño y ovaladito rostro para que lo pudiera contemplar. En verdad era hermosa, atesoraba un rasgo de cada una de sus hermanas que en el Cielo se ayeaban. Su piel suave y blanca como la cal tranquilizaba el ambiente como el aroma a flores en el jardín. Sus ojos marrones almendrados como los de su difunto padre, el Gran Rey Felipix, redonditos y afables parpadeaban continuamente al tiempo que sus manitas se movían agitadamente en su linda carita. Las mejillas y párpados amelonados de su madre, la Reina Abelallis se movían celestialmente.

—Tú serás su padre ahora— me dirigió una sonrisa débil. La mire absorto a esa oración “Tu serás su padre ahora”
— Tu destino se cumplirá en la tierra, en el mundo de y con los torwuos humanos.
— Mi Señora yo no podría
— Tienes que hacerlo Bill, ahora no digas nada más.
Ella será una pequeña semilla que nacerá de nuevo, esta vez de una exquisita flor. Estará a salvo allí dentro del botón y cuando sea tiempo sabrás que es ella… tu hija— de nuevo contemplo el diminuto rostro de su hija, peinando sus cabellitos tiernamente
—Encontraras una mujer torwuo de alma bondadosa. Esa mujer será tu esposa y madre de Rosalinda, ese es su nombre. Dentro de unos años existirá una flor llamada rosal y deberás cuidarla como si fuera ella misma—sonrió y continuo hablando mientras seguía admirándola.
— Cuando sea el día indicado deberás confesarle la verdad de sus raíces—mis ojos se humedecieron al punto de estallar en lágrimas.
—Mi querido Bill, no tienes de que preocuparte — Acaricio mi mejilla limpiando la gota que resbalaba de ella— Tu nombre ahora será… Mark Waters…— tome su mano y le di un suave beso. El alma se le escapaba en unos preciados segundos.
—Gracias Mark—artículo en un hilo sin aliento para luego cerrar sus preciosos y pequeños ojos azules y encender el poder que ella resguardaba. Un destello azul blanquecino se incrusto en el pecho de la niña transformándola en una pequeña semilla de rosal.
—Siémbrala y en cualquier momento de tu vida aparecerá convertida de nuevo en un precioso bebé— cerré la cortina despacio, consiente que lo que llevaba en mis manos era lo más preciado de todo los tesoros de Garlenhia. La novena Princesa…

***


La profecía dice que dos días después la mujer que había auxiliado en el parto de la Reina Abelallis se le apareció a Myleshia. La mujer resulto ser nada más y nada menos que una poderosa hechicera que decidió vengar al Reino entero, en principal a la familia Real. Dejando caer un hechizo en la familia de la malvada mujer. Su único hijo varón seria un dragón como todos lo demás, sin embargo al cumplir los veinte años de edad y al retorno de la princesa Rosalinda, el Dragón seria Bestial por siempre, quedando prendado en cuerpo y alma al Dragón. Y morir dolorosamente y de una forma brutal. Cruel. 5000 años después. Solitario y sin inteligencia humana.
En cambio a Myleshia le alargarían la vida sólo para ser derrotada por la fuerza de la Princesa Rosalinda Seymord Castellot, IX. Si el hada guerrera no regresaba de la tierra, viviría feliz ayudando a los demás como un torwuo y las bestias de fuego se arrodillarían ante el estremecedor dolor por siempre…



“Brutal destino te espera a ti y a tu único hijo varón maldita mujer, Bestial vivirá por 5000 años… ¡Justicia de su muerte! ¡Justicia por su vida! Sólo la muerte de aquel adorado ser y una roca de amor sincero podría ser tu salida. Tu salvación. Más no olvides que si de ella dependes, también morirás por ella. Derramando tú sangre por todas aquellas almas perdidas. ¡Bruta eres mujer! ¡MALDITA SEAS!”

jueves, 17 de noviembre de 2011

Capitulo 6 "La rosa blanca" Parte 1


VI. La rosa blanca


Parte I


Detràs de ese amor la maldad acecha cautelosa . . .

Rosalinda
Había sabor a misterio…lo podía percibir a través de la ansiedad por escapar de Corongio y el prolongado silencio de Atel.
— ¿Ocurre algo? —insistí 
—Nada de qué preocuparnos—respondió el chico de fuertes músculos
—Nada…—repitió Corongio en un hilo de voz. La emoción de ver caras diferentes se aferraba a mis deseos y bueno, también una cálida bienvenida, según me aseguraba Calixto Atel. No podía dejarme llevar por lo sentimientos del enano. No…Hoy tenía que ser un día nuevo. Distinto a lo habitual.
El vuelo iba a cargo de mis piernas…fue excitante descender al tiempo que dejaba que el aire nativo y natural se filtrara por cada poro de mi albino rostro. Fue como volar… Bramé sólo por diversión
— ¡Esto es grandioso! ¿Por qué no lo intentan? —Dije. “Vaya humor” —pensé respecto a ellos después de que mi invitación fuese rechazada. 


***


Al llegar a tierras pueblerinas, deduce que no me había equivocado en la decisión de no implicar los sentimientos del enano por los propios. Egoísta lo sabía, pero a fin de cuentas no había de que temer, Calixto estaba allí y yo confiaba en él como a un verdadero amigo. No comprendía cual era esa repentina antipatía de Corongio hacia el joven Atel.
Cabe mencionar que una extensa cantidad de agradables casas de madera y bloque adornaban el mágico pueblo de Garlenhia. Entretanto a lo lejos se podían apreciar las dominantes siluetas de los pinos más altos. Elegantes ramas soberanas y omnipotentes se agitaban trayendo con si su deleitable frescura.
También podía observar la publicidad de cada uno de los negocios. Lo siguiente que vi fue a un hombre realizando su labor a fuego vivo en la herrería. 
El aroma a pan recién hecho me incitaba a su dirección.
—Huele delicioso—dije para mis dos acompañantes
—La panadería debe estar próxima—acertó el hombrecillo. Él y Calixto aguardaban absurdamente cierta distancia.
Una familia compuesta por padres jóvenes y su pequeña hija de cabello rubio trenzado hacia los hombros deambulaban en la calle a sueltas risotadas. Fue grato contemplar un próspero recuadro familiar. Luego dos niños galopando como elegantes potrillos jugaban al te atrapo. Uno menudito y el otro un simpático regordete — ¡Caramba! pueden tirarme al suelo pequeños pillos—reí al sentir unos bracitos protegiéndose entre mis piernas y al mismo tiempo contemplar el amondongado semblante del infantil contrincante.
— Eres un gallina —le espeto esté haciéndole muecas graciosas e insolentes
— ¡No es cierto!—respondió el primer niño en cólera 
— Tranquilos…— sonreí atenta—, ¿Cuál es tu nombre? —Pude admirar unas diminutas pecas destacando en sus mejillas.
—Emanuel—dijo tímido el delgadito 
—Yo soy Joaquín lindura—“Pícaro”
—Atrevido ¿Eh? —se encogió de hombros. Reí ante ese juvenil atrevimiento. Criaturas inocentes… bueno… ni tan inocentes. Carcajeé para mis adentros.
—Rose ya hay que irnos—me tocaron por el hombro. Era Corongio. Me despedí de los pequeños con una honesta simpatía. Mujeres y hombres concurrían alegremente en las calles como si fuera una vez en la vida. — ¡Rica fruta! —Un vendedor anunció a lo lejos— ¡Deliciosas y jugosas manzanas! — de solo oírlo se me hizo agua la boca. Ya me había hastiado de alimentarme sólo con mepas.
— ¿Te gusta mi vestido? Lo usare mañana en la celebración de la Rosa…— oí decir a una linda joven con sonrisa picara y tez blanca a otra chica de igual belleza que cepillaba su cabello lacio, ayudada por sus delgados dedos. Cuando se percataron de mi atención fija en ellas, sin excepción alguna, las dos nos examinaron con detenimiento de pies a cabeza. Sus semblantes solo evidenciaban lo que yo ya había podido percibir antes: inseguridad y desconfianza. Éramos forasteros, cabía recordar.
—Buenas tardes joven — giré mi vista hacia atrás. Una de las chicas se dirigía a Calixto con un acento de visible coquetería. No pude evitar sentir… ¿Celos?...Ridículo.
—Sera en otro momento. Ahora debo irme— Él prescindió el reconocimiento que le había mostrado la chica con su tan definida y singular actitud. Eso me hizo sentir mejor debo admitirlo. 

***


—Voy a entrar por algo de beber. No se muevan de aquí—anunció Atel. Nuestras miradas se cruzaron en un tenue respirar.
—Rose no deberías confiar demasiado en el chico—susurro al ver a Calixto Atel incorporarse detrás de la puerta móvil—, él es igual de pérfido como su madre. 
— ¿De qué hablas? —Fue desconcertante oír a Corongio hablar con ese concepto sobre Atel. Estaba consciente entre sus diferencias personales. ¿Pero con qué motivo me relacionaba a mí? y ¿Quién era su madre? Ante mi oscilación salió un hombre de barba y aspecto maleante que llevaba una botella en mano. Esté me observo perplejo mientras se tambaleaba en su posición.
— Preciosa ¿Qué tal si caminamos por ahí y nos divertimos? —el sujeto albergaba altos niveles de alcohol. Su estado en si era vergonzoso, pero su aliento realmente me resultaba desagradable.
—No te acerques—pronuncie 
—Vamos no seas aguafiestas. Nos vamos a divertir—me tomo del brazo
—Respeté a la señorita— ordeno Corongio tratando de interponerse
—Le exijo que quite su mano de mi brazo
—Vendrás conmigo te guste o no—me zarandeo violentamente
—Ella viene conmigo imbécil—Calixto le dio un firme puñetazo en la cara. Fue tan rápido que no me detuve a pensar si Atel saldría herido.
— No lo sabía lo juro— dijo el ebrio sujeto al tiempo que limpiaba la sangre de su labio y salía corriendo a torpes trompicones.
—Idiota—escuche de mi defensor en una media sonrisa.
— ¿No te hizo nada? —su mueca risueña se esfumó
—No, estoy bien—Le sonreí tímida, él desvío la mirada. Me entrego un termosifón con agua que bebí como fiera hasta casi vaciarlo. La noche se abocaba en un esplendido crepúsculo que no podía dejar de contemplar. Por un momento creí perderme en su esplendor de bronce. 
—Comienza a oscurecer, hay que buscar un lugar donde pasar la noche—avisó viendo hacia el horizonte. 
— ¿En la tierra de nuevo? —pregunte temerosa de recibir un “si” como contestación 
—No, hoy dormiremos en una cama
—Excelente—sonreí dichosa 

“Las habitaciones están ocupadas joven” fue la frase más canturreada por los hosteleros. La noche ya había caído y de nuestra parte no habíamos encontrado un buen sitio donde dormir. Después viéndonos perdidos, un anciano nos ofreció amablemente sus servicios de aposento.
—Es algo reducido pero dormirán seguros—articulo el viejo. Corongio agradeció sus cordiales atenciones
—Muchacho… tu rostro se me es muy familiar—el hombre entrecerró sus rígida mirada marcando aún más las bolsas y arrugas de sus ojos.
—No lo creo señor. Yo no soy de por aquí—aludió en un recóndito nervio
—Bueno… que descansen. Mañana es la celebración de “La rosa blanca” y están por supuesto invitados. El día en que la princesa despierta del sueño eterno y los maléficos sueños de la bruja yacen para siempre—rio en una tenue carcajada para sí mismo.
—No faltaremos—Las palabras mencionadas anteriormente por el hombre de brillantes canas habían puesto un tanto nervioso a Calixto, algo extraño que se causara en él.
— ¿Te noto diferente, te preocupa algo? —Indagué 
—Estoy cansado eso es todo. Los veré por la mañana— salió por la vieja puerta de madera donde tuvo que agazapar la cabeza
— ¿No dormirás con nosotros? —movió la cabeza en signo de negación. Las escalerillas crujieron al pasar el chico encima de ellas. Pude escuchar todavía su respiración agitada. Tal vez no podía sentir ni discernir sus pensamientos, más su comportamiento y sus hermosos ojos azules lo delataban ¿Acaso había dicho hermosos?, que importa si yo misma sabia que me atraía aún más que su físico su misteriosa personalidad.
La algarabía de la aldea se había esfumado en el aire. Mis parpados se esforzaban por no declinar pero era inútil. No por poseer dones significa que no tuviera un mínimo de agotamiento…esta vez lo tenía. Era tal vez el extenso camino de tantos días que por fin me vencía. 

***


— ¿Atel? —Fueron los susurros de un hombre y una mujer los que irrumpieron mi ocio. No vacilé en salir y asegurarme de que estuviera bien. La noche era más oscura y tenebrosa que las anteriores, la luna incluso podía hacerse distinguir por los huecos de los pinos y las ramas de los otros árboles. El conejillo de la luna se veía más gordinflón que otras veces y el ulular del búho vivo ensordecedor.
— ¿Atel te encuentras bien? —despedí un ligero suspiro al verlo recargado en uno de los añosos troncos. Llevaba puesta una túnica negra que le llegaba hasta los pies, prenda que no recordaba a vérsela visto hace unas horas.
—Bonita ropa—no trate de ser bromista simplemente no supe que decir. No recibí respuesta.
— ¿Así que no puedes dormir? — Me acerque sigilosa. El chico murmuró unas palabras que no logre percatar
— ¿Dijiste algo? —Toque suavemente su hombro. Se giro sobre sus talones. Su semblante ahora era completamente diferente, sus ojos eran los mismos pero tan distintos al mismo tiempo. De las comisuras de sus labios sobresalía un rojo intenso como la sangre, enseñando así sus dientes como el específico depredador encima de su presa. Me empujo hacia los arbustos. Trate de gritarle, pero me fue imposible. No salió ni un solo silbido de mi interior. Solo movimientos torpes e inarticulados.
Después de tratar de ponerme de pie y notar que me daba un dolor intenso en el tobillo, lo logré con esfuerzo.
— ¡No lo hagas! —le suplique. En sus manos llevaba una daga que en cuestión de segundos incrustaría en mi pecho. Me miro por última vez maravillado por mi evidente temor. Llevo el puñal a la altura de su cabeza y… esta vez era una mujer, lo note por su voz. Ya no era Calixto Atel si no los enérgicos ojos de una perversa mujer—Morirás—dio vuelo a la daga que brillaba a causa de la luz lunar de la noche…




De golpe abrí mi ojo descubierto, ya que la almohada cubría el izquierdo. Solo había sido una espantosa pesadilla. Suspiré…la frase de Corongio del día anterior había sido la causante de dicho sueño. No lo dudo. 
Se oía toda clase de ruidos: desde aplausos a zapateos, de risas hasta carcajadas, el rozar de las ruedas de las carretas con las calles, las pezuñas de los caballos tocando el suelo. “Suntuoso”
—Dormiste demasiado, princesa— afirmo Corongio
—Lo siento, por una extraña razón extrañaba la comodidad—lo mire fijamente. — Y deja de decirme princesa ¿Quieres?
—Eso es lo que eres Rose
—Vamos ya basta—puse los ojos en blanco— ¿Dónde está Atel? —Pregunte cambiando el tema
— Salió muy temprano no debe tardar… mira…ahí lo tienes—el enano frunció el seño. Mientras tanto el chico entraba con movimientos bastante varoniles y algo ocupando su mano derecha— ¿No quieres salir? — No sé si fue que deseaba verlo desde hace tiempo, pero me pareció verle una declaradora sonrisilla.
— ¿Y yo me quedo aquí?—interrumpió el enano con agobio
—Como quieras— mi imaginación se desvaneció. Atel le dio por respuesta una mueca ampliamente hostil y de nuevo su penetrante mirada se fijo en mí.
—Te traje algo— me aventó una triste caja rectangular
—Dejémosla sola— le ordeno al pequeño hombrecillo
Abrí la caja con emoción, esta contenía un esplendido vestido que llegaba un poco más por debajo de las rodillas. El color era un encantador azul claro casi llegando al pacifico blanco, un tono que llegue a pensar contrastaría de forma negativa con la de mi piel, pero no fue así, me quedaba bien o al menos eso anhelaba que pensara Calixto. Me sonrojé antes mis pensamientos. Dejaría mis sucios trapos que había hecho con la ropa extraña con la que llegue por un bonito vestido. Me asomé por la ventana y ahí estaba él. Un hombre atractivo y mágicamente seductor. Me mordí el labio inferior recordando aquella noche que había estado a punto de besarle. 




En el próximo capitulo

— Lo siento madre, no lo volveré hacer—bajé la mirada avergonzado
—Y mucho menos con las guerreras, son engañosas… aunque de esas ya me encargue y dudo que aun existan querido— sonrió maliciosa
— ¿Ellas mataron a papá verdad? 


—Atel—tropecé con una piedra, esta insignificante para provocar una caída
— ¿Y Corongio? —
—Vine sola. Tengo que hablar contigo— mis piernas flaquearon. Por un momento pensé que me acobardaría en el instante.
— ¿Así? —Alzó la ceja—, ¿sobre qué? —Pregunto altanero
— ¿Crees en el amor? —Me acerque nerviosa
—Depende de qué tipo de amor. Aunque ciertamente no—contesto frívolamente 
—El de un hombre y una mujer—sus ojos azules estallaron como si me hubiera metido en terreno prohibido
— El cerdo de Felipix las vengara con su última hija…eso tenlo por seguro mi pequeño.

lunes, 31 de octubre de 2011

Capitulo 3 "Encuentro Peligroso"

  • Calixto Atel es Logan Lerman
  • Rosalinda eres Tu 






III. Encuentro peligroso


Lo siguiente que vi fueron un par de ojos pacíficos color turquesa garzo, que me observaban con ligera contrariedad
—Despertaste— su voz sonó áspera. Todavía sentía asco y estaba confundida por obvias razones.
— Sí… creo— seguía sospechando que me encontraba dentro de un sueño o ya en una pesadilla.
— Bien, entonces vámonos—me sujeto del brazo ¿Quién se creía ese tipo?
— ¡Espera! estas últimas horas me han pasado cosas extrañas y me pides que vaya contigo, un completo desconocido, ¿estás loco?, ¡suéltame!
—Confía en mí— su tono de voz seguía igual de frio.
Su nariz era perfectamente simétrica, completamente todas sus facciones eran inhumanas y devastadoras y sus ojeras no eran demasiado oscuras, solo un ligero morado que le sentaba bien. Una fisonomía que no esperas ver, un chico completamente atractivo para mis ojos. Había algo en él, más que su físico otros motivos que me desconcertaban con solo verlo ¿Por qué no podía percibir algún sentimiento de él? Tal vez así cediera en acompañarlo.

Calixto Atel
—Soy Calixto Atel—dije
— Dime Atel, ¿Dónde se supone que estamos?
— Te lo diré cuando salgamos de aquí
— ¿Tiene salida? —frunció el seño dejando ver una frente perfecta y cejas bien aliñadas
 —Aquí corremos peligro—comenzaba a fastidiarme su actitud de no cooperación
—Entiendo… ¿lo dices por el dragón que anda por este rumbo cierto?—rio despacio como si no creyera lo que ella misma había dicho
—Claro, es eso— sonreí solo para que dejara de preguntar. Verdaderamente corría peligro de ese espantoso dragón. Y lo peor, no sabía que lo tenía justo frente a ella.
—Tú no hablas— no fue una pregunta si no una afirmación de parte de la chica
— Y tú no te agotas—llevábamos horas recorriendo las brechas del bosque y no se le veía una sola gota de sudor. Seguro era uno de los dones o poderes de su especie.
— Si creo que deberíamos parar—Maldito Fingimiento ¿Qué más da? Lo sabía todo, solo que eso ella no lo sabía.
— ¿Por qué no has dicho una sola palabra desde que mencione lo del dragón?
—Por qué no tengo ganas de hablar. Además no es necesario que mientas, se tu secreto— proferí confiado en que diría algo
—Pues yo sí, tengo preguntas que hacerte y no creo que sepas nada de mí, puesto que apenas nos conocemos— Fue firme. Se rehusó a pesar de que era en vano que lo negara.
—Por lo que veo no hay camas, así que tendré que dormir en el suelo. Aquí es perfecto—alzo una ceja mientras se acomodaba entre un tronco y el pasto.
—Seguiremos hasta que amanezca— copie sus acciones
— ¿Cómo se que debo confiar en ti? —Pregunto
— Sencillo, soy la única persona que hay y que has visto—le di la espalda acomodándome de lado
— ¿Solo tú y yo?
— En el bosque si
— ¿Quieres decir que si las hay?
—Sí, a kilómetros de aquí ¿podríamos dormir? — Pregunte fastidiado
—Duerme tu, yo  no tengo sueño—No lo pensé dos veces. No deseaba seguir escuchando su cuestionamiento estúpido.
De pronto Myleshia estaba allí tan bella como siempre, con su aspecto maternal pero sobra de maldad. Una mujer encantadora en todo el sentido de la palabra. Sus ojos verdes escarlata estaban fundidos en su propio fuego salvaje. Las llamas de este nos rodeaban en un valeroso respeto. Fascinante. Mientras ella me consolaba diciendo, “Ya no llores bebe”, como una madre que arrulla a su hijo cuando este no deja de llorar
—Serás igual a tu padre. Duerme pequeño príncipe—oí un crujido.
Por entre los huecos de los delgados troncos la luz del sol podía llegar hasta mi cara, “Que molesto” A mi parecer acababan de dar las seis de la mañana.
—No quise despertarte—la chica masticaba un pedazo de fruta
—Encontré varias de estas, son deliciosas, nunca las he visto en Londres ¿Qué son? —Jugueteaba con ellas pasándolas de una mano a otra. Eran unas sabrosas Mepas color amoratado.
—Mepas—respondí
—Son raras pero sabrosas, ¿Quieres una? — Me ofreció y no me negué
— Te salvaste, pudo haber sido venenosa— mi madre había ordenado envenenar y dar vida a unos cuantos árboles y arbustos por si acaso trataran de engañarla. Aunque fuera solo una pequeña parte del pueblo en complot planeando escabullirse de su poder. A esto, no existía la posibilidad de escapar, no había quien la pudiera burlar.
— ¿Sabes cómo llegue aquí? —pregunto algo confundida. Los efectos de Garlenhia comenzaban hacerse notar.
—No
—Qué extraño…no recuerdo cómo fue que llegue
— ¿Si tu no lo sabes, esperas a que yo sí? —Proteste irritado—Ya hay que irnos, el sol se pondrá en lo alto y me agotara rápido
— ¿Siempre eres así de antipático? —farfulló. La ignore.
— ¿Siquiera puedes decirme a donde vamos?
—Es una sorpresa—sonreí para mis adentros. Continuamos durante tres horas sin parar. Ella se veía fuerte como un roble, en cambio yo comenzaba a sentirme sediento. Detestable y envidiable criatura.
 El agua estaba helada, algo que no soportaba mi ardiente naturaleza. Una descarga eléctrica recorrió mis piernas al sentirse atacadas por el cauce del rio, mi cerebro al instante capto la adrenalina sobresaliendo de mis poros, pero aún así cruzamos sin más dificultad.
 Algunas veces la chica se maravillaba de lo que veía: desde un sauce llorón hasta la flor más diminuta e insignificante. Me parecía graciosa su forma de saltar y exaltarse por cualquier cosa que viese.
***
—Alguien nos sigue—dijo con seguridad e hizo una pausa
—No sé que sea pero percibo a su alma. Es un hombre y está preocupado…
— Maldito Corongio—pensé. Ese enano de nuevo y el don apenas descubierto de Rosalinda me estaban volviendo intolerante, me pregunto si no habrá sentido algo diferente en mi, leído mis pensamientos o yo que sé.
—Iré a ver— fingí precaución— Quédate aquí— me asome lo mas dentro posible.
— No fastidies Corongio o sabes lo que le haré a tu familia y a ti—le advertí
—Déjala en paz, no les servirá de nada si no tiene la piedra—voltee los ojos y puse un puño de hojas que arranque de un arbusto que estaba a mi izquierda en su boca.
—Lárgate antes de que. . .
—Atel déjalo, pobre niño—su cara fue de asombro al verlo.
— ¿Es un… enano?
—No—conteste con sarcasmo
—Ven con nosotros— planteo Rosalinda
— ¿Qué estás diciendo? —eso no era bueno
— Esta perdido Atel
— ¿De que estas preocupado? — Mire amenazante a Corongio
—Estoy perdido como has dicho niña—me miro deferente dirigiéndose a Rosalinda
—No habrá problema si viene con nosotros. Por cierto me llamo Rose— Les di la espalda y seguí caminando por delante de ellos
— El es así no te preocupes— la alcance escuchar hablándole de mi
Llevamos casi dos días, era absurdo volar y no hacerlo porque debía mostrar normalidad ante esa joven que siquiera sabía cuál era su próximo destino y mucho menos lo que era. Transformarme seria macabro para ella y no debía causarle ningún daño o desconfianza hasta llegar a Medial Bran con Myleshia. Y de pilón, ese estúpido enano que en cualquier segundo de distracción podía abrir su boca y decir algo que probablemente lamentaría después.
—Hay que parar, Corongio está cansado—oí su maliciosa voz musical
—Déjalo morir… para mi mucho mejor. Pero tu vienes conmigo— sujete su brazo con fuerza. Estaba cansado de tanta charlateria entre ellos. Llevaba otro día mas escuchando sus conversaciones y risas. No sabía si soportaría tanta felicidad golpeando a mis espaldas.
— ¡Oye!, No tienes ningún derecho de hablarnos así y mucho menos tratarme de la manera en que seguro tratas a tus mujeres. ¡Suéltame te digo!— la sangre ardiente corrió por mi cuerpo humano
— Atel… te está saliendo vapor de la cara— me tape el rostro agresivamente, ella lo había notado
— Déjame ver, puedes estar enfermo
— No te acerques
— No seas necio, deja ver— sentí su mano casi llegando a mi piel—Atel estas ardiendo— al instante en un movimiento brusco separe su mano blanca de mi frente. Creyó que estaba enfermo cuando en realidad esa era mi naturaleza. Estaba demasiado molesto como para tener una temperatura corporal normal
— Tendré que buscar algo con que bajarte la temperatura
— No—dije cortante
— No importa lo haré. Puedes deshidratarte y morir
— ¿Por qué no Revisas al enano?
— Corongio está dormido. Te dije que lo necesitaba—ella volteo a verlo. Ese asqueroso ser de baja estatura quería hacer tiempo, eso era de saberlo.

viernes, 21 de octubre de 2011

sinopsis


¡La Profecía!

 Para el mundo en el que vivimos Rosalinda o mejor llamada Rose de cariño es “La chica rara” “El bicho raro”.  No obstante nadie sabe los motivos de su singular comportamiento. ¿Injusto no?
La excepción; Mark Waters, su padre, es el único ser en la Tierra que está enterado más allá de los dones y poderes de la joven… Consciente del oscuro pasado de Rosalinda Waters, si es que ese es su nombre real. . .
En una ocasión vivió un suceso en donde inefables seres oscuros la transportaron a un lugar que a sus palabras lo describe como “Lo que lo maravilloso no conoce”.  Allí conoce a un apuesto joven de personalidad mezquina y con un misterio que le rodea, que muy pronto ella conocerá. Después de compartir vivencias insólitas, y sin el consentimiento de él, en un sentimiento en fluir, la química entre ellos se eleva al siguiente nivel.
Él   es un ser mitológico extremadamente peligroso y ella una hada guerrera mas especial y única que todas en su especie.
 Con miserables ordenes de un ser cruel y despiadado Calixto Atel  debe asesinarla y Rosalinda luchar no sólo por su vida. Pero un problema los detiene a ambos, están completamente enamorados, algo que jamás  debió ocurrir. . . un amor con más significado que el amor verdadero, es mucho más que eso…
¿Se cumplirá la profecía? ¿Y esta infame persona acabar con el poder que podría desaparecer su “reinado” y futuro  por siempre? ¿Y destruir el hechizo que ha caído en ellos durante dos siglos?




Pd: Rosalinda eres tù si asi lo prefieres (;