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martes, 13 de diciembre de 2011

Capitulo 12 "Las brujas y el unicornio


XII; Las brujas y el unicornio ( 12 )


Calixto Atel
Aquel atardecer en el divino crepúsculo que se asomaba detrás de las montañas, aquella serenidad y tranquilidad que experimente cuando volví a oler el delicioso aroma a flores de su cabello y el sabor de sus besos, esos mismos que me hacían soñar, anhelar, aquellas imposibilidades a su lado. Sabía que jamás, por ningún motivo obtendría su perdón, pues no lo merecía. Una bofetada después de un beso robado pero que sin embargo había sido correspondido me hizo volver a tener vida en mi corazón, en el alma…
. Probablemente no estaríamos juntos, pero al menos me consolaba saber que el amor era mutuo. Que aún me seguía queriendo a pesar de todo lo que había ocurrido. 

***


Comenzó una ligera llovizna que amenazaba en convertirse en una tormenta.
—Odio como me has hecho amarte—El agua proveniente de los cielos chocaba con mi cabeza para después escurrirse de mis cabellos castaños rodando como zafiros en mi cara. Así que me tire sobre el pasto a meditar sobre el pasado, el presente, el porvenir todavía desconocido.
Hacía tiempo que no lo hacía y fue realmente un momento agradable pero al mismo tiempo lamentable, sobre todo en mis previas acciones.

“Madre no estoy del todo convencido en que yo vaya al mundo de los torwuos humanos, después de todo esa chiquilla necesitara de mi en dicho momento y no debe reconocer mi voz. Estoy seguro que Kenny y Shana pueden de ser de mucha utilidad en esta misión — esboce una sonrisa maliciosa
“Tienes una gran mente Calixto. La ingeniosa y malévola mente del difunto Damien
“Allí estas niña insignificante—pensé al divisarla cerca del rio
“¿Qué haces? —niña torpe ¿Cómo se atreve a querer besarme?
“¿Le puedo ayudar en algo? —Pregunto carismática la mujer del vestíbulo—¿Un precioso vestido para su novia?
“Algo así
“¿Qué le parece este? —señalo a un vestido azul claro como el cielo. La imagen de Rosalinda se hizo viva, su cuerpo bamboleándose dentro de esa preciosa y atractiva indumentaria
“Es perfecto, me lo llevo
“Calixto, Kenny y Shana se encargan de la chica. Ha llegado el momento hijo mío. No creo necesario decirte el buen trabajo que has hecho—solo asentí 

Sentir la lluvia atizar directamente en mi rostro y atravesar hasta los poros ardientes que espiraban el aire que se propagaba de oriente a poniente era ciertamente lo más placentero que no había hecho durante mucho tiempo en la soledad a la que me había acostumbrado.

—Hola—de pronto oí una sensual voz femenina a una distancia próxima en donde me encontraba. Creí saber de quién se trataba pero no estaba de humor para verla. De hecho su presencia me resulto desagradable la noche que dijo la verdad de sus lazos familiares.
— ¿Qué quieres Morgan? Primero ¿Cómo me encontraste? — pregunte en un arrebato de asombro. No la esperaba y tampoco me acordaba de ella. Solía dispersarme y olvidar los recuerdos no necesarios, los que no eran para mí de relevante importancia.
— ¿Tan rápido te olvidaste de mi? —menciono en un ligero coqueteo balanceándose con los movimientos que la distinguían. Morgan había sido la última chica con la que había tenido intimidad. “Fue mujer fácil” —recordé 
—Lo nuestro se acabo—le sujete el brazo antes de que acariciara mi semblante que se había puesto inexpresivo y con la mandíbula firme
—Ya no me interesas Atel, solo quería asegurarme de que ya no sintieras nada por mi—sonrió picara mientras jugueteaba con sus largas uñas
— ¿Entonces qué es lo que quieres? — pregunte en un estado de hastió. Detestaba que jugaran conmigo. Nunca habían faltado las mujeres que se ofrecieran a tener sexo conmigo y una que otra enamorada, engañada en que tendría posibilidades algún día al gobierno del reino así como conmigo
—No te hagas el inocente falso principito—comenzó a dar vueltas alrededor de mi sitio pasando sus filosas uñas por mi espalda.
— Di lo que tengas que decirme. No me gusta andar con rodeos absurdos—la chica respiro hondo
—Se sabe que la profecía esta cerca. La última princesa ha llegado de la tierra de los torwuos humanos, después de más de dos siglos Calixto… Tú y los tuyos van a desaparecer—me silbo en el oído provocándome escalofríos. 
— ¿Y?
— ¿Tienes miedo de que pueda acabar contigo cuando haya perfeccionado sus poderes? ¿Tratas de auto protegerte? ¿Crees que ella se apiadara de ti cuando se entere de quien eres?
—Yo no ayudo a nadie bruja 

—Mi tía atendió a cuatro mujeres ayer por la noche. Las cuatro eran hadas, no cualquier tipo de hadas. ¡No! eran de sangre azul. Guerreras. De ellas solo reconocí a una, una tal Destiny. Las restantes se me eran rostros desconocidos, pero solo una asimilaba a los rasgos de la Reina Abellalis que en gracia se encuentre en el cielo… ¿Era ella cierto? ¿La princesa Rosalinda?
—Que te importa a ti—soltó una risilla para después plantarme un beso en la mejilla. Desvié mi rostro velozmente ante esa acción de parte suya. 
—Que altanero Calixto. No has cambiado mucho después de todo
—Eso a mí no me importa. Digamos que no me interesa en lo absoluto lo que pienses de mi o de ella. Me tengo que ir… no fue muy agradable volver a verte por cierto
— Se que tú la ayudaste Calixto. De nada sirve que me engañes, que me evadas. A mí en cambio me dio gusto volver a verte— finalizo con una voz seductora desapareciendo por arte de “magia”.
Esa bruja lo sabía y estaba en lo correcto. Y lo haría hasta saber que Rosalinda estaría bien, aun así vivir maldito el resto de mi existencia. 


Rosalinda
—Este lugar da miedo—dije
—Acostúmbrate—murmullo Henlie—Ya llegamos al territorio de las brujas y hechiceras
—Tú nos trajiste aquí ¿Lo recuerdas?—se quejo ahora mi amiga Marie
—Lo recuerdo muy bien—Esperaba con esa respuesta sentirme mejor, pero no fue así. Me sentía culpable. Mentirles y llevarlas a un camino donde un traidor me había aconsejado que lo hiciera. Un traidor que aun seguía amando con toda mi alma.
El sitio era en si lóbrego y corría cierta neblina amarilla entre sus casuchas. Los árboles eran diferentes, pues de las ramas secas colgaban sus largos dedos puntiagudos carentes de hojas. Y sobre todo la vibra que se percibía en el lugar era toda una contrariedad. Felicidad o angustia. Olía a sosiego en retención, esperando a ser comprado por almas desgraciadas.


— ¿Qué hacen esas criaturas en su poder? —se vio un verdadero interés en la pelirroja
—Yo también quisiera saber—concluyo la rubia. Para así dirigir mi vista a las “criaturas” de las que hacían referencia—No deben tenerlos cautivos. Aunque por el momento no podemos arrebatárselos. Ellas no están de nuestro lado pero tampoco en contra. Y al parecer los dragones y ellas nunca se llevaron bien al igual que nosotros. Tal vez podamos unirnos en contra de esas bestias. 
Las criaturas eran unos hermosos caballos blancos con un cuerno sobresaliente en su cabeza. Si, los unicornios eran esas criaturas especiales que había mencionado Calixto ¿Pero como sabia de su existencia?

— ¿Quiénes son ustedes? ¿Qué es lo que miran con tanta atención?— La voz fue distante aun así pude sentir el raspado en mis oídos.
—Soy Destiny, soy un hada…guerrera—la voz tardó más de un minuto en volver a insinuarse. 
—Pueden pasar—nos invito a entrar .La casucha era grande pero estaba llena de frascos de cristal y otras cosas truculentas. La anciana no era fea solo de una belleza extraña. La faz de su cara era de un tono grisáceo monótono, sus manos parecían ser más largas de lo normal y su nariz no era respingada, por el contrario, era pequeña y algo chata.

— ¿Qué es lo que se les ofrece señoritas, una poción para el amor? —por instinto el semblante de Calixto se vino a mi mente. Tal vez exista una pócima para olvidar el pasado. Sacudí ese pensamiento. 
—En realidad no—me atreví a hablar—Sabemos que usted tiene unicornios cautivos y hemos venido por cuatro ya que son necesarios en nuestro viaje— rio ante mi hablar
—Te pareces a alguien que fue muy importante en Garlenhia. Si, sin duda a la reina Abelallis
— ¿Si nos dará los unicornios o desea alguna paga por ello? —Cuestione tratando de esquivar el tema
—Yo no soy como te lo imaginas muchacha. Vengan, es por aquí— al salir había un establo lleno de luz con esas criaturas magnificas de cuernos en la parte superior de su cabeza revoloteando con elegancia entre ellos
—Hatzive acércate—llamo la anciana de la que desconocía el nombre. Al instante uno de ellos se acerco en un grácil trote llegando hacia nosotras. La bruja le obsequio una muestra de cariño
— ¿Quiénes son ellas? —no sabía si había sido un simple hechizo o mi imaginación pero lo había escuchado hablar. Era mucho más alto que los caballos normales ahora que lo tenía enfrente y el color de sus patas era de un brillante plateado mientras todo lo demás de un blanco nevado. Los músculos de sus hombros se ayeaban tensos y fuertes
—Son hadas Hatzive —contesto la mujer
— ¿Guerreras? —sus ojos se alunaron en un vivo brillo. Su voz era recia y amigable al mismo tiempo. Un tono potente pero relajante.
—Así es mi querido Hatzive
— ¿Qué hacen ustedes aquí? —pregunto el indomable corcel 
—Cuatro de tus amigos deben venir con nosotras—respondí nerviosa y vacilante. ¿Podría ser posible que un animal pudiera ser más intimidante que nada? 
—Yo iré contigo y tus amigas, aun sin saber mi destino
—Este es tu destino Hatzive. Eres indomable pero tu persona ha llegado. Ahora le perteneces
—No es necesario que me pertenezcas por mucho tiempo. Solo es necesario que nos acompañes por un tiempo
—Chiquilla—rio varonilmente. Algo increíble—Cada unicornio espera ansiosamente el encuentro con su amo y has llegado para mí—me quede literalmente pasmada ante él.

—Yalinca, Zenko y Butrus vengan mis leales amigos— otros tres hermosos unicornios se acercaron observando cada uno de los rostros de las hadas Marie, Destiny y Henlie que se ayeaban igual de sorprendidas que yo. Concluyendo en un determinado tiempo para saber que les pertenecían. El mismo tiempo que yo necesite para notar que cada uno llevaba una figura grabada un poco más arriba del cuerno. Hatzive llevaba una mezcla de una enigmática luna cuarto creciente. Así fue como me di cuenta que llevaban el signo de los astros.
—Me presento mi bella dama. Mi nombre es Zenko— este llevaba una estrella en la frente
—Yo soy Marie—respondió alegremente mi compañera. Al igual que las otras dos quedando así: Henlie y Yalinca, Butrus y Destiny, Zenko y Marie y por ultimo Hatzive y yo.
Los cuatro unicornios nos siguieron a la salida, en tanto la bruja se despedía de cada uno de ellos con esplendida ternura—Ustedes les pertenecen ahora queridos amigos, obedezcan y sean valientes en todo momento.
—No lo dudes. Así será Gleda— respondió el del sol. Butrus
—Que la bendición del dios Ranarquia os los siga y ayude en momentos de agonía

Agradecimos a la mujer quien después de todo no resulto una villana como la imagine. 



En el próximo capitulo. . .
Solté una risilla al ver salir a un animalito de un arbusto— ¿Así que tú eras el causante de que saltara mi corazón? —me coloque en cuclillas articulando para la liebre que saltaba felizmente ignorando mis palabras. Después el pequeño animalito se detuvo en una roca próxima para así limpiar sus largas orejas.
— ¿Esa espada vale centenares de anares no es así Will? — me aturdió una voz masculina llena de picardía. Alce la vista.
. . .

jueves, 8 de diciembre de 2011

Capitulo 11 " Los cuatro elementos"

XI; Los cuatro elementos




Abre su imposible vuelo
desde las trémulas noches
donde se apoya el recuerdo,
la gravedad de la ausencia,
el corazón, el silencio.


Rosalinda
En el transcurso de las siguientes semanas había aprendido el significado de cada uno de los cuatro elementos: Agua, Aire, Tierra y Fuego. No solo simple a su teoría si no más allá de cada una de sus personalidades. Los cuatro elementos se consideran como cuatro principios básicos de la vida.
Destiny: Su elemento es la tierra. Representa a una persona que reacciona de manera calculada. Es laboriosa, su dedicación es constante y perseverante. Lucha sin temor a nada ni a nadie. Es orgullosa y leal.
Henlie: Su elemento es el aire. Aplica su energía de maneras muy diversas. Tiende a intelectualizar sus sentimientos y expectativas. Se fundamenta en el valor de la justicia. Es inquieta y fiel en partidarios. Así como también suele ser tan misteriosa como la noche misma.
Marie: Su elemento es el agua. Ella es del tipo sentimental y es muy sensible, incluso se identifica como una persona psíquica. Es imaginativa, emocional y profunda. Una gran amiga, consejera y la menos sanguinaria.
Y el elemento fuego… se asocia a la virtud, la fuerza y la pasión.
— ¡Cuidado! —Marie dio un salto para así cubrirse los ojos con el antebrazo. Pues la espada se había incrustado por mi vestido encajándose así en el grosor del tronco viejo. Trate de zafarme
— ¿Te rindes? — los cabellos alborotados de Henlie a la luz del sol se veían de un rico áureo
—No. Jamás—a un movimiento ágil y veloz la mantuve enganchada entre mi espada y la suya. Sin embargo la devolvió de nueva cuenta, mucho mejor que yo. Era Imposible esa chica. Lo supe siempre, la edad era insignificante para ella.

— Eres muy buena en el manejo de la espada… Lo llevas en la sangre Rose, pero aún te falta mucho por aprender— Destiny llegaba de buscar alimento para nuestros estómagos hambrientos. Un jugoso pescado y recién salido del lago— ¡Demonios! Se me olvido buscar la leña para la fogata—farfulle y maldije entre dientes.
—Te tocaba buscarla Rose— Destiny puso mala cara
—Lo sé, lo sé… Lo haré rápido

—Tengo hambre. Deberías apresurarte
— ¡De acuerdo!—respondí a distancia. Me adentre en el interior del frondoso bosque en busca de leños apropiados para una fogata digna. “Perfecto” pensé al encontrar cinco palos de madera largos para el fuego de la cena. 
—Rosalinda…— era aquella magnífica voz masculina de nuevo. Deje caer de golpe la carga que llevaba en manos. Me gire en talones para ver al mismo demonio, sin vacilar en dicho momento, lo apunte con arco y flecha—Si vienes a acabar con mi vida. Te lo advierto ¡No te tengo miedo! —jale el gatillo dejando salir disparada una flecha
—Tranquila, vengo a advertirte Rose—logro evadir hábilmente la flecha. Mientras tanto yo continúe a la defensiva
—Avanzas un centímetro y juro que ahora no fallo—entrecerré el ojo derecho para una mejor puntería predestinada al joven Calixto Atel
— Necesitamos hablar—subió sus brazos en son de paz
— ¿Sobre qué? ¿De cómo sería la mejor muerte para mí?
—Baja eso—pidió respecto a mi armamento al mismo tiempo que se acercaba cauteloso
— ¡Te lo advierto! Ni un paso más amigo—dije sin temor. En un pestañeo los objetos de batalla se habían caído sobre el verde pastizal, al tiempo que Calixto sujetaba mis brazos con la fuerza suficiente para que no resultara doloroso para mis dos extremidades.
— ¡Suéltame! ¡Quítame tus manos de encima! — trate de zafarme manoteando como una niña mimada. Los árboles comenzaron a bailar violentamente en su sitio y de improviso pensé en la tierra. Realicé un fuerte soplido sobre ella hasta convertirla en una ola de polvo contra él. 
—Así que ya sabes quién eres—articulo en medio de apuros por limpiar la suciedad que cubría en una capa total su rostro y ropas
—Ven aquí—me atrapo por la espalda. Sujetándome de la cintura
—No déjame. ¡Que me sueltes!— seguí pataleando para que me dejara en libertad
— ¿Recuerdas cuando dijiste que no fuera infantil? — me giro para dejarme a la altura de sus labios. Trate de no mirarlos fijamente
— ¿Qué es lo que quieres? — eleve mi tono de voz en un intento de verme autoritaria e intimidante. Pero por un momento recordé con quien trataba.
—Perdóname. Sé que te engañe por motivos que probablemente creas malévolos pero… bueno no es la mejor manera de decirlo y tampoco una excusa coherente pero… Te amo Rose— me sujeto con una fuerza vehemente apretujándome contra su pecho. Era el mismo brillo intenso de sus bellos ojos azules que iniciaban un efecto peligroso en mi cerebro.
—Pues yo ya te he olvidado
—No puedes mentirme—menciono negando con la cabeza
—Fui estúpida una vez. No volveré a confiar más en ti — me zafé de su dominante cuerpo musculoso—Vete o haz lo que tengas que hacer conmigo pero esta vez no será fácil
—No me iré hasta que admitas que me sigues amando con la misma fuerza que yo
— ¿Estas bromeando verdad? El amor que sentí por ti se acabo el día y en aquel preciso momento en que tu mirada ansiaba por acabar con mi vida. 
— ¡Mientes maldita sea! Mírame a los ojos y veré si es verdad lo que sale de tus labios—a una distancia amenazante sus suaves dedos recorrieron muy despacio de mi mejilla al mentón— ¡Mírame Rosalinda! Y veras que lo que digo no es más que la verdad—Lo hice con ayuda de su dedos cálidos y abrazadores. Contemplando así sus infinitos ojos azul garzo por más de diez segundos.
—Lo sabía… aún me quieres—Baje la mirada al suelo avergonzada y decepcionada de mi misma. Al instante sentí la humedad de sus finos labios avanzando a mis labios con suavidad y sosiego. Le ansiaba. Le necesitaba. Le quería. Lo amaba y ahora me besaba con una ternura que me hizo saltar de emoción. Sintiendo aquella antigua sensación de escalofríos en la intimidad. Su sabor era exquisito. Delicado y salvaje al mismo tiempo. Un beso con la llama encendida de pasión que se había apagado por un tiempo indeterminado y que ahora se encendía de nuevo y tal vez más fuerte que antes
—Te amo como a nadie he amado—sentí su aliento entrar por mis labios. Él había tratado de asesinarme y hoy estaba aquí atrapada contra su vigorosa anatomía.
— ¡Basta!—le di una fuerte bofetada separándome de él en un movimiento inverosímil. Me observo detenidamente y luego llevo su mano tocando su mejilla.Pues tenía mis dedos marcados en él.
—Eres un Imbécil. No vuelvas a hacerlo, porque respondore aun mucho peor Calixto

—Mis hermanas vienen en camino y te encontraran a ti y a las otras winterbor. Deben irse rápido. Si no saben de algún medio. Llévense esto y encontraran el camino gracias a unas criaturas especiales.
—Vete ya— me ofreció un papel corrugado con un escrito dentro. Siquiera me moleste en tomarlo de sus manos, así que lo dejo en el suelo a unos cuantos pasos frente a mí.
—Nos volveremos a ver otra vez, te lo aseguro. No olvides que estas siempre aquí en mi mente. En mis pensamientos…día y noche Rose—Avanzo unos pasos hacia atrás desvaneciéndose entre la conífera del bosque y la recóndita neblina.



***


— ¿Necesitas ayuda? Te ves algo pálida. Parece que has visto a un fantasma —ahí estaba Marie, preocupándose por la salud de una de nosotras. Yo misma.
—Estoy bien—fingí una sonrisa
Por fin la fogata estaba hecha y el pescado sobre un palo en ella. No sabía si decirles que Calixto me había encontrado o quedarme callada. 
—Tenemos que irnos—dije después de ingerir un pedazo
—Tienes que seguir practicando tus poderes y el manejo de la espada y arco— manifestó la rubia tranquilamente
—No estamos seguras aquí Destiny. En cualquier momento podrían llegar—me observo por varios segundos incómodos
— ¿Cómo lo sabes?
—Sólo lo sé—fije mi vista en el fuego candente y chispeante
—Entonces partiremos mañana a primera hora
— ¿Y a donde iremos? — pregunto Henlie
—Quisiera yo también saber eso—protesto Marie
—No estoy muy segura, pero creo saber a dónde hay que ir…Y esta es la respuesta— mostré el pequeño papel que Calixto me había ofrecido dos horas antes
— ¿Quién te dio eso? —grave error había cometido. Destiny era excelente en delatarme ante las demás. Bueno a todas en realidad.
—Fue una aparición—conteste evadiendo la realidad
— ¿Un espíritu? — Marie pregunto curiosa
—No exactamente. No importa de dónde ni cómo. Pero hay algo que me dice en que esto nos ayudara de cierta manera.
—Si así lo crees, dicho esta. Mañana proseguiremos el rumbo hacia el territorio de Espectrum Hechiceria

lunes, 5 de diciembre de 2011

Capitulo 1O "Amenaza bajo sospecha"

X; Amenaza bajo sospecha
( 1O )



Me levante del viejo y rugoso tronco dando unos pasos hacia adelante reflexionando cada una de las palabras de aquella triste historia que se me acababa de ser revelada.
—Corongio tuvo razón todo este tiempo… él fue mi único, sincero y verdadero amigo en estos últimos meses y lo he perdido por las mentiras de Calixto. ¡Diantre! Lo aborrezco a él y a su familia entera…
—No te preocupes por el enano, es inteligente y sabrá escabullirse Y tampoco gastes tus energías en tu odio hacia ellos. Las necesitas para asuntos más importantes—menciono Marie con aspereza en su tono de voz
— Quiero venganza…—dije con las lágrimas contenidas, marchitadas de dolor por la pérdida de mi familia.


Calixto Atel
Cada definición del rostro de mi madre se había transformado por el furor de la rabia coexistente. Su manto negro tocaba suavemente cada tramo del suelo hacia la gran sala.
De pronto pareció como si la iluminación se hubiera evaporado en un breve santiamén convirtiéndose en un remolino de escrupulosa oscuridad.

— ¿Hijo por que las dejaste ir tan fácilmente? — pregunto incrédula mirándome fijamente con sus furiosos ojos verdes
—No lo hice madre, ellas son más fuertes de lo que pensé—baje la mirada al suelo incapaz de verla a los ojos. Ella acaricio mi mejilla desde la oreja hasta la barbilla donde finalmente la levanto con firmeza.
— ¡No seas absurdo! Y mírame cuando te hablo. — me dio una fuerte bofetada. El ardor se hizo de terminantemente doloroso. Candente y vibrante en toda su extensión.
—Calixto…Eres mucho más poderoso que esas insignificantes libélulas. Esto es por TI, ¿Lo sabes verdad? —Me detuve en sus largas pestañas, definitivamente era vergonzoso y humillante verla a los ojos después de lo que había hecho. Más de medio siglo de entrenamiento y preparación para el día de la muerte de la princesa novena y le había fallado rotundamente.
—Trate madre—me interrumpió con su mirada fija y tenebrosa
— ¡Tu no tratas, lo haces! Te conozco Calixto Atel, ¿Paso algo de lo que debería saber? —cuestiono elevando su ceja casi en un ángulo de 90º
—No madre… todo fue tal y como lo planeamos—las pupilas de sus ojos se dilataron en un fuego vehemente
— ¡MENTIRA! ¿Qué demonios pasa contigo? Por tu estupidez nos encontramos en riesgo de fallar a esa profecía y estancarnos para siempre a causa de ese maldito hechizo… Ahora sal de aquí…Regresa cuando te creas digno de mi presencia, mientras tanto no te atrevas a pararte frente a mí.

***


La noche era sensata y de un hermético silencio, naturalidad que me recapitulo imágenes de aquella mirada profunda e inocente. Una noche similar a esta, sus suaves y asalmonados labios habían recorrido los míos y hoy era una fugitiva de Myleshia y sus bestias, incluyéndome para mí desgracia.
La luna por su parte era una enigmática luna nueva donde a lo lejos se podía escuchar al lobo gris aullar y a los conejillos saltar entre la hierba. Sin pensarlo me transforme en el gigante monstruo del que podría ligarme de por vida, posándome en la loma más alta de la montaña que deslumbraba gracias a la luna. 

Dejé caer mi hocico en la tierra y la humedad de ella, acomodando el peso de mis piernas entre mi estómago adolorido. A mis deseos, la escena cambio en el charco como aquella vez que observe los movimientos montuosos de mis hermanas al acecho de Rosalinda en la oscuridad de su mundo. Necesitaba con urgencia saber cómo estaba ella. Su salud, algún rasguño o herida que le pudiese afectar. Así fue…

Su larga e hipnótica cabellera castaña escurría de sus hombros hasta la cintura, se ayeaba cruzada de brazos friccionando el calor de sus manos en ellos para sofocar la helada noche que congelaba hasta los huesos. 
Su mirada se expandía en dirección al esplendor de la luna nueva, tal como lo había hecho yo hace unos instantes. Sus doradas lágrimas rodaban de sus mejillas rosadas rebosando de caricias la gracia de su fresca fisonomía. El viento sopló la faz de su delicado rostro volándole los cabellos, para así obsequiar un largo y profundo respiro a su curioso enamorado. En todo el sentido de la palabra era de única belleza. Esplendorosa…
¿Qué hacia?... Acomodaba el cabello en su hombro derecho al mismo tiempo que se despedía de una de sus prendas cayendo como una cortina en el suelo arrejuntándose entre sus albugíneos pies. Sus piernas largas y torneadas eran de un ligero bronceado dorado. Sus caderas se movían en distinguida y grácil sublimidad. Rosalinda absolutamente era la perfección misma. Respire hondo con la esperanza de que su dulce aroma se mezclara con el fluir del viento y llegara hacia mi interior.
Continúe muy despacio hacia arriba y solté con bravura una pata en las aguas del charco. Eso ya sería violar y sobre pasar los límites de su privacidad.


— ¿Qué haces? —era la voz femenina de una de mis hermanas. Gire la cabeza que se ayeaba tuesta en la tierra para asegurarme de cuál de las dos se trataba—Eres un estúpido Atel— Shana se recargo en mi cuerpo de dragón. Por lo tanto ella se ayeaba en su forma humana.
— ¿Qué paso con ella? No soy tonta Calixto, la dejaste ir así de fácil teniendo la posibilidad de atraparla y antes de eso me pareció que le pedias perdón… ¿Por qué? —Esta vez miro a mi cuerpo humano. Pues me había transformado como tal. De nuevo era un chico de dos piernas, dos brazos y dedos ¿Hasta cuándo?, esa era la pregunta.
—Déjame solo ¿Quieres? 
—Te dejo con la condición de que me digas que paso entre tú y ella—sonrió maliciosa
—Tú no me pones condiciones— bufé
— En ese caso aquí me quedo... —trate de asesinarla con la mirada sin embargo fue un grave error. Sé que pudo ver más información a través de ellos…mi secreto de amor.
— ¿Te hiciste su amigo?... que tierno. No seas tonto hermanito. Recuerda lo que dijo madre sobre nuestra enemistad con su especie y Garlenhia—camine con agilidad hasta donde se ayeaba ubicado su delgado cuerpo.
—No me hice su amigo y te repito. Quiero que me dejes ¡SOLO! —recalque esta última palabra ajustando su brazo con fuerza.
—De acuerdo está bien—alzó la mano del brazo libre en señal de rendición 
— ¡Eres un idiota!—su ofensa no me perjudico en lo absoluto. Tenía cosas más importantes en que pensar, que en sus estúpidos agravios. 

***


Me mantuve despierto toda la noche. Myleshia no descansaría hasta ver de nuevo a Rose en sus manos. En sus garras.
Segundo plan: Salir en su búsqueda y batir hasta la muerte a todo aquel que se interponga entre sus planes.
—Mi Señor, la princesa Kenny me ha mandado avisarle que partiremos en minutos—asentí. Para mi madre no le parecía una broma hablar del concepto de Inmortalidad y tortura al mismo tiempo. Y no era que viviríamos por siempre sin llegar jamás a la muerte, pero 5000 años y encerrado en el cuerpo bruto de una bestia era como si lo fuera. 
Hace 259 años cuando el padre de Rosalinda y sus tropas de guerreros atacaron a nuestro Emperador, ella juro a su muerte acabar con la última Winterbor de sangre azul, que yo gobernaría por siempre las tierras de Garlenhia acabando con la existencia de cada una de los de esa especie y sobre todo vengar la muerte de su amado. “Ojo por ojo. Diente por diente” Myleshia le amaba con locura, aún así las razones de Damien para escoger a una Princesa Winterbor y más joven por esposa. Mi madre le había entregado lo más preciado para una mujer, su castidad. No obstante él le correspondía con desplantes, arrogancia y el mayor desdén. 
En estos momentos todos nosotros éramos vulnerables incluso al aire. Vulnerable es tal como mi alma se sentía. Amando a una mujer prohibida.

—Debiste haber estado listo hace quince minutos Calixto
— ¿Quién te crees que eres para darme ordenes? —Kenny apretó los labios en forma de desahogo, atrapándose en su propio grito interior. Sonreí ante esa acción, en un chasquido de satisfacción — ¡Te odio Calixto Atel! —elevo su tono de voz haciéndome recordar la misma frase en otros labios. Pase de largo tratando de olvidarlo. 
Estaba decidido a hacer lo que me había temido una vez.

—Madre…—hice una reverencia— Quiero recompensar la barbaridad que cometí al dejarlas escapar así de esa manera tan absurda y estúpida 
— ¿Lo admites? —dijo en perfecta ironía. 
—Buscare por mi propia cuenta a la princesa novena
— ¿Y traicionarme? —alzo la ceja con bárbara inspección 
—No lo haría—conteste tajante. Tardo unos segundos en aceptar mi proposición.
—Entonces hazlo... — me gire en los talones sin antes hacer uso de mi galantería 
—Pero no pienses en traicionarme o te atendrás a las consecuencias… querido hijo mío— ¿Myleshia amenazándome? ¿Quién lo pensaría? — Te unes a ellas y estarás muerto.
Ya lo había hecho y estaba dispuesto a seguir haciéndolo si de eso dependía la vida de la mujer amada. Aun así, no sólo ofender a los de mi especie si no pagar con mi propia vida. Mire a mi escultural progenitora por última vez y me transforme en aquel monstruo de enormes alas puntiagudas elevándome a grandes alturas. ¿Myleshia mi enemiga después de esto? Que pregunta tan estúpida. A ella no le importaría en lo absoluto ¿Y cómo Rose había logrado volverme incluso desafiante a mi mayor autoridad y a mis creencias sobre el amor? — ¿Por qué maldita sea la quiero con esta intensidad? Nunca en mis cien años de juventud había sentido esto por alguien. Por nadie. Todo había sido diversión para mí. Las mujeres no significan otra cosa que pérdida de tiempo. 

***
Semanas después…


— ¡Cuidado Rose! — unas voces y gritos que parecían de diversión provenían del interior de una cortina repleta de sauces llorones y pinos por doquier.
Silenciosamente me asome por los arbustos. Se había convertido casi en una experta en el maniobro de la espada. Sus cabellos salvajes se veían deslumbrantes a la tenue luz solar que amenazaba con infestar la naturaleza con los rayos fulgurantes del mismo astro rey. 

sábado, 26 de noviembre de 2011

Capitulo 7 "La espada de plata"


VII; La espada de plata (7)


Tu pecado fue nacer en un momento inoportuno. . .
Rosalinda
Se formó un nudo en mi garganta, temerosa de escuchar un “no” de sus finos labios. Sus penetrantes ojos me miraron calcinando la última ilusión que me quedaba por prolongar el apasionado momento. Toqué su cálida mejilla, obligándole a mirarme de nuevo. Atel vacilo unos instantes antes de contestar a mi pregunta.
—Solo sé que esto no va volver a pasar…Rose—en los ojos del joven se podía advertir confusión e ira en una coexistente brasa. Una mirada contundente que logro intimidarme. Después se ajusto la camisa y se acomodó los cabellos alborotados que tan bien le sentaban. Dándole el aspecto de chico rudo.
—Ve por Corongio y avísale que nos vamos. —Me dio la espalda y cruzo el rio a grandes zancadas por encima de las grandes piedras que servían como puente. 
Había admitido que me deseaba tanto como yo a él. No obstante era tal el nivel de su orgullo que se negaba a contestar directamente mi cuestión. Sabía que había algo que lo hacía evadirme. Si eso era. Eso me hizo pensar en una tercera persona, ya sea su novia, prometida o esposa. Estúpida, yo sería la tercera persona si así lo fuera. “Ingenua” Sacudí esos pensamientos. No creía soportar la imagen de ver a sus labios besando otros que no fueran los míos. Ya no me creía capaz.

— ¿Por qué haces esto? —le grite con un atisbo de tristeza. Me fulmino con la mirada.
—Estar cerca de ti no me hace ningún bien y además… Ahora haz lo que te ordeno—respondió tajante. Apreté con fuerza los nudillos. Y retrocedí para ir en busca del pequeño hombrecillo. Cuando lo vi avanzando en mi dirección.
— ¿Estás bien? ¿Qué te ha hecho ese despreciable? Dime Rose— A pesar de que me había esforzado en no llorar las lágrimas me traicionaron. 
—Estoy bien— respire hondo—, Atel nos está esperando al cruce del rio—avisé
—Estúpidas criaturas escupe fuego. —murmuró para sí mismo. Sin embargo alcance a oirle.
— ¿De qué hablas? —honestamente lo notaba más preocupado de lo normal
—No puedo decirte nada, él podría oírnos—tomo mi mano y en señas de “Es un secreto” me pidió ponerme a su altura”.
—Él es peligroso…
—No entiendo ¿Qué demonios Corongio?—comenzaba a sacarme de mis casillas— ¡Habla ya! — le exigí soltándome de sus diminutas manos. Mi cabeza estaba a punto de estallar.

— ¿Sobre qué hay que hablar? —Calixto intervino. El enano trago saliva, lo vi hacerlo.
—Te maldigo Calixto Atel—Oí una risita de parte del joven
—Quiero saber que pasa ¿Ya se conocían? Me tienen que decir a donde vamos—
—Ya te dije que es una sorpresa— la voz de Calixto sonó diferente, un tanto melancólica. Bien, llegue al límite. 
—No me gustan las sorpresas. Me largo—me aleje caminando a pasos estirados. Un brazo me tomo y me subió al hombro sin ninguna dificultad “Era Calixto” 

— No estoy de humor para rabietas chiquilla berrinchuda—golpe su espalda con los puños cerrados 
—Y yo estoy cansada de tu estúpida indiferencia y tu altanería ¡Bájame!
—Deja de hacer eso —me ordeno
— ¿Crees que puedes besar a cualquier chica y después actuar como si nada hubiera pasado?
—En primer lugar tu me besaste y dije que no quería hablar sobre eso —Uh ¡Golpe bajo! “Canalla” “Miserable”. Tenía razón yo fui la que le había pedido intentarlo.
—Tú lo hiciste después… ¿Lo recuerdas? ¡Bájame maldito granuja!
— ¿Dejaras de patalear maldita testaruda? — me la devolvió tajante
—No
—Entonces ahí te quedas
—De acuerdo— me rendí 
—Te odio Calixto Atel— dije una vez que las suelas de mis zapatillas tocaron tierra. 
— ¿Me amas y luego me odias? —esbozo una sonrisa. Nuestras miradas chocaron.
— ¡Búrlate! — De buenas Corongio no estaba para presenciar esta ridícula escena. Hubiera sido humillante y demasiado embarazoso.
—Yo también te odio y no sabes cuánto— respondió con seriedad. Me di cuenta que ocultaba algo tras ese celestial color de sus ojos.

— ¿Sabes? No hay una persona que mienta más que tú. ¿Qué ingenua no? Creer que de verdad te interesabas en mí—se quedo perplejo pero no tardo en recobrar la serenidad. 
En un santiamén su brazo se aferro ágil a mi cintura atrayéndome con fuerza hacia él. Su rostro a escasos centímetros y sus labios tan cerca harían que mi corazón dejara de latir en cualquier momento. Eso sería mortal. Baje la mirada.
—Mírame—articulo mientras alzaba mi mentón con suma delicadeza.
—Tienes que irte—estoy segura que mis ojos se abrieron más de lo normal
— ¿Po-r qu-e? —tartamudee
Sus labios se aprensaron a los míos en un fugaz pero maravilloso beso. Llevándome al cielo y haciendo volar un millón de chispas dentro y fuera de mi cuerpo. Me volvió a mirar y con sus dos manos toco mis mejillas con desesperación.
—Vete Rose, Vete ahora que puedes
—No entiendo… ¿Qué pasa? —dije con la voz entrecortada y ya a cierta distancia. Me di cuenta del giro de 180º que daba la historia. 
—Vete. Corre ya Maldita sea—grito exasperante. —Y no regreses…
Sin saber que hacía y porque lo hacía me introduce al bosque.

***


¿Qué hago?
“Tengo que regresar” lo pensé varias veces mientras las lagrimas caían abundantes y no dejaba de correr.
Nos besamos, me pidió no volver hacerlo, luego Calixto me beso de nuevo. Y luego mis arrebatos completamente absurdos y sin motivo. Y ahora en este preciso instante me veo corriendo como alma sin rumbo entre los frondosos y gigantes arces. ¿De quién huía? ¿Qué demonios pasaba? Si no había cometido pecado alguno. 
Tropecé y caí .Aún con las gotas resbalando por mi cuello, me quede ahí en el suelo. Perdida y absorta de lo que había sucedido. 


— ¿Estas perdida? —pregunto una dulce voz


Con el rostro húmedo y con restos de tierra en la cara. Alcé la vista para identificar a la persona que me hablaba. Era una linda joven de cabellos oscuros almendrados y ojos verdes, muy verdes. Por un momento creí a ver visto los ojos de Calixto, algunos pequeños rasgos similares cuando se le estiraba la piel al sonreír, pero recordé que los de él eran más azules que el océano mismo. Asentí. 
— ¿Tu nombre es Rosalinda o me equivoco? 
— ¿Nos conocemos de antes? —indague. Al tiempo que le daba mayor importancia a su inoportuna aparición, así que me arrodille dejando caer mis muslos en las pantorrillas.
—Estoy casi segura de eso—esbozo una amplia sonrisa
—Yo no recuerdo. Lo siento.
— Conozco a una persona que te puede ayudar a recobrar la memoria— me tendió la mano 
— ¿Y quién eres tú? 
—Kenny— sonrió
—Si me ayudará a recordar. Entonces vamos. No hay que esperar—quite la última lágrima que rodaba por mi mejilla. 
Trate de aparentar ser valiente. Y al parecer lo estaba logrando. Aunque por dentro estaba llena de dudas, confusiones y miedo.


***



Contemple cada centímetro del magnífico lugar. Resolverían todas mis dudas. Pensé. Emocionada y ansiosa avance a pasos más largos y estirados. 
Era un castillo esplendoroso en toda su magnitud, ubicada delante de una montaña más extensiva todavía, quemada y sin color. Quizás un tenue grisáceo. A sus lados lo adornaba una especie de dragón con garras tan largas como sus colmillos. Y en las torres más altas, su tonalidad era un magnifico plateado. Y bueno, las banderillas de dragones que se bamboleaban en dirección al viento le daban un toque real. Un lugar anodino y apagado, pero no por eso dejaba de ser fantástico y maravilloso.
—Llegamos—aviso Kenny a la que le deducía unos cinco o quizás seis años mayor que yo.
—Eso imagine—dije. Y seguimos subiendo por el sendero. 
Esas “cosas” se ayeaban por doquier. Eran unas figuras siniestras. Monstruosas. Sus ojos aunque de piedra fueran me seguían expectantes. Vacile unos instantes en si seguir o mejor volver. La sombría apariencia del lugar daba mucho que pensar. Pero no, con franqueza anhelaba, requería saber el pasado que me rodeaba antes de que Calixto Atel llegara inexplicable e inesperadamente a mi vida. Y así descifrar el misterio.
— ¿Qué es eso? — pregunte curiosa ante la escultura de un una mujer con aspecto audaz y valeroso. Seguido de la de un hombre bravo y robusto. Situadas en un lugar sin decoro, abandonadas y apartadas de las demás. 
—Solo son simples estatuas Rosalinda— Exquisito mármol. Confirme al rozarlas con las yemas de mis dedos. Pude sentir como los vellos de mis brazos y espalda se erizaron.
—Hermana has llegado…y con nuestra invitada. Madre estará muy contenta por esto—finalizo en una sonrisa que creí no muy digna para una bienvenida… ¿Me esperaban? 
— ¿Por qué no vamos con ella? —Me invito Kenny—, quiere ver tu rostro—Las chicas eran gemelas. Su parecido era extraordinario. Solo las diferenciaba el tono del largo cabello. La de la otra era un intenso negro azabache más oscuro que el de Kenny.
—Bienvenidas— se oyó otra voz. ¿Por qué este sitio estaba lleno de mujeres? La chica me obsequio una sonrisa que no pude describir. Subimos las largas escaleras. Al ver la extensión y la cúspide de la colosal puerta creí que en cualquier momento se desplomaría y acabaría con todo a su paso. Incluyéndome.


—Adelante Querida, no tengas miedo—Era la mujer más bella que mis ojos hubiesen contemplado. Sus ojos eran de un enérgico verde azulado y cada una de sus facciones tan similares a los de... No. Imposible. “Paranoico” 
Una mujer escultural, sensual y de apariencia refinada. Un lado que yo jamás tendría. “¿Cuántos años tendrá?” Me pregunte por varios segundos hasta que la radiante dama me despojo de mis ideas. “¿Treinta, treinta y cinco años acaso?” volví a pensar. 
—Ven acércate hija—se levanto de su gran silla. Y yo hice una torpe reverencia.
—Eres incluso más hermosa que tu madre—me observo desde la punta de los pies a la cabeza
—No sabía que tenía una familia—salió un tono de asombro en mi voz
— ¡Oh! La tuviste querida... —su sonrisa de cortesía se desvaneció casi por completo— Bien… ya te he visto lo suficiente— Adelante hijo mío—En el interior habitaban diferentes semblantes femeninos que nos miraban detalladamente. Ahora su hijo estaba a su derecha y las gemelas a su izquierda.
— ¿Calixto? —Atel veía al frente con la mirada perdida. Su compostura era rígida y como siempre firme. Mi corazón volvió a dar latidos a gran potencia. Por un momento creí que todo se resolvería, sin embargo no me miro. 
—Lo hiciste demasiado fácil querida—el rostro de la bella mujer se transformo en una clara muestra de repugnancia. — ¡Saquen de mi vista a esta inmunda creatura! — Al instante dos mujeres intercedieron en la escena. Tomándome con fuerza de los brazos.
— ¡Suéltenme!, Atel…— él seguía en la misma compostura, mirando al frente. Ignorándome por completo. — ¿Calixto? — dije en un hilo de voz. 
— Kenny y Shana ya saben lo que tienen que hacer. En cuanto a ti—me apunto con su dedo índice— Veo que tus padres adoptivos no te enseñaron a no confiar en los extraños—Soltó una risotada mientras las gemelas se acomodaban al frente para liderar a las mujeres que me sujetaban con fuerza y me arrastraban a las afueras del castillo.

“Él es igual de perverso como su madre” recordé aquella oración del enano refiriéndose a Calixto. “Lazo Familiar” Entendía… ella era su madre. Ambos eran despreciables, pues la misma sangre corría en sus venas .Corongio siempre trato de decírmelo y para mi desgracia yo estaba cegada por el amor. ¿Dónde estará él ahora?

— ¿Quiénes son ustedes? —cuestione en zarandeos
—La pregunta correcta seria. ¿Qué son ustedes? —respondió la gemela que respondía al nombre de Shana

—Mi princesa— oí murmurar— ¿Quién eres? ¿Eres tu Corongio?—Pregunte confusa al tiempo que me arrojaban al calabozo y caía de rodillas. Cerraron la puerta. 
—Hasta el anochecer—aviso Kenny con burla
— ¡Mentirosa!—grite una vez que sentí los pasos de las gemelas desvanecerse. Le di una patada a la puerta. En vano. Me deslice por la puerta flexionando las rodillas. 

“Bailas bien At, que bueno que te decidiste bailar
Me vi obligado
¿Crees en el amor? —Me acerque nerviosa
Depende de qué tipo de amor. Aunque ciertamente no—contesto frívolamente 
El de un hombre y una mujer
No, tu mirada dice otra cosa
No sé qué me pasa contigo, no debo pero te deseo Rose—sus manos bajaron por mi cintura.”

Embustero. Farsante. Todo era planeado. Las lágrimas fluyeron desbordantes. Los últimos meses había vivido engañada. “Maldita Ingenua, Eres una tonta. Tonta”
No me hubiera enamorado de él, jamás hubiera besado esos labios que me desequilibraban y me hacían flaquear, perderme en esos ojos fulgurantes como el cielo. Y electrizarme al tacto de su piel…Todo fue una mentira…

***


—Rose—dijeron en un susurro
— ¿Corongio?
— Sí, soy yo
— Debí haberte escuchado—dije entre sollozos y la respiración entrecortada
— No debes llorar. La princesa Crisoberilo no debe derramar una sola lágrima por esas bestias.
— ¿Reina?
— Lo eres mi querida Rosalinda…


— Mi cabeza me da vueltas, quiero saber que está pasando—respire hondo y limpie mi semblante húmedo— ¿Qué son ellas? Dijeron que esa sería la pregunta correcta y quiero saber. El enano tardo unos minutos en hablar. Si no es porque vuelvo a reiterar la pregunta.
— Dragones Rose…

La puerta se abrió y oí un golpe al otro lado donde se ayeaba Corongio.
—Te prohibieron dirigirle la palabra maldita escoria de criatura
— ¿Qué le hacen?
—Sus Majestades, La Reina y el príncipe Calixto Atel desean verle de nuevo
—Yo no quiero verlos a ninguno de los dos—espete en cólera. De todas maneras me sacaron arrastras. Al fin de todo quería escupirle en la cara al “Príncipe Calixto Atel”

***



— ¿Qué quieren? — dirigí una mirada de llena de furia a Calixto. 
— Yo soy tu reina incompetente. No debes hablarnos así. Arrodíllate
—Jamás… además Yo también lo soy—manifesté aunque no estuviera segura que en verdad lo fuese. Aun así los ojos de la mujer se abrieron como platos para luego disipar una venidera carcajada. El joven detuvo su mirada en mí esta vez. Sus ojos se veían tristes pero no caídos. “Tu conciencia imbécil”
— ¿Qué tanto me ve? — Me dirigí a él—Ya veo lo que se proponía…Su Majestad—simulé una reverencia.
—Atrevida—oí el bullicio entre las mujeres sirvientes.
—Todo está listo madre— Shana apareció 
—Perfecto—Atel le dio un beso a su madre en la mano albugínea y esta salió con paso elegante. Disitnguido.
De nuevo los brazos forzudos me enredaron 
—No me toquen, yo puedo sola—los ojos de Calixto no dejaban de observarme. Lamento decir que siguieron intimidándome de la misma forma en que lo habían hecho siempre.
— ¡Que me suelten!
—Suéltenla—hablo por fin el joven traidor
—Ojala te pudras en el infierno Calixto Atel—El amor quedo encerrado por una capa llamada Odio. Desprecio y Venganza.

***


Las gemelas me sacudían con fuerza y podía distinguir a Calixto y a la agraciada mujer dirigiéndose hacia nosotros. Me sacudía con fuerza pero era inútil, eran demasiado fuertes—Sabia que te arrepentirías de haber jugado con nosotras—recordé la voz de Shana como si lo viviera en el momento preciso. 
De nuevo estaba en el parque corriendo a través de los árboles y las sombras brincando en ellos persiguiéndome a toda velocidad
— Ustedes son las sombras—mencione en un hilo de voz. Ahora eran verdaderamente humanas, si es que lo eran. ¿Corongio habrá dicho la verdad sobre ellas?
Con gran ímpetu me lanzaron contra una roca y me amarraron de las manos con cadenas extendiéndome en una x. El olor a hierro se hizo brío. 

— ¿Qué les he hecho?, ¿Por qué hacen esto? —exigí saber. 
—Ya no grites, me aturdes—dijo Kenny. Otra Farsante.
De inmediato contemple las caras de Calixto Atel y su madre. El chico desviaba su mirada hacia Kenny y Shana.

— ¿Quién es usted? ¿Y Por qué hace esto?
— ¿Crees que mereces saberlo? Soy Myleshia, Reina y Emperadora de la Bestias de Fuego. Eres la viva imagen de tu padre al morir. Tu última noche…Es tu turno, hijo mío. Por siempre de todos los siglos. Gobernando generaciones por generaciones—Se dirigió a Calixto haciéndole entrega de una espada que brillaba en el resplandor de la luna abriéndose paso entre las resplandecientes estrellas
— Te hago entrega de uno de mis más preciados tesoros: La espada de plata—él la coloco entre sus manos admirando su resplandor
— ¿Qué van hacer conmigo?— Seguí forcejeando sabiendo que de nada serviría. Lo tenía todo claro y ahora era demasiado tarde. Calixto se acerco a la piedra llevando consigo la espada que le había obsequiado Myleshia. Las lágrimas salieron convertidas en un sosegado llanto. Pese a que Corongio me exigió no hacerlo.
No lloraba por mi vida, más bien por el dolor del engaño…la decepción 
—Te aborrezco Calixto Atel. No sé cómo pude enamorarme de ti. TE ODIO CON TODAS MIS FUERZAS—Una lágrima rodó por su mejilla. “Ilusorio”
—Acaba con esto Calixto— pronuncio Kenny
—No puedo hacerlo—Comenzó a vacilar con la espada y las manos temblorosas. En un aliento oí su voz en un susurro y ahora estaba preparada para lo que proseguía. 
—Te amo Rose...con la misma fuerza con la que es tu odio por mi. Perdòname...— Tome un respiro y cerré los ojos. Tal vez esas palabras pronunciadas de sus labios habían sido mi más profundo deseo antes de morir
— ¡Intrusas! —gritaron las gemelas seguido de un estallido de dolor. Una muerte fugaz. No al dolor prolongado. 

—No se atrevan a tocarla—oí una voz diferente. Protectora…