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miércoles, 30 de noviembre de 2011

Capitulo 9 " Retroceso

IX; Retroceso ( 9 )


— Cada una de nosotras somos un elemento en cambio tu reprimes los tres elementos entre tus poderes
—Sigo sin entender, ¿Dicen que soy como ustedes?
—Sí… pero más fuerte y poderosa—la rubia me miro expectante. Deje que las palabras de la chica recorrieran mi cerebro en toda su totalidad.

— No, se equivocan de persona… No sé nada de peleas, manejo de armas. Y no soy una princesa perdida. En definitivo no soy esa chica que piensan—espeté

—Tu padre no estaría feliz con ese auto concepto— Destiny jugueteaba con su cabello mientras se acercaba a mi—me detuve en seco. ¿Mi padre? Las imágenes aparecieron en un retroceso momentáneo

“Es un rey, te gane, es póker no una guerra Rose
“¿Quién es la mujer más importante de mi vida?
“Yo — me abalancé para darle un beso en la mejilla. El inocente aprecio de una niña de cinco años.
“¿Y pescaremos el pez más grande del mundo y romperemos el record guinness?
“¡Un tiburón!— soltó una risotada. La lancha se bamboleó a causa de mis manoteos de felicidad.
“Papá, me estoy cansando de que la gente diga que soy un extraterrestre ¿Por qué soy así? ¿Por qué todo lo que toco se destruye?
“No les des importancia Rose, solo sienten algo de envidia hacia a ti porque eres especial. Diferente…— me dio un gran abrazo de oso.


Aquel hombre del cual no recordaba su nombre. Triste pero cierto. Todo el mundo donde según creía yo haber pertenecido hasta mi adolescencia era lo opuesto a Garlenhia. Grandes edificios… Muy altos y poca cantidad de arboles, que de igual manera adornaban a lo que yo podría decirle “Ciudad” La gente vestía diferente, con ropas similares a las que yo creía Indignantes en un principio cuando vi por primera vez a… eso no importa… Las mujeres vestían como varones, con pantaloncillos y simples camisas.


***

Éramos cuatro chicas en el agujero de una cueva oscura resguardándonos de peligrosas bestias que nos buscaban por mi causa. Aun así desconociera el motivo, sabía perfectamente que corríamos peligro.
— ¡Que Si! — Al parecer la chica no resguardaba entre sus emociones la paciencia— Tu padre y madre fueron los legítimos reyes de la tierra de Garlenhia, teniendo a ocho hijas y siendo tú la última de ellas. La número nueve— La intriga comenzaba a ponerme nerviosa. Quería saber por completo la historia.
— ¿Cómo sabes eso? — la cuestión era que Destiny y las demás aparentábamos la misma edad, omitiendo a la pelirroja Henlie que le deducía entre los catorce o dieciséis años. Aunque su fortaleza y valentía valían más que un simple e insignificante número. — Mis padres— contesto— ellos me contaron la historia y con ella la profecía
— ¿Cuál profecía? —murmuré con la curiosidad sobresaliéndose de mis ojos

259 años atrás
Época de Paz en Garlenhia gobernada por el Gran Rey Felipix y la Reina Abelallis

Narración de un buen hombre por medio de Destiny


— Mi Señor, sus hombres y yo hemos buscado sin descanso a la princesa Beatriz y no podemos dar con su paradero— El rey amaba a sus ocho hijas con la intensidad del poder mismo que él abrigaba y no descansaría hasta verlas a cada una de ella a salvo. Por desgracia una de ellas había sido raptada el día siguiente de su anuncio con el príncipe de Myrentown.
— Mi rey le ha llegado una carta— irrumpió uno de los mejores soldados del batallón en medio del gran salón. La cogí para entregársela en las manos de su Majestad

— Gracias Bill— El rey no solo era mi gobernador, si no un compañero. Era una persona gentil, correcta y buena con los que iban al encuentro de su ayuda. Siempre estaba ahí para su pueblo y todos decían que no había mejor rey que él. Decía que yo era el hermano menor que hubiera deseado tener. Siempre corrigiéndome cuando había un respeto excesivo de parte mía hacia él, pero esta vez no se había dado cuenta de mi cortesía, era obvio que eso no era de importancia ahora.
La sexta princesa se ayeaba en riesgo, lo leí en sus ojos al leer el papel. La rabia sobresalía de ellos en una lucha por limitarse a causar daño a algo o alguien que se encontrara a corta distancia de su majestad.
—Damien…— murmuro al tiempo que dejaba caer la hoja que advertía malas noticias
— Jairo reúne a la mitad de la tropa, saldremos hoy mismo en la noche— ordenó al hombre que relucía una valerosa armadura. Dejándome solo en la alucinante sala con grandes cristales y brillantes en cada rincón dándole un toque rustico- elegante. Recogí el pergamino del suelo, era de un material grueso pero posible de doblar. Estas eran las letras…


Querido amigo de las pacificas tierras lejanas  de Garlenhia...
Durante muchos años he estado locamente enamorado de la princesa Beatriz, la sexta de ocho. Se que no hay ninguna posibilidad de que se me permitiera convertirla en mi esposa ante el compromiso de unión matrimonial con el gobernante de Myrentown. País unido a la hermosa Garlenhia. A esto hago mención que la he raptado Gran Rey Felipix,POR MI GRAN AMOR… aún así me atengo a las consecuencias…la guerra que se avecina entre nosotros, entre los suyos y los míos. Más le advierto mi querido amigo. Ella muerta antes que lejos de mi grande y profundo amor. Lo hago juramento en estas líneas. 
      
DAMIEN. Emperador de las bestias de Fuego y las islas lejanas.

—Reina Abelallis—A las afueras de la biblioteca real los diminutos zafiros dorados daban un toque esclarecedor
— ¿Hay noticias nuevas Bill?
—Malas mi señora, lamento decir—le di la desgraciada carta. Sus manos eran blancas engullidas y su vocecilla dulce y apacible no faltaba aun en momentos difíciles como estos.

La misma noche como se había ordenado las tropas del Rey Felipix estaban listas para partir. Me había encargado que me quedara con su esposa hasta su regreso al reino, pues esta se ayeaba encinta, llevaba dos meses de embarazo para ser exactos. El gran Rey se ayeaba emocionado por la espera de un nuevo miembro a su familia real. Sin embargo la mala noticia de la desaparición de la princesa Beatriz lo había dejado conmocionando y ausente a la noticia de un bebe que recién crecía en el vientre de su amada.

Los días pasaban y buenas nuevas no se apreciaban por ningún lado. Para lo mismo, como muchos suponían… muertos en caída.
—Madre tenemos que ir ayudarlos. Pueden estar perdidos y podrían necesitar nuestro auxilio—dijo la mayor de las princesas
—No quiero perderlas hijas mías—dijo suplicante la bella mujer
—Llevamos años de entrenamiento mamá, todo saldrá bien. Te lo prometo—La reina unió sus manos con las de ellas y dejo caer unas lágrimas que tocaron en lo más profundo de mi corazón. El aire que entraba por las ventanas era incisivo. Golpeaba el cuerpo entero de cada uno de los presentes hasta causar un leve mareo en el interior.
—Te amamos madre, pero es nuestra hermana y padre—la segunda princesa, Amanda beso el rostro pálido de su madre.

—Si me permiten Sus Majestades, su padre, el Rey Felipix me ordeno que por ningún motivo se les permitiera salir del castillo
—Bill no hagas esto, con o sin tu autorización o la de mi padre saldremos en su ayuda

— ¡Elizabeth! , ¡Amanda! ¡Isabela!, todas regresen—grité en un claro mandato de autoridad
— ¡NO ERES NUESTRO PADRE!— la menor de las ocho, Priscila, se giro sólo para recordármelo. No, no lo era, pero el amor era como tal. Las había visto crecer desde el primer minuto de sus vidas.
Salieron volando con sus colosales y extraordinarias alas brillantes al cruce del sol, irradiando una belleza vigorosa.
—No se preocupe Mi Señora, le aseguro que van a regresar— de sus ojos emergía un intenso fulgor que dejaba entrever su triste sollozo mientras su hijas se merodeaban por los aires, como las mariposas en cambio de estación.


Los meses transcurrieron…Un mes, dos meses, tres meses, cuatro meses, cinco meses. Era un verano diferente. El castillo se sentía solo y afligido. Los demás sirvientes murmuraban de una visible derrota, como ya era costumbre, no llegaban noticias nuevas, ya sea para bien o para mal. Lo que se temía, cada día que pasaba se hacía verídico. Nadie regresaría con vida.
—Es una catástrofe—me dije para mí
La hermosa mujer acariciaba su vientre abultado mientras lloraba en una atroz melancolía—Mi querido hijo, me temo que…—articulo en sus lamentos.
— ¡Mi señora!— una voz grave se hizo presente
—Por fin Jairo. Has regresado—en un danceo como yo le llamaba al andar de la reina fue a su alcance. El soldado hizo una reverencia al tenerla enfrente de él. Ya no portaba más que la mitad de su armadura y armamento.

—Tiene que irse mi Reina, esa mujer viene por usted—el rostro del hombre cambio con un rotundo pánico
— ¿De qué mujer hablas querido Jairo?
—Myleshia, es la verdadera mujer de la sabandija esa, perdone usted mis malas palabras
— ¿Qué ha pasado? —Supe que la pregunta era solo para confirmar lo que se veía venir
—Lo lamento Reina Abelallis, El Gran Rey Felipix y las ocho princesas… han muerto en batalla—agacho la cabeza en un absoluto respeto—Tiene que irse de aquí. Huya Mi Señora—finalizo el soldado
—Ya escucho su Majestad debemos irnos. En su estado debemos salir lo más rápido posible—dije tomándola con delicadeza del hombro.
—Me encargare de hacer tiempo, pero huyan— Jairo el fuerte salió en veloz carrera— ¡SALGAN! —Sin tambaleos tome algunas cosas de la reina y salimos a una velocidad apta para su embarazo.
—Gracias Jairo—agradeció sinceramente la reina con un beso en la frente del soldado
Unos fuertes golpes se hicieron continuos, estremecedores. — ¿Dónde te escondes maldita? —Era la salvaje voz femenina advertida por Jairo


—Por aquí su majestad—la dirigí hacia un túnel. Los movimientos bruscos allá arriba se desvanecían, tal vez era que se marchaban o nosotros nos alejábamos—No se detenga— mascullé. Las zancadas de nuestros propios pasos se oían más densos pero al mismo tiempo tan frágiles.
— Ya casi llegamos a la superficie— anuncie con preocupación por su estado. Se le veía más pálida de lo normal y el sudor le recorría la frente blanquecina.
— Eso deseo Bill, estoy exhausta.


***


Una pantera comenzó a olfatear.
— ¡Aléjate!— la amenacé con una vara
— Bill eso está prohibido, no vuelvas hacerlo, ella no nos hará daño ¿De acuerdo?
— Perdóneme—asentí avergonzado.
Su barriga crecía al paso de los días y nuestra sobrevivencia dependía de esas bestias. Ahuyentados por dragones y esa maldita bestia de mujer. La noche se maravillaba de una colosal Luna Llena. El búho ululaba muy cerca de nuestro campamento, el lobo aullaba a lo lejos de la más alta roca y algunos ratoncillos podían oírse correr por la hierba. El viento silbaba tranquilamente, cantando una canción de cuna a mi parecer.


—Bill comienzo a tener contracciones—se quejaba mientras tocaba su vientre y el sudor salía por su frente blanca como la nieve llegando a la parte inferior de su pecho.
—Ve en busca de una partera
—No puedo dejarla sola su Majestad
— ¡Ve! Es una orden, este bebé ya quiere salir— sus muecas de dolor me atravesaban incluso a mí. No quería dejarla, si le pasaba algo viviría con la culpa y jamás me lo perdonaría. Jamás…
— ¡Vete ya! — Salí corriendo como nunca lo había hecho, algunas espinas crispaban mis piernas defendiéndose ante mi acelerado paso. Dolía demasiado y manchas de sangre se cohabitaban en mi pantalón, aun así no disminuí la velocidad a la que iban mi torturadas piernas. No importaba mi dolor, el de ella sí.

***


Regresé con una mujer, lo cual no era joven pero tampoco vieja —Por aquí—le señale la vergonzosa tienda. Un sitio nada decente para la Reina Abelallis. Un lugar no memorable.
— ¡Dios mío esta mujer se está muriendo! — de inmediato la partera se incoó a su lado
— Bill acércate— oí su dulce voz
—Mi Señora no va morir—dije confuso ¿Morir?
—Vamos a comenzar con el trabajo de parto. Sal de aquí muchacho. Si no iniciamos cuanto antes, el bebe podría no vivir— obedecí inminentemente.

Se escuchaban en sucesivos los gritos de ambas mujeres— ¡Puja mujer! — La reina sufría y de pronto el llanto de un bebe que acaba de ver la luz de su sobrevivencia se hizo milagroso.

—Va morir muchacho, le quedan sólo unos minutos. Adelante…Puedes pasar
— ¿Cómo dice? — pregunte consternado
—Estaba enferma desde hace meses y ha perdido mucha sangre en el parto
— La he visto bien de salud estos últimos meses, eso no puede ser ¿Morirse? ¿Sabe quién es ella?
— Las apariencias engañan joven y creo saber quién es esa pobre mujer—Me dio la ligera impresión que sabia más de lo que yo sospechaba en su mirada.
Fue triste ver ese recuadro. Ella recostada en una sabana y varias manchas de sangre azul a los lados y esparcidos en su cálida sabanilla.
—Mi Señora no menciono estar enferma y yo fui un estúpido que no me di cuenta—susurre muy bajo, cauteloso y con la respiración contenida. Creí que su cuerpo era frágil inclusive a mi respiración.
— No hables más y escúchame Bill— La reina que aunque débil se encontraba seguía con sus esplendorosos ojos llenos de fulgor hacia el cuerpecito que se ayeaba a su costado.
— Es una niña preciosa— saco su pequeño y ovaladito rostro para que lo pudiera contemplar. En verdad era hermosa, atesoraba un rasgo de cada una de sus hermanas que en el Cielo se ayeaban. Su piel suave y blanca como la cal tranquilizaba el ambiente como el aroma a flores en el jardín. Sus ojos marrones almendrados como los de su difunto padre, el Gran Rey Felipix, redonditos y afables parpadeaban continuamente al tiempo que sus manitas se movían agitadamente en su linda carita. Las mejillas y párpados amelonados de su madre, la Reina Abelallis se movían celestialmente.

—Tú serás su padre ahora— me dirigió una sonrisa débil. La mire absorto a esa oración “Tu serás su padre ahora”
— Tu destino se cumplirá en la tierra, en el mundo de y con los torwuos humanos.
— Mi Señora yo no podría
— Tienes que hacerlo Bill, ahora no digas nada más.
Ella será una pequeña semilla que nacerá de nuevo, esta vez de una exquisita flor. Estará a salvo allí dentro del botón y cuando sea tiempo sabrás que es ella… tu hija— de nuevo contemplo el diminuto rostro de su hija, peinando sus cabellitos tiernamente
—Encontraras una mujer torwuo de alma bondadosa. Esa mujer será tu esposa y madre de Rosalinda, ese es su nombre. Dentro de unos años existirá una flor llamada rosal y deberás cuidarla como si fuera ella misma—sonrió y continuo hablando mientras seguía admirándola.
— Cuando sea el día indicado deberás confesarle la verdad de sus raíces—mis ojos se humedecieron al punto de estallar en lágrimas.
—Mi querido Bill, no tienes de que preocuparte — Acaricio mi mejilla limpiando la gota que resbalaba de ella— Tu nombre ahora será… Mark Waters…— tome su mano y le di un suave beso. El alma se le escapaba en unos preciados segundos.
—Gracias Mark—artículo en un hilo sin aliento para luego cerrar sus preciosos y pequeños ojos azules y encender el poder que ella resguardaba. Un destello azul blanquecino se incrusto en el pecho de la niña transformándola en una pequeña semilla de rosal.
—Siémbrala y en cualquier momento de tu vida aparecerá convertida de nuevo en un precioso bebé— cerré la cortina despacio, consiente que lo que llevaba en mis manos era lo más preciado de todo los tesoros de Garlenhia. La novena Princesa…

***


La profecía dice que dos días después la mujer que había auxiliado en el parto de la Reina Abelallis se le apareció a Myleshia. La mujer resulto ser nada más y nada menos que una poderosa hechicera que decidió vengar al Reino entero, en principal a la familia Real. Dejando caer un hechizo en la familia de la malvada mujer. Su único hijo varón seria un dragón como todos lo demás, sin embargo al cumplir los veinte años de edad y al retorno de la princesa Rosalinda, el Dragón seria Bestial por siempre, quedando prendado en cuerpo y alma al Dragón. Y morir dolorosamente y de una forma brutal. Cruel. 5000 años después. Solitario y sin inteligencia humana.
En cambio a Myleshia le alargarían la vida sólo para ser derrotada por la fuerza de la Princesa Rosalinda Seymord Castellot, IX. Si el hada guerrera no regresaba de la tierra, viviría feliz ayudando a los demás como un torwuo y las bestias de fuego se arrodillarían ante el estremecedor dolor por siempre…



“Brutal destino te espera a ti y a tu único hijo varón maldita mujer, Bestial vivirá por 5000 años… ¡Justicia de su muerte! ¡Justicia por su vida! Sólo la muerte de aquel adorado ser y una roca de amor sincero podría ser tu salida. Tu salvación. Más no olvides que si de ella dependes, también morirás por ella. Derramando tú sangre por todas aquellas almas perdidas. ¡Bruta eres mujer! ¡MALDITA SEAS!”

sábado, 26 de noviembre de 2011

Capitulo 7 "La espada de plata"


VII; La espada de plata (7)


Tu pecado fue nacer en un momento inoportuno. . .
Rosalinda
Se formó un nudo en mi garganta, temerosa de escuchar un “no” de sus finos labios. Sus penetrantes ojos me miraron calcinando la última ilusión que me quedaba por prolongar el apasionado momento. Toqué su cálida mejilla, obligándole a mirarme de nuevo. Atel vacilo unos instantes antes de contestar a mi pregunta.
—Solo sé que esto no va volver a pasar…Rose—en los ojos del joven se podía advertir confusión e ira en una coexistente brasa. Una mirada contundente que logro intimidarme. Después se ajusto la camisa y se acomodó los cabellos alborotados que tan bien le sentaban. Dándole el aspecto de chico rudo.
—Ve por Corongio y avísale que nos vamos. —Me dio la espalda y cruzo el rio a grandes zancadas por encima de las grandes piedras que servían como puente. 
Había admitido que me deseaba tanto como yo a él. No obstante era tal el nivel de su orgullo que se negaba a contestar directamente mi cuestión. Sabía que había algo que lo hacía evadirme. Si eso era. Eso me hizo pensar en una tercera persona, ya sea su novia, prometida o esposa. Estúpida, yo sería la tercera persona si así lo fuera. “Ingenua” Sacudí esos pensamientos. No creía soportar la imagen de ver a sus labios besando otros que no fueran los míos. Ya no me creía capaz.

— ¿Por qué haces esto? —le grite con un atisbo de tristeza. Me fulmino con la mirada.
—Estar cerca de ti no me hace ningún bien y además… Ahora haz lo que te ordeno—respondió tajante. Apreté con fuerza los nudillos. Y retrocedí para ir en busca del pequeño hombrecillo. Cuando lo vi avanzando en mi dirección.
— ¿Estás bien? ¿Qué te ha hecho ese despreciable? Dime Rose— A pesar de que me había esforzado en no llorar las lágrimas me traicionaron. 
—Estoy bien— respire hondo—, Atel nos está esperando al cruce del rio—avisé
—Estúpidas criaturas escupe fuego. —murmuró para sí mismo. Sin embargo alcance a oirle.
— ¿De qué hablas? —honestamente lo notaba más preocupado de lo normal
—No puedo decirte nada, él podría oírnos—tomo mi mano y en señas de “Es un secreto” me pidió ponerme a su altura”.
—Él es peligroso…
—No entiendo ¿Qué demonios Corongio?—comenzaba a sacarme de mis casillas— ¡Habla ya! — le exigí soltándome de sus diminutas manos. Mi cabeza estaba a punto de estallar.

— ¿Sobre qué hay que hablar? —Calixto intervino. El enano trago saliva, lo vi hacerlo.
—Te maldigo Calixto Atel—Oí una risita de parte del joven
—Quiero saber que pasa ¿Ya se conocían? Me tienen que decir a donde vamos—
—Ya te dije que es una sorpresa— la voz de Calixto sonó diferente, un tanto melancólica. Bien, llegue al límite. 
—No me gustan las sorpresas. Me largo—me aleje caminando a pasos estirados. Un brazo me tomo y me subió al hombro sin ninguna dificultad “Era Calixto” 

— No estoy de humor para rabietas chiquilla berrinchuda—golpe su espalda con los puños cerrados 
—Y yo estoy cansada de tu estúpida indiferencia y tu altanería ¡Bájame!
—Deja de hacer eso —me ordeno
— ¿Crees que puedes besar a cualquier chica y después actuar como si nada hubiera pasado?
—En primer lugar tu me besaste y dije que no quería hablar sobre eso —Uh ¡Golpe bajo! “Canalla” “Miserable”. Tenía razón yo fui la que le había pedido intentarlo.
—Tú lo hiciste después… ¿Lo recuerdas? ¡Bájame maldito granuja!
— ¿Dejaras de patalear maldita testaruda? — me la devolvió tajante
—No
—Entonces ahí te quedas
—De acuerdo— me rendí 
—Te odio Calixto Atel— dije una vez que las suelas de mis zapatillas tocaron tierra. 
— ¿Me amas y luego me odias? —esbozo una sonrisa. Nuestras miradas chocaron.
— ¡Búrlate! — De buenas Corongio no estaba para presenciar esta ridícula escena. Hubiera sido humillante y demasiado embarazoso.
—Yo también te odio y no sabes cuánto— respondió con seriedad. Me di cuenta que ocultaba algo tras ese celestial color de sus ojos.

— ¿Sabes? No hay una persona que mienta más que tú. ¿Qué ingenua no? Creer que de verdad te interesabas en mí—se quedo perplejo pero no tardo en recobrar la serenidad. 
En un santiamén su brazo se aferro ágil a mi cintura atrayéndome con fuerza hacia él. Su rostro a escasos centímetros y sus labios tan cerca harían que mi corazón dejara de latir en cualquier momento. Eso sería mortal. Baje la mirada.
—Mírame—articulo mientras alzaba mi mentón con suma delicadeza.
—Tienes que irte—estoy segura que mis ojos se abrieron más de lo normal
— ¿Po-r qu-e? —tartamudee
Sus labios se aprensaron a los míos en un fugaz pero maravilloso beso. Llevándome al cielo y haciendo volar un millón de chispas dentro y fuera de mi cuerpo. Me volvió a mirar y con sus dos manos toco mis mejillas con desesperación.
—Vete Rose, Vete ahora que puedes
—No entiendo… ¿Qué pasa? —dije con la voz entrecortada y ya a cierta distancia. Me di cuenta del giro de 180º que daba la historia. 
—Vete. Corre ya Maldita sea—grito exasperante. —Y no regreses…
Sin saber que hacía y porque lo hacía me introduce al bosque.

***


¿Qué hago?
“Tengo que regresar” lo pensé varias veces mientras las lagrimas caían abundantes y no dejaba de correr.
Nos besamos, me pidió no volver hacerlo, luego Calixto me beso de nuevo. Y luego mis arrebatos completamente absurdos y sin motivo. Y ahora en este preciso instante me veo corriendo como alma sin rumbo entre los frondosos y gigantes arces. ¿De quién huía? ¿Qué demonios pasaba? Si no había cometido pecado alguno. 
Tropecé y caí .Aún con las gotas resbalando por mi cuello, me quede ahí en el suelo. Perdida y absorta de lo que había sucedido. 


— ¿Estas perdida? —pregunto una dulce voz


Con el rostro húmedo y con restos de tierra en la cara. Alcé la vista para identificar a la persona que me hablaba. Era una linda joven de cabellos oscuros almendrados y ojos verdes, muy verdes. Por un momento creí a ver visto los ojos de Calixto, algunos pequeños rasgos similares cuando se le estiraba la piel al sonreír, pero recordé que los de él eran más azules que el océano mismo. Asentí. 
— ¿Tu nombre es Rosalinda o me equivoco? 
— ¿Nos conocemos de antes? —indague. Al tiempo que le daba mayor importancia a su inoportuna aparición, así que me arrodille dejando caer mis muslos en las pantorrillas.
—Estoy casi segura de eso—esbozo una amplia sonrisa
—Yo no recuerdo. Lo siento.
— Conozco a una persona que te puede ayudar a recobrar la memoria— me tendió la mano 
— ¿Y quién eres tú? 
—Kenny— sonrió
—Si me ayudará a recordar. Entonces vamos. No hay que esperar—quite la última lágrima que rodaba por mi mejilla. 
Trate de aparentar ser valiente. Y al parecer lo estaba logrando. Aunque por dentro estaba llena de dudas, confusiones y miedo.


***



Contemple cada centímetro del magnífico lugar. Resolverían todas mis dudas. Pensé. Emocionada y ansiosa avance a pasos más largos y estirados. 
Era un castillo esplendoroso en toda su magnitud, ubicada delante de una montaña más extensiva todavía, quemada y sin color. Quizás un tenue grisáceo. A sus lados lo adornaba una especie de dragón con garras tan largas como sus colmillos. Y en las torres más altas, su tonalidad era un magnifico plateado. Y bueno, las banderillas de dragones que se bamboleaban en dirección al viento le daban un toque real. Un lugar anodino y apagado, pero no por eso dejaba de ser fantástico y maravilloso.
—Llegamos—aviso Kenny a la que le deducía unos cinco o quizás seis años mayor que yo.
—Eso imagine—dije. Y seguimos subiendo por el sendero. 
Esas “cosas” se ayeaban por doquier. Eran unas figuras siniestras. Monstruosas. Sus ojos aunque de piedra fueran me seguían expectantes. Vacile unos instantes en si seguir o mejor volver. La sombría apariencia del lugar daba mucho que pensar. Pero no, con franqueza anhelaba, requería saber el pasado que me rodeaba antes de que Calixto Atel llegara inexplicable e inesperadamente a mi vida. Y así descifrar el misterio.
— ¿Qué es eso? — pregunte curiosa ante la escultura de un una mujer con aspecto audaz y valeroso. Seguido de la de un hombre bravo y robusto. Situadas en un lugar sin decoro, abandonadas y apartadas de las demás. 
—Solo son simples estatuas Rosalinda— Exquisito mármol. Confirme al rozarlas con las yemas de mis dedos. Pude sentir como los vellos de mis brazos y espalda se erizaron.
—Hermana has llegado…y con nuestra invitada. Madre estará muy contenta por esto—finalizo en una sonrisa que creí no muy digna para una bienvenida… ¿Me esperaban? 
— ¿Por qué no vamos con ella? —Me invito Kenny—, quiere ver tu rostro—Las chicas eran gemelas. Su parecido era extraordinario. Solo las diferenciaba el tono del largo cabello. La de la otra era un intenso negro azabache más oscuro que el de Kenny.
—Bienvenidas— se oyó otra voz. ¿Por qué este sitio estaba lleno de mujeres? La chica me obsequio una sonrisa que no pude describir. Subimos las largas escaleras. Al ver la extensión y la cúspide de la colosal puerta creí que en cualquier momento se desplomaría y acabaría con todo a su paso. Incluyéndome.


—Adelante Querida, no tengas miedo—Era la mujer más bella que mis ojos hubiesen contemplado. Sus ojos eran de un enérgico verde azulado y cada una de sus facciones tan similares a los de... No. Imposible. “Paranoico” 
Una mujer escultural, sensual y de apariencia refinada. Un lado que yo jamás tendría. “¿Cuántos años tendrá?” Me pregunte por varios segundos hasta que la radiante dama me despojo de mis ideas. “¿Treinta, treinta y cinco años acaso?” volví a pensar. 
—Ven acércate hija—se levanto de su gran silla. Y yo hice una torpe reverencia.
—Eres incluso más hermosa que tu madre—me observo desde la punta de los pies a la cabeza
—No sabía que tenía una familia—salió un tono de asombro en mi voz
— ¡Oh! La tuviste querida... —su sonrisa de cortesía se desvaneció casi por completo— Bien… ya te he visto lo suficiente— Adelante hijo mío—En el interior habitaban diferentes semblantes femeninos que nos miraban detalladamente. Ahora su hijo estaba a su derecha y las gemelas a su izquierda.
— ¿Calixto? —Atel veía al frente con la mirada perdida. Su compostura era rígida y como siempre firme. Mi corazón volvió a dar latidos a gran potencia. Por un momento creí que todo se resolvería, sin embargo no me miro. 
—Lo hiciste demasiado fácil querida—el rostro de la bella mujer se transformo en una clara muestra de repugnancia. — ¡Saquen de mi vista a esta inmunda creatura! — Al instante dos mujeres intercedieron en la escena. Tomándome con fuerza de los brazos.
— ¡Suéltenme!, Atel…— él seguía en la misma compostura, mirando al frente. Ignorándome por completo. — ¿Calixto? — dije en un hilo de voz. 
— Kenny y Shana ya saben lo que tienen que hacer. En cuanto a ti—me apunto con su dedo índice— Veo que tus padres adoptivos no te enseñaron a no confiar en los extraños—Soltó una risotada mientras las gemelas se acomodaban al frente para liderar a las mujeres que me sujetaban con fuerza y me arrastraban a las afueras del castillo.

“Él es igual de perverso como su madre” recordé aquella oración del enano refiriéndose a Calixto. “Lazo Familiar” Entendía… ella era su madre. Ambos eran despreciables, pues la misma sangre corría en sus venas .Corongio siempre trato de decírmelo y para mi desgracia yo estaba cegada por el amor. ¿Dónde estará él ahora?

— ¿Quiénes son ustedes? —cuestione en zarandeos
—La pregunta correcta seria. ¿Qué son ustedes? —respondió la gemela que respondía al nombre de Shana

—Mi princesa— oí murmurar— ¿Quién eres? ¿Eres tu Corongio?—Pregunte confusa al tiempo que me arrojaban al calabozo y caía de rodillas. Cerraron la puerta. 
—Hasta el anochecer—aviso Kenny con burla
— ¡Mentirosa!—grite una vez que sentí los pasos de las gemelas desvanecerse. Le di una patada a la puerta. En vano. Me deslice por la puerta flexionando las rodillas. 

“Bailas bien At, que bueno que te decidiste bailar
Me vi obligado
¿Crees en el amor? —Me acerque nerviosa
Depende de qué tipo de amor. Aunque ciertamente no—contesto frívolamente 
El de un hombre y una mujer
No, tu mirada dice otra cosa
No sé qué me pasa contigo, no debo pero te deseo Rose—sus manos bajaron por mi cintura.”

Embustero. Farsante. Todo era planeado. Las lágrimas fluyeron desbordantes. Los últimos meses había vivido engañada. “Maldita Ingenua, Eres una tonta. Tonta”
No me hubiera enamorado de él, jamás hubiera besado esos labios que me desequilibraban y me hacían flaquear, perderme en esos ojos fulgurantes como el cielo. Y electrizarme al tacto de su piel…Todo fue una mentira…

***


—Rose—dijeron en un susurro
— ¿Corongio?
— Sí, soy yo
— Debí haberte escuchado—dije entre sollozos y la respiración entrecortada
— No debes llorar. La princesa Crisoberilo no debe derramar una sola lágrima por esas bestias.
— ¿Reina?
— Lo eres mi querida Rosalinda…


— Mi cabeza me da vueltas, quiero saber que está pasando—respire hondo y limpie mi semblante húmedo— ¿Qué son ellas? Dijeron que esa sería la pregunta correcta y quiero saber. El enano tardo unos minutos en hablar. Si no es porque vuelvo a reiterar la pregunta.
— Dragones Rose…

La puerta se abrió y oí un golpe al otro lado donde se ayeaba Corongio.
—Te prohibieron dirigirle la palabra maldita escoria de criatura
— ¿Qué le hacen?
—Sus Majestades, La Reina y el príncipe Calixto Atel desean verle de nuevo
—Yo no quiero verlos a ninguno de los dos—espete en cólera. De todas maneras me sacaron arrastras. Al fin de todo quería escupirle en la cara al “Príncipe Calixto Atel”

***



— ¿Qué quieren? — dirigí una mirada de llena de furia a Calixto. 
— Yo soy tu reina incompetente. No debes hablarnos así. Arrodíllate
—Jamás… además Yo también lo soy—manifesté aunque no estuviera segura que en verdad lo fuese. Aun así los ojos de la mujer se abrieron como platos para luego disipar una venidera carcajada. El joven detuvo su mirada en mí esta vez. Sus ojos se veían tristes pero no caídos. “Tu conciencia imbécil”
— ¿Qué tanto me ve? — Me dirigí a él—Ya veo lo que se proponía…Su Majestad—simulé una reverencia.
—Atrevida—oí el bullicio entre las mujeres sirvientes.
—Todo está listo madre— Shana apareció 
—Perfecto—Atel le dio un beso a su madre en la mano albugínea y esta salió con paso elegante. Disitnguido.
De nuevo los brazos forzudos me enredaron 
—No me toquen, yo puedo sola—los ojos de Calixto no dejaban de observarme. Lamento decir que siguieron intimidándome de la misma forma en que lo habían hecho siempre.
— ¡Que me suelten!
—Suéltenla—hablo por fin el joven traidor
—Ojala te pudras en el infierno Calixto Atel—El amor quedo encerrado por una capa llamada Odio. Desprecio y Venganza.

***


Las gemelas me sacudían con fuerza y podía distinguir a Calixto y a la agraciada mujer dirigiéndose hacia nosotros. Me sacudía con fuerza pero era inútil, eran demasiado fuertes—Sabia que te arrepentirías de haber jugado con nosotras—recordé la voz de Shana como si lo viviera en el momento preciso. 
De nuevo estaba en el parque corriendo a través de los árboles y las sombras brincando en ellos persiguiéndome a toda velocidad
— Ustedes son las sombras—mencione en un hilo de voz. Ahora eran verdaderamente humanas, si es que lo eran. ¿Corongio habrá dicho la verdad sobre ellas?
Con gran ímpetu me lanzaron contra una roca y me amarraron de las manos con cadenas extendiéndome en una x. El olor a hierro se hizo brío. 

— ¿Qué les he hecho?, ¿Por qué hacen esto? —exigí saber. 
—Ya no grites, me aturdes—dijo Kenny. Otra Farsante.
De inmediato contemple las caras de Calixto Atel y su madre. El chico desviaba su mirada hacia Kenny y Shana.

— ¿Quién es usted? ¿Y Por qué hace esto?
— ¿Crees que mereces saberlo? Soy Myleshia, Reina y Emperadora de la Bestias de Fuego. Eres la viva imagen de tu padre al morir. Tu última noche…Es tu turno, hijo mío. Por siempre de todos los siglos. Gobernando generaciones por generaciones—Se dirigió a Calixto haciéndole entrega de una espada que brillaba en el resplandor de la luna abriéndose paso entre las resplandecientes estrellas
— Te hago entrega de uno de mis más preciados tesoros: La espada de plata—él la coloco entre sus manos admirando su resplandor
— ¿Qué van hacer conmigo?— Seguí forcejeando sabiendo que de nada serviría. Lo tenía todo claro y ahora era demasiado tarde. Calixto se acerco a la piedra llevando consigo la espada que le había obsequiado Myleshia. Las lágrimas salieron convertidas en un sosegado llanto. Pese a que Corongio me exigió no hacerlo.
No lloraba por mi vida, más bien por el dolor del engaño…la decepción 
—Te aborrezco Calixto Atel. No sé cómo pude enamorarme de ti. TE ODIO CON TODAS MIS FUERZAS—Una lágrima rodó por su mejilla. “Ilusorio”
—Acaba con esto Calixto— pronuncio Kenny
—No puedo hacerlo—Comenzó a vacilar con la espada y las manos temblorosas. En un aliento oí su voz en un susurro y ahora estaba preparada para lo que proseguía. 
—Te amo Rose...con la misma fuerza con la que es tu odio por mi. Perdòname...— Tome un respiro y cerré los ojos. Tal vez esas palabras pronunciadas de sus labios habían sido mi más profundo deseo antes de morir
— ¡Intrusas! —gritaron las gemelas seguido de un estallido de dolor. Una muerte fugaz. No al dolor prolongado. 

—No se atrevan a tocarla—oí una voz diferente. Protectora…