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martes, 15 de noviembre de 2011

Capitulo 5 "Primer Punto"

V. Primer Punto( 5 )


Rosalinda
—No quiero que se vaya a infectar. Debo revisarla—Me referí a la herida. Calixto me bajo despacio de su espalda y se incoó a un lado para ayudarme a examinarla.
—Son delicadas. Te incrusto el veneno a fondo Rosalinda… Deberías estar… muerta—en su rostro se dibujo una mueca de incredulidad subrayando la palabra muerta.
—Fue un milagro—fingí una sonrisa
— Yo no creo en milagros Rosalinda
—Deberías…—le dije fulminante— ¿Hay de esas cosas en todo el lugar? — aludí sobre aquella flor salvaje que había estado a punto de cometer un homicidio. Si, donde la victima claro estaba, hubiera sido yo. El ojiazul arrancó una parte de su sucia camiseta color marrón.
—Voy a extraerte el veneno 
— ¿Por qué no lo hiciste antes? — Cuestione irritada— ¿Y porque sangre azul? ¡Soy un fenómeno! — Claro, Calixto optaba que muriera yo antes que él, ¿Qué clase de persona se demoraría tanto, si sabía que tenía casi todas las de morir?
— ¿Bueno quieres o no? —me soltó
— ¡Si hazlo!, puede que la muerte sea un efecto retardado— articule en un indefenso sarcasmo.
— Corongio busca algo de sirila — menciono un producto extraño que no había escuchado antes. Así como otras palabras que no había oído anunciar en todo el camino desde que llegue de ... ¡Demonios! ¿De dónde vengo? Tal parece que llevar una vida en este hermoso, pero arriesgado lugar provocaba esta insípida amnesia.
El guapo joven se sacudió el cabello que le impedía obtener una mejor vista. Quede atolondrada ante el sugestivo ademán “Idiota, ahí vas de nuevo” me espeté.
— ¿Dijiste algo? —fijo su vista hacia mi rostro enervado. “Sus ojos son armas mortales”… “No seas tonta” —pensé al final. 
—No, nada, no dije nada… haz lo que tengas que hacer—Cuando el chico regreso la vista a la lesión me prohibí observarle de nuevo. 
Sus labios tocaron la zona y de inmediato extrajo el veneno. Succiono una vez y escupió. — ¡Duele! —casi grite. Me miró y siguió con su trabajo de auxilio por segunda y tercera ocasión. La cara del enano se veía absorta ante lo acontecido, parecía compartir el mismo dolor. Me queje de nuevo. Si no fuera porque mis pensamientos se volvían… “Valga Ironía”… mis propios enemigos, juraría que Atel había concluido con un delicado roce de sus tentativos labios tono carmesí.
— ¿Qué miras enano? Haz lo que te ordeno—Calixto exigió al hombrecillo, este hizo caso omiso a sus palabras. Lo vì adentrarse por los altos matorrales.
— ¿Lo ves? la muerte no es para ti Rosalinda
— Es increíble — Sorprendente. ¿Tendría mi cuerpo alguna defensa que rechazara el veneno? ¿O los venenos eran distintos a la de los animales de la tierra? Fuera lo que fuese me había salvado la vida.
— De nuevo gracias Atel. Eres bueno
— ¿Bueno en qué? 
— No eres malo. La forma en la que te comportas. Sé que lo haces para ocultar la verdadera persona que hay dentro de ti—apunté a su pecho con mi dedo índice 
—Que te ayude no significa que lo sea Rosalinda
— ¡Rose! —Lo corregí — Sé que lo eres Calixto Atel— le mostré una de mis mejores sonrisas. Él no la devolvió, en cambio sus intensos ojos garzo profundizaron en los míos de una manera distinta a como lo había hecho aquél instante que los contemplé por primera vez. Hacía más de dos semanas de eso y aún lo recordaba. Aquella ocasión que me obligo a creer en él. 
La forma en la que me miraba armonizaba adorablemente el ambiente. No sólo podía confiar en él, si no que ahora podía estar segura que contaba como un amigo. El de los mejores, aunque el chico se rehusara hacerlo.
— ¿Por qué eres así? —Cuestione fugaz incapaz de seguir manteniendo la vista fija en sus ojos color mar.
— ¿Así como? —Bufó sin dejar de mirarme
— Tan mezquino
— ¿No se supone que lo sabes tú?
— ¿Por qué lo dices? — ¿A qué se refería con “No se supone que lo sabes tú”? ¿Sabrá algo que yo ignore?
—Así soy yo. Olvidemos el tema ¿sí?— su mirada cambio de rumbo hacia los matorrales
—Como se demora este enano—Rezongó. Al estar ya de pie arrojó con el pie derecho una pequeña piedra que se ayeaba en el suelo.
Tal vez debería seguir ignorando lo que había pasado la noche que intente besarlo… Si al menos me considerará su amiga seria más sencillo iniciar el tema y darle fin a mis absurdos pensamientos de una vez por todas. 
— Quería pedirte una disculpa por haber tratado de…—respire hondo— besarte la noche anterior—le solté. Sentí a mis orejas elevarse a una temperatura de más de 40º centígrados. Calixto se volvió hacia a mí y me observo detenidamente “No hagas eso, me pone nerviosa” —murmuré para mis adentros 
— Ya lo había olvidado, tú deberías hacer lo mismo— por alguna razón me dolió que lo dijera así con esa agudeza que lo distinguía y sin ningún significado. ¿Qué acaso él no tenía sentimientos? ¿Sabía acaso que a las mujeres les incomodaba pasar por este tipo de situaciones? No. Al parecer no tenía idea.
— Si lo haré—manifesté esperando que no viera lo disgustada que estaba por el tono que salía de mi voz
— Perfecto— adujo sin trabas pero estoy casi segura que lo vi tragar su propia saliva.

Calixto Atel
—Si lo haré—dijo 
—Perfecto—tenía la leve sensación de que me engañaba a mí mismo. No deseaba que lo olvidara ¿Por qué?
— Allá viene el enano, ¿un poco tarde no? —Rose sólo asintió con una media sonrisa, nada comparada con la que había estado a pocos segundo de hipnotizarme. Fue por eso que me delimite en sus preciosos y grandes ojos marrones. Pero eso fue aún mucho peor. “Joyas brutales y maravillosas” —repetía en mi interior.
—Coloca esta hierba encima de la herida
—Bien— contesto ella
Unos minutos antes mis labios habían tenido tacto con su delicada piel. Era mucho más suave y sensible que la de otras mujeres que ya...no importa…Deseaba tanto no solo tocarla de nuevo, si no acariciarla sosegadamente con mis manos… “Imbécil ella es tu enemiga. No lo olvides”

***


A esta altura podía ver el pueblo entero, las olas del mar golpeando en la arena y a lo lejos el espectacular castillo de Myleshia. Eso me hizo recordar que mi tarea aun no concluía aquí. Tenía la obligación de llevarla hacia el encantador pero malicioso rostro de mi madre y acabar con su vida de una vez para nuestro beneficio. Matarla. Parecía sencillo cuando madre dio la orden de comenzar, esperaba que también lo fuera cuando el momento debía llegar.
Baje de inmediato, no debía confiar demasiado en el enano. Allí estaban ambos, en un sueño tranquilo.
Me quede el resto de la noche contemplándola. Una chica linda e indefensa que ignoraba que tenía todas las de pelear. “—La aplastaras como a un insecto” — recordé a mi madre decirme.
Seguido de esto Rosalinda comenzó a sudar y a decir palabras que no logré entender.
— ¡NO ALEJATE DE ELLA! —la chica temblaba después de golpear sus largas pestañas contra los parpados. Me acerque despacio a ella.
— ¿Qué tienes? —pregunté relajado 
—Fue tan real…—sus manos tiritaban en su boca. La tez de su piel se veía más pálida que lo normal. Como el mármol.
—Tranquila ¿Qué soñaste? —tome su manos. Una ligera descarga eléctrica recorrió mis brazos.
—Un bebe… su belleza era… extraordinaria. Lloraba sin dejar de hacerlo y de pronto… ellos se la llevaron sin piedad. Fue horrible Atel…—se acurruco contra mi pecho. Al instante sentí su calor atravesar mi cuerpo entero. Desde la punta de la cabeza, a lo de los pies. Me estremecí ante ello. No tenía idea de que que hacer, ni siquiera sabía el significado de la palabra consolar, aunque solía recordarlo algunas veces. Lo intentaré…
Indeciso pasé mis dedos por su largo cabello caoba…era más suave que la seda que Myleshia usaba en sus vestidos. 
— Ya ni si quiera recuerdo de donde vengo, como llegue o si pertenezco aquí…comienzo a preocuparme ¿Tú lo sabes?—Sus mejillas se tornaron de un gracioso e intenso rosado. Esto le regreso vida a su semblante angelical. Se alejo un poco. 
— Debe ser un efecto de Garlenhia—le confesé el nombre de nuestras tierras. El de Myleshia y el mío.
— ¿Garlenhia?, que extraño nombre
— Tal vez lo es para ti, he vivido casi un…—me detuve en seco
— ¿Un año? —“En realidad un siglo” pensé. Había estado a punto de decirlo. Que idiota.
— No, olvídalo, debemos seguir nuestro camino. Ya fui a la colina y estamos por llegar. 
— ¿Ahora si me dirás a donde vamos?
—Si
— ¿Y a donde? —se veía visiblemente curiosa
—Con una persona que te aprecia y que sabe de tus poderes y dones al igual que yo
—Eso es mentira
— Te equivocas— me miro con cierta desconfianza. Efecto que no quería causar.
— Es un secreto entre los tres ¿De acuerdo? 
—De acuerdo— se paró de la tierra con expresión ceñuda
—Buenos días— el enano despertó de su sueño.

***


Proseguimos el corto camino que faltaba por llegar. Hice subir primero a Corongio que por cierto no se le veía nada satisfecho con su presencia propia, pues evidentemente había sido en vano. No pudo detenerme a pesar de sus continuos y torpes intentos. Nos encontrábamos a escasos kilómetros de llegar a la presencia de la bella Myleshia y ahora tampoco lo dejaría escapar…él lo sabía, se lo había advertido en una ocasión…
“— Morirás junto a tu princesa si es lo que deseas. Si no es así…No intercedas por ella—”

Después siguió la chica—Cuidado— dije al ver que resbalaba
— ¡Es fantástico!, allá abajo hay más personas ¿Cierto? —exclamó una vez llegados a la punta de la colina
—Las hay— contesté
—Y mira ese castillo…— El amanecer le daba un efecto único. La aurora de un color rosáceo- violáceo le hacía verse espectacular y glorioso. 
—Es ahí a dónde iremos—mencioné 
—O tal vez no— articulo colérico el pequeño hombre
— ¡Vamos Corongio será divertido!—oí su melodiosa voz 
— Si claro— fue sarcasmo de parte de Corongio pero ya no importaba. 
Me ayeaba a poco tiempo de cumplir el primer punto. Ponerla en presencia de mi madre. Y bueno estableciendo que faltaba el más importante. Su valioso corazón azul.
— ¿Que esperamos entonces? Vayamos a conocer a esa persona que dices y darle las gracias por haberme mandado a un buen amigo como tú que me guiara viva hasta aquí. De verdad eres un buen amigo Atel…—Me sonrió como sólo ella lo sabe hacer. Encantadora. Eso fue un ataque en el pecho traspasando por la espalda. Una latente punsada.
— Ah sí…—trate de sonreír más no pude hacerlo, lo único que logre hacer fue una mueca rara.
— ¿Estas feliz Rose? —Pregunto el enano
—Mucho, nunca había estado en un lugar así que yo recuerde. Es como si estuviera en casa Corongio
—Que así sea…compartiremos la misma felicidad mi querida princesa
— ¿Princesa? no digas boberías Corongio. Mejor bajemos y disfrutemos—Rosalinda observo extrañada al pequeño ser y luego detuvo su vista en mí.
¿Abra notado mi reacción después de esta corta conversación? Me sentía realmente confundido. El miedo a no verla jamás se hacía presente en mi cabeza como pinchazos profundos. ¿Por qué Maldita sea? No debía sentir compasión por ella. Eso no sólo estaba prohibido, debía odiarla como el enemigo que era. — Abominable y despreciable criatura—cavilé
—Corongio ¿Pasa algo que debería saber? — rasgó mis oídos con su réproba pero dulce voz 

lunes, 31 de octubre de 2011

Capitulo 3 "Encuentro Peligroso"

  • Calixto Atel es Logan Lerman
  • Rosalinda eres Tu 






III. Encuentro peligroso


Lo siguiente que vi fueron un par de ojos pacíficos color turquesa garzo, que me observaban con ligera contrariedad
—Despertaste— su voz sonó áspera. Todavía sentía asco y estaba confundida por obvias razones.
— Sí… creo— seguía sospechando que me encontraba dentro de un sueño o ya en una pesadilla.
— Bien, entonces vámonos—me sujeto del brazo ¿Quién se creía ese tipo?
— ¡Espera! estas últimas horas me han pasado cosas extrañas y me pides que vaya contigo, un completo desconocido, ¿estás loco?, ¡suéltame!
—Confía en mí— su tono de voz seguía igual de frio.
Su nariz era perfectamente simétrica, completamente todas sus facciones eran inhumanas y devastadoras y sus ojeras no eran demasiado oscuras, solo un ligero morado que le sentaba bien. Una fisonomía que no esperas ver, un chico completamente atractivo para mis ojos. Había algo en él, más que su físico otros motivos que me desconcertaban con solo verlo ¿Por qué no podía percibir algún sentimiento de él? Tal vez así cediera en acompañarlo.

Calixto Atel
—Soy Calixto Atel—dije
— Dime Atel, ¿Dónde se supone que estamos?
— Te lo diré cuando salgamos de aquí
— ¿Tiene salida? —frunció el seño dejando ver una frente perfecta y cejas bien aliñadas
 —Aquí corremos peligro—comenzaba a fastidiarme su actitud de no cooperación
—Entiendo… ¿lo dices por el dragón que anda por este rumbo cierto?—rio despacio como si no creyera lo que ella misma había dicho
—Claro, es eso— sonreí solo para que dejara de preguntar. Verdaderamente corría peligro de ese espantoso dragón. Y lo peor, no sabía que lo tenía justo frente a ella.
—Tú no hablas— no fue una pregunta si no una afirmación de parte de la chica
— Y tú no te agotas—llevábamos horas recorriendo las brechas del bosque y no se le veía una sola gota de sudor. Seguro era uno de los dones o poderes de su especie.
— Si creo que deberíamos parar—Maldito Fingimiento ¿Qué más da? Lo sabía todo, solo que eso ella no lo sabía.
— ¿Por qué no has dicho una sola palabra desde que mencione lo del dragón?
—Por qué no tengo ganas de hablar. Además no es necesario que mientas, se tu secreto— proferí confiado en que diría algo
—Pues yo sí, tengo preguntas que hacerte y no creo que sepas nada de mí, puesto que apenas nos conocemos— Fue firme. Se rehusó a pesar de que era en vano que lo negara.
—Por lo que veo no hay camas, así que tendré que dormir en el suelo. Aquí es perfecto—alzo una ceja mientras se acomodaba entre un tronco y el pasto.
—Seguiremos hasta que amanezca— copie sus acciones
— ¿Cómo se que debo confiar en ti? —Pregunto
— Sencillo, soy la única persona que hay y que has visto—le di la espalda acomodándome de lado
— ¿Solo tú y yo?
— En el bosque si
— ¿Quieres decir que si las hay?
—Sí, a kilómetros de aquí ¿podríamos dormir? — Pregunte fastidiado
—Duerme tu, yo  no tengo sueño—No lo pensé dos veces. No deseaba seguir escuchando su cuestionamiento estúpido.
De pronto Myleshia estaba allí tan bella como siempre, con su aspecto maternal pero sobra de maldad. Una mujer encantadora en todo el sentido de la palabra. Sus ojos verdes escarlata estaban fundidos en su propio fuego salvaje. Las llamas de este nos rodeaban en un valeroso respeto. Fascinante. Mientras ella me consolaba diciendo, “Ya no llores bebe”, como una madre que arrulla a su hijo cuando este no deja de llorar
—Serás igual a tu padre. Duerme pequeño príncipe—oí un crujido.
Por entre los huecos de los delgados troncos la luz del sol podía llegar hasta mi cara, “Que molesto” A mi parecer acababan de dar las seis de la mañana.
—No quise despertarte—la chica masticaba un pedazo de fruta
—Encontré varias de estas, son deliciosas, nunca las he visto en Londres ¿Qué son? —Jugueteaba con ellas pasándolas de una mano a otra. Eran unas sabrosas Mepas color amoratado.
—Mepas—respondí
—Son raras pero sabrosas, ¿Quieres una? — Me ofreció y no me negué
— Te salvaste, pudo haber sido venenosa— mi madre había ordenado envenenar y dar vida a unos cuantos árboles y arbustos por si acaso trataran de engañarla. Aunque fuera solo una pequeña parte del pueblo en complot planeando escabullirse de su poder. A esto, no existía la posibilidad de escapar, no había quien la pudiera burlar.
— ¿Sabes cómo llegue aquí? —pregunto algo confundida. Los efectos de Garlenhia comenzaban hacerse notar.
—No
—Qué extraño…no recuerdo cómo fue que llegue
— ¿Si tu no lo sabes, esperas a que yo sí? —Proteste irritado—Ya hay que irnos, el sol se pondrá en lo alto y me agotara rápido
— ¿Siempre eres así de antipático? —farfulló. La ignore.
— ¿Siquiera puedes decirme a donde vamos?
—Es una sorpresa—sonreí para mis adentros. Continuamos durante tres horas sin parar. Ella se veía fuerte como un roble, en cambio yo comenzaba a sentirme sediento. Detestable y envidiable criatura.
 El agua estaba helada, algo que no soportaba mi ardiente naturaleza. Una descarga eléctrica recorrió mis piernas al sentirse atacadas por el cauce del rio, mi cerebro al instante capto la adrenalina sobresaliendo de mis poros, pero aún así cruzamos sin más dificultad.
 Algunas veces la chica se maravillaba de lo que veía: desde un sauce llorón hasta la flor más diminuta e insignificante. Me parecía graciosa su forma de saltar y exaltarse por cualquier cosa que viese.
***
—Alguien nos sigue—dijo con seguridad e hizo una pausa
—No sé que sea pero percibo a su alma. Es un hombre y está preocupado…
— Maldito Corongio—pensé. Ese enano de nuevo y el don apenas descubierto de Rosalinda me estaban volviendo intolerante, me pregunto si no habrá sentido algo diferente en mi, leído mis pensamientos o yo que sé.
—Iré a ver— fingí precaución— Quédate aquí— me asome lo mas dentro posible.
— No fastidies Corongio o sabes lo que le haré a tu familia y a ti—le advertí
—Déjala en paz, no les servirá de nada si no tiene la piedra—voltee los ojos y puse un puño de hojas que arranque de un arbusto que estaba a mi izquierda en su boca.
—Lárgate antes de que. . .
—Atel déjalo, pobre niño—su cara fue de asombro al verlo.
— ¿Es un… enano?
—No—conteste con sarcasmo
—Ven con nosotros— planteo Rosalinda
— ¿Qué estás diciendo? —eso no era bueno
— Esta perdido Atel
— ¿De que estas preocupado? — Mire amenazante a Corongio
—Estoy perdido como has dicho niña—me miro deferente dirigiéndose a Rosalinda
—No habrá problema si viene con nosotros. Por cierto me llamo Rose— Les di la espalda y seguí caminando por delante de ellos
— El es así no te preocupes— la alcance escuchar hablándole de mi
Llevamos casi dos días, era absurdo volar y no hacerlo porque debía mostrar normalidad ante esa joven que siquiera sabía cuál era su próximo destino y mucho menos lo que era. Transformarme seria macabro para ella y no debía causarle ningún daño o desconfianza hasta llegar a Medial Bran con Myleshia. Y de pilón, ese estúpido enano que en cualquier segundo de distracción podía abrir su boca y decir algo que probablemente lamentaría después.
—Hay que parar, Corongio está cansado—oí su maliciosa voz musical
—Déjalo morir… para mi mucho mejor. Pero tu vienes conmigo— sujete su brazo con fuerza. Estaba cansado de tanta charlateria entre ellos. Llevaba otro día mas escuchando sus conversaciones y risas. No sabía si soportaría tanta felicidad golpeando a mis espaldas.
— ¡Oye!, No tienes ningún derecho de hablarnos así y mucho menos tratarme de la manera en que seguro tratas a tus mujeres. ¡Suéltame te digo!— la sangre ardiente corrió por mi cuerpo humano
— Atel… te está saliendo vapor de la cara— me tape el rostro agresivamente, ella lo había notado
— Déjame ver, puedes estar enfermo
— No te acerques
— No seas necio, deja ver— sentí su mano casi llegando a mi piel—Atel estas ardiendo— al instante en un movimiento brusco separe su mano blanca de mi frente. Creyó que estaba enfermo cuando en realidad esa era mi naturaleza. Estaba demasiado molesto como para tener una temperatura corporal normal
— Tendré que buscar algo con que bajarte la temperatura
— No—dije cortante
— No importa lo haré. Puedes deshidratarte y morir
— ¿Por qué no Revisas al enano?
— Corongio está dormido. Te dije que lo necesitaba—ella volteo a verlo. Ese asqueroso ser de baja estatura quería hacer tiempo, eso era de saberlo.

Capitulo 2 "Mala Jugada"

II. Mala Jugada

Rosalinda

Trabajar en un zoológico no me parecía repulsivo como a la mayoría de las chicas les solía ser. Acariciar a los monos, darles de comer a los gatos por así decirle a los leopardos, panteras, leones y otros, bañar a los caballos o cualquier otro tipo de maniobra relacionado con mamíferos y aves. Al contrario lo disfrutaba, definitivamente eran la compañía que comprendía mi situación, claro después del difunto Mark. A veces imaginaba que charlaba con ellos y casi siempre era tan real. Tenían los mismos sentimientos como cualquier ser humano, de eso estaba segura. Era desagradable oír a los adultos decirles a sus hijos “No te entienden, son animales que pueden saber”, etc.
La tarde caía en un precioso crepúsculo que en cuestión de minutos seria bloqueado a mi vista por los grandes edificios de Londres. Solía admirar estas tardes en compañía de mi padre conversando de mis actos compulsivos para atacar a los “villanos populares” de la universidad. Esas personas que solían hacerme la vida imposible cada vez que tenían la oportunidad. Hoy era una noche más sin él…mi apoyo incondicional.
La brisa de los arboles era efusiva, el último tramo que recorría para llegar a mi hogar ciertamente me daba un sentimiento peculiar. Siempre tenía la opción de pasar a la orilla en lugar del centro, pero me parecía placentero el olorcito a tierra con viento floral.
—Rosalinda— escuche mi nombre de golpe—Rosalinda—de nuevo y claro
— ¿Quién eres? — voltee a todos lados haciendo que los vellos de la nuca se me erizaran.
— Que linda eres—dos sombras aparecieron. Una detrás y la otra al frente.
— ¿Quiénes son ustedes?
—Sabía que lo preguntarías pero no habrá respuestas hasta llegar. ¿Por qué no vienes con nosotras a donde perteneces? — el viento comenzó a golpear en mi cara como si estuviera advirtiéndome que algo malo se avecinaba. El viento mi gran amigo, mi mensajero…
— Esto es una pesadilla
— Somos tan reales como lo eres tú. Hazlo fácil, no queremos hacerte daño
—Por ahora— oí una risita a mis espaldas
— ¿Tu pequeño hermano y tu madre te esperan no es así?
— ¿Cómo saben que…? — ¿Cómo sabía de mi familia? Salí corriendo hacia la derecha con la velocidad que Mark jamás me había permitido. Ellas me seguían saltando de rama en rama con tanta facilidad y destreza, era una escena verdaderamente escalofriante, como sacada de una película de terror. Sentí un gran alivio al ver a una persona, más no una cara conocida. Tenía que ser todo normal y creíble, baje la velocidad y actué lo mejor posible.
—Buen hombre me alegra verlo—simule estar agitada
— ¿Niña que te pasa? —pregunto preocupado
— Hay un hombre que me sigue, si no es mucho molestarlo, ¿podría llevarme cerca de mi casa? —roge con la mirada. Es probable que se pensara. “Que tonta. ¿Quien en su sano juicio podría confiar a la primera en un desconocido?”. Pero era preferible que  ser atacada por siluetas oscuras que no tenían una sola pizca de ser amigables.
— Por supuesto no hay problema, sígueme por acá esta el auto— al encontrarme adentro volví la vista hacia los árboles, allí estaban ambas, erguidas en las ramas más altas observándome con sus miradas realmente mezquinas. Se giraron para sí y se desaparecieron entre las hojas.
—No te preocupes aquí estás segura—menciono al ver que me aseguraba de que “el supuesto hombre” no nos siguiera.
— Si losé, es muy amable—me hundí en el asiento

    Muchísimas gracias señor—cerré la puerta del vehículo y proseguí hacia el puentecito que daba a la casa sin antes escuchar un “No hay de que”

    Seguro tienes una explicación—alego
    Quería un pequeño aumento  por eso llegue tarde, lo siento
    Hija sabes que desde que falleció tu padre…— no le permití continuar.
—Ya lo has dicho muchas veces—hice una mueca—… Por cierto el día en que sucedió menciono que yo no era  hija de su sangre, ¿Crees eso?, por un momento en verdad pensé que era cierto—engullí un pedazo de pan. El rostro de mi madre cambio tardando más de un minuto en hablar
— Tu padre decía la verdad—solté la cuchara causando que me atragantara con el jugo de la sopa.
— Estas jugando
— No jugaría con algo así Rose, no pensé que llegaría el día en que te lo diría y mucho menos sola sin el apoyo de tu padre—¿De qué demonios hablaba?
— ¿Estas escuchándote? — casi grite pero recordé el profundo sueño de Eric
—Hace dieciocho años Mark y yo dábamos la rutina en el parque, era temprano y el sol aun no salía, de repente escuchamos el llanto de un recién nacido— veía borroso a causa de las lagrimas que estaban por brotar.
—No quiero escucharlo— tape mis orejas como una niña malcriada
—Tienes que hacerlo hija. Desgraciadamente yo no podía quedar encinta o al menos eso decía el médico y se nos hizo fácil llevarte con nosotros. Te veías como un ángel en una canastita llena de todo tipo de  flores y solo una sábana blanca cubriéndote el cuerpecito, no podíamos dejarte a tu suerte— me levante bruscamente de la mesa, dirigiéndome a los escalones y subiendo a torpes trompicones
—Rose escúchame— pronuncio piadosa.

Me recargue en la puerta dejándome caer y contraer las piernas a mi pecho. ¿Cómo era posible? Vivir engañada por las personas que amaba durante casi dos décadas. El llanto era inevitable y comprensible. Puedo decir que el tanto llorar me impedía respirar adecuadamente. Las cuatro paredes enemigas de mi habitación se acercaban lentamente, dando la impresión que querían aplastarme ¿Qué más daba si lo hacían? La reciente muerte de un padre es dolorosa. Pero saber que fui engañada por él, mi mejor amigo, era aún peor.
—Reconsidéralo —me dijo una voz en mi interior. ¿Cómo lo aria? No era sencillo ni fácil enterarte de la verdad y dejarla pasar así como así.

Luego de un rato de desahogo personal y ruegos de Helena abrí la puerta de la habitación.
— Perdónanos—dijo ella en lágrimas. Sólo la abrace.
— Perdóname tú a mí, me he comportado como una completa e inmadura idiota. Nadie hubiera hecho lo que ustedes han hecho por mí.
—Hija sea lo que sea te amo, aunque no hayas venido de mi propio vientre—fue un momento conmovedor.
La invite a sentarse en mi cama cubierta con un edredón floral.
 Me conto hasta el último detalle  y más a fondo todavía de este detalle de nuestro primer encuentro aquel verano de 1991. Lo que dejó en duda fue el tema de los dones, al parecer solo mi padre lo sabía
—Te quiero hija—me beso la frente, me limite a sonreír.
El reloj marcaba las doce y catorce. No me sentía intranquila… al contrario confiaba plenamente en cada una de las palabras de la mujer que había visto mi vida en dieciocho  años. Cerré los ojos dejándome vencer por un supuesto sueño.

Había susurros a mí alrededor pero no veía absolutamente nada. Ahora el reloj indicaba las 4:26 am.
 — Te advertí que tenía que ser a la buena—reconocí la voz pero no había ni un alma. Al instante sentí un mareo espantoso y el aire helado golpear mi rostro. No existe forma de explicar la brutalidad con la que lo hacía. De inmediato sentí que me sujetaban del cuello. No podía respirar, el oxigeno ya no llegaba a los pulmones. Trate de auto auxiliarme mas fue en vano.
— Estúpida la vas a matar. . .
La luz calaba hasta la retina de mis ojos. Seguramente aquella última voz tenía razón, me había matado ¿Sera como me lo habré imaginado? Paz y Tranquilidad. No, las nubes de algodón estaban allí como la última vez que jugaba póker con Mark. Me equivocaba de nuevo, se veían incluso temerosas al igual que el extraño paisaje. Los grandes pinos, matorrales, grandes y largas extensiones de flores silvestres: girasoles, violetas, rosas de todos colores, árboles caídos y pedruscos. Era el lugar más maravilloso que hubiera visto en mi vida, un mundo alienígeno.
Me introducí  por el dosel de ramas que colgaba de la extraordinaria flora. El aire que se filtraba de las hojas daba una estimulante curiosidad. A continuación no existía palabra alguna que describiera lo que mis ojos veían. Al pasar cada cosa que observaba era mejor que la que acababa de ver, no parecía tener fin, esto era realmente fascinante, sin límites de extensión.
En los pinos más altos había nidos de aves. Sus plumas eran de un azul turquesa—Son hermosas— repetí para mí. Una de ellas voló sobre mi cabeza, otras dos le siguieron.
No sé cuánto tiempo  llevaba en el lugar, pero me parecía que había sido sólo un minuto. No lograba aburrirme ni sentir temor a pesar de la corazonada que advertía peligro. El rio de agua cristalina jamás visto por mis ojos se encontraba ahí a unos escasos metros del punto en donde me ayeaba de pie. Como una niña con juguete nuevo corrí y me abalance sobre esta.
—Refrescante—pensé. Jugueteé al borde mojando mi semblante sucio.
— ¡Niña cuidado! —caí petrificada ante lo que presenciaba. Un enorme animal aterrizaba en la tierra con notorias intenciones de hacerme daño.
— ¡Levántate y corre muchacha! —Busque desesperada la voz chillona que me ordenaba huir. Tropecé con una piedra de gran tamaño al estar en busca de la mejor escapatoria.
— ¿Es un dragón?, no es real debo estar soñando…

martes, 25 de octubre de 2011

Capitulo 1 " Monstruos"

Prologo
Me sentía vulnerable,  solo algo sabia, ella era una ASESINA. Sus ojos y dientes relucían ante tal oportunidad de matarme. El crepúsculo comenzaba a nacer detrás de la montaña y la tormenta cada vez más furiosa de tal forma a la defensiva. Claro lo sabía  si alguien saldría viva en esta escena bélica seriamos cualquiera de las dos atacantes excepto ella, la maravillosa naturaleza de Garlenhia.
 No podía mas, debía ser fuerte, tenía que combatirla no solo por sobrevivir, si no un pueblo al cual proteger. Un relámpago inicio la batalla. Nos miramos fijamente y ella sonrió audaz.
 Tenía que vivir, debía luchar. . .


I.Monstruos

Mark Waters el hombre de mi vida. El ser querido que a la edad de nueve años ya sabía que era una promesa de su parte.

—Eres un tramposo—le arrebate las cartas
—Es un rey, te gane. Es pòker no una guerra Rose — Si mirabas desde arriba podrías notar que la sombrilla ocultaba la mesa en donde ahora me disponía a la revancha. El sol se escondía detrás de las nubes de algodón. Su luz se debilitaba a cada minuto y ya podía oler a tierra mojada—Va llover— dije. Cerré el paraguas del centro de la mesa al instante una gota resbalo por mi cara. El cielo se volvía gris.
El pasto sobresaliente de la tierra del porche se agitaba por un lado al punto de inclinarse en su plenitud. La brisa del viento advertía una fuerte lluvia. Ver los pronósticos del tiempo por televisión me causaba risa, la mayoría de los pronósticos de Akina Haruko la chica japonesa del pronóstico del tiempo solían ser tan malos como sus cirugías. ¿En fin para qué hablar de ella? Era demasiado tarde.

—Está lloviendo cerca de aquí—el agua comenzaba abundante. Un hombre de playera polo azul se acerco hacia nosotros.
— ¿Disculpe podría decirme qué hora es? —el hombre desconocido se acerco a mi padre, este miro su muñeca, mientras yo terminaba de guardar las cartas.

—Entremos a tu casa—le susurro cerca de la oreja mientras lo amenazaba con un arma en su espalda
— ¡Suéltelo! —Abrí los ojos como platos al darme cuenta de lo que probablemente vendría a continuación. La caja de cartas resbalo de mis manos.

—Tu cállate—Sentí un apretujón en mis manos. Era otro como él. Dos—No le hagan nada a ella, ¿Qué es lo que quieren?
— No preguntes y camina
— ¿Qué pasa? — se asomo el rostro rubio de Helena, sus rizos se le alborotaban en el rostro a consecuencia del viento. La sirena de la policía se hizo agudo. Huida. Escape. Eso era…
— Hazte a un lado maldita vieja y cierra la puerta— obedeció
—Por favor no los dañen
— Helena tranquila no pasara nada— Mark artículo unas palabras de consuelo
— Son unos sinvergüenzas
— ¡Cállate! —La tumbo de un golpe en la cabeza
—Imbécil no debiste haberla tocado—a continuación todo fue efímero
— ¡Papá! — las lagrimas brotaban de mis ojos. El se giro y le dio un golpe en la cara, él hombre le respondió con uno en el estomago que le hizo hincarse de dolor. El tipo que me apretujaba saco su pistola y jalo el gatillo— ¡¿Qué haces?! NO—disparo. Mi padre termino por caer al suelo con una bala que atravesaba su tórax

—Le hice un favor—me empujo hacia su sangre
—Eres un idiota, tengo que salir de aquí
—Tenemos— recalco el asesino
— Esta vez solo yo—el barbudo tipo que había golpeado a Mark apunto con su respectiva pistola hacia su compañero. Este infeliz se desplomo mientras el otro huía por la puerta trasera. — Papi por favor aguanta, llamare a la ambulancia— me levante pero me atrajo hacia él
— No quédate conmigo hija—tocio— tienes que cuidar a tu mamá  y a Eric, diles que los amo y que estaré con ustedes en cada minuto de sus vidas…
— Papá estarás bien
— Se que no, es un milagro que aún siga vivo
—Te quiero—articule en un hilo de voz
— Tienes que saber la verdad del porque tus dones sobrehumanos
—Eso no me interesa, déjame hablarle a la ambulancia para que te pongas bien
— No quería decirte nada porque no quería preocuparte—tocio una vez más tocándose la herida al tiempo que la sangre resbalaba por sus dedos. De golpe se abrió la puerta, era un oficial— Tenemos tres heridos, dos hombres y una mujer —anuncio en su radio
—Rose aunque no seas hija de mi sangre, te amo y siempre será así…— no creí lo que escuchaba ¿Hija de sangre?
—No sabes lo que dices—esta vez no pude con su peso. Ya sucedía. —Papá abre los ojos, despiértate, lo prometiste siempre uno… ¿Lo olvidaste?, te lo suplico no me dejes— sostuve su rostro pálido
— Estoy bien— oí la voz de mi madre dirigiéndose a la policía
— Mark— dijo entre sollozos al darse cuenta de lo que pasaba— Te amo mi amor—lo abrazo tiernamente. La maldita ambulancia había llegado demasiado tarde. Otras sirenas también empezaron a sonar

— ¿Eric, donde esta? — Pregunto inquieta
— Nadie subió arriba, debe estar allí—apenas pude hablar. Justamente el oficial bajo con un recién nacido— Se encuentra perfectamente señora, no tiene de que preocuparse— lo sostuvo en sus brazos
— Señora démelo, dijo la mujer paramédico
— No dejare a mi esposo
— Entiéndalo ya es tarde. Por favor suba, por sus hijos.



Meses después, todo regresaba a lo que podría justificarse por normal. Me había cansado de tanta hipocresía y lastima de la gente, ya era suficiente. Una vez una vieja de aspecto altanero me abrazo de la nada y me acaricio la cabeza diciendo “Pobrecilla”, al parecer todos lo sabían y como no sería de esa forma si al día siguiente de la desgracia los periódicos de Londres y las televisoras se habían encargado de darle la primera plana, como si no hubiera cosas más importantes como el calentamiento global o la extinción de razas animal, solo deseaba que dejaran en paz  a mi familia.
Si no hubiera sido una orden de mi padre con anterioridad, a esos yo misma hubiera intentado asesinarlos. Era difícil explicar. Pero yo no era una chica común, desde mi niñez viví  cosas que me perturbaron, por ejemplo, al jugar manoteaba con fuerza que sin ninguna explicación las hojas de los arboles silbaban al mismo tiempo que bailaban de forma violenta, en ese tiempo pensé que era una casualidad pero al paso de los años incluso podía percibir a la velocidad de un relámpago lo que la persona que se ayeaba justo a mi lado pensaba o sentía. Y en la actualidad derribar a cualquier individuo   observándolo con anhelo de desdicha. A todo esto y más los pocos amigos que tenía huyeron de mí.

Calixto Atel
— ¿Madre estás segura?
—Créeme que será así, solo tienes que seguir cada punto que te ordene y la aplastaras como a un insecto, claro con un poco de ayuda de tus hermanas
—Lo que ordenes— Eres mi orgullo Calixto, no me decepciones— Salí de la oscuridad convirtiéndome en el monstruo que aborrecería hasta el fin de mi existencia. A estas alturas veía cada movimiento de los esclavos de Myleshia.
Bebí del agua de la serpiente marina como un perro, contento y sediento después de una larga carrera. La imagen cambio en el rio. Kenny y Shana  comenzaban su tarea. Me reí un buen rato viéndolas, después la imagen cambio, allí estaba ella con su asqueroso cabello castaño ladeándose  al ritmo de su caminar tal como había afirmado mi madre que sería el día de hoy.