¡Bienvenid@s!

PUEDEN DEJAR SUS COMENTARIOS :).
No es necesario que se registren en blogger

Fotolog Twitter Facebook


miércoles, 30 de noviembre de 2011

Capitulo 9 " Retroceso

IX; Retroceso ( 9 )


— Cada una de nosotras somos un elemento en cambio tu reprimes los tres elementos entre tus poderes
—Sigo sin entender, ¿Dicen que soy como ustedes?
—Sí… pero más fuerte y poderosa—la rubia me miro expectante. Deje que las palabras de la chica recorrieran mi cerebro en toda su totalidad.

— No, se equivocan de persona… No sé nada de peleas, manejo de armas. Y no soy una princesa perdida. En definitivo no soy esa chica que piensan—espeté

—Tu padre no estaría feliz con ese auto concepto— Destiny jugueteaba con su cabello mientras se acercaba a mi—me detuve en seco. ¿Mi padre? Las imágenes aparecieron en un retroceso momentáneo

“Es un rey, te gane, es póker no una guerra Rose
“¿Quién es la mujer más importante de mi vida?
“Yo — me abalancé para darle un beso en la mejilla. El inocente aprecio de una niña de cinco años.
“¿Y pescaremos el pez más grande del mundo y romperemos el record guinness?
“¡Un tiburón!— soltó una risotada. La lancha se bamboleó a causa de mis manoteos de felicidad.
“Papá, me estoy cansando de que la gente diga que soy un extraterrestre ¿Por qué soy así? ¿Por qué todo lo que toco se destruye?
“No les des importancia Rose, solo sienten algo de envidia hacia a ti porque eres especial. Diferente…— me dio un gran abrazo de oso.


Aquel hombre del cual no recordaba su nombre. Triste pero cierto. Todo el mundo donde según creía yo haber pertenecido hasta mi adolescencia era lo opuesto a Garlenhia. Grandes edificios… Muy altos y poca cantidad de arboles, que de igual manera adornaban a lo que yo podría decirle “Ciudad” La gente vestía diferente, con ropas similares a las que yo creía Indignantes en un principio cuando vi por primera vez a… eso no importa… Las mujeres vestían como varones, con pantaloncillos y simples camisas.


***

Éramos cuatro chicas en el agujero de una cueva oscura resguardándonos de peligrosas bestias que nos buscaban por mi causa. Aun así desconociera el motivo, sabía perfectamente que corríamos peligro.
— ¡Que Si! — Al parecer la chica no resguardaba entre sus emociones la paciencia— Tu padre y madre fueron los legítimos reyes de la tierra de Garlenhia, teniendo a ocho hijas y siendo tú la última de ellas. La número nueve— La intriga comenzaba a ponerme nerviosa. Quería saber por completo la historia.
— ¿Cómo sabes eso? — la cuestión era que Destiny y las demás aparentábamos la misma edad, omitiendo a la pelirroja Henlie que le deducía entre los catorce o dieciséis años. Aunque su fortaleza y valentía valían más que un simple e insignificante número. — Mis padres— contesto— ellos me contaron la historia y con ella la profecía
— ¿Cuál profecía? —murmuré con la curiosidad sobresaliéndose de mis ojos

259 años atrás
Época de Paz en Garlenhia gobernada por el Gran Rey Felipix y la Reina Abelallis

Narración de un buen hombre por medio de Destiny


— Mi Señor, sus hombres y yo hemos buscado sin descanso a la princesa Beatriz y no podemos dar con su paradero— El rey amaba a sus ocho hijas con la intensidad del poder mismo que él abrigaba y no descansaría hasta verlas a cada una de ella a salvo. Por desgracia una de ellas había sido raptada el día siguiente de su anuncio con el príncipe de Myrentown.
— Mi rey le ha llegado una carta— irrumpió uno de los mejores soldados del batallón en medio del gran salón. La cogí para entregársela en las manos de su Majestad

— Gracias Bill— El rey no solo era mi gobernador, si no un compañero. Era una persona gentil, correcta y buena con los que iban al encuentro de su ayuda. Siempre estaba ahí para su pueblo y todos decían que no había mejor rey que él. Decía que yo era el hermano menor que hubiera deseado tener. Siempre corrigiéndome cuando había un respeto excesivo de parte mía hacia él, pero esta vez no se había dado cuenta de mi cortesía, era obvio que eso no era de importancia ahora.
La sexta princesa se ayeaba en riesgo, lo leí en sus ojos al leer el papel. La rabia sobresalía de ellos en una lucha por limitarse a causar daño a algo o alguien que se encontrara a corta distancia de su majestad.
—Damien…— murmuro al tiempo que dejaba caer la hoja que advertía malas noticias
— Jairo reúne a la mitad de la tropa, saldremos hoy mismo en la noche— ordenó al hombre que relucía una valerosa armadura. Dejándome solo en la alucinante sala con grandes cristales y brillantes en cada rincón dándole un toque rustico- elegante. Recogí el pergamino del suelo, era de un material grueso pero posible de doblar. Estas eran las letras…


Querido amigo de las pacificas tierras lejanas  de Garlenhia...
Durante muchos años he estado locamente enamorado de la princesa Beatriz, la sexta de ocho. Se que no hay ninguna posibilidad de que se me permitiera convertirla en mi esposa ante el compromiso de unión matrimonial con el gobernante de Myrentown. País unido a la hermosa Garlenhia. A esto hago mención que la he raptado Gran Rey Felipix,POR MI GRAN AMOR… aún así me atengo a las consecuencias…la guerra que se avecina entre nosotros, entre los suyos y los míos. Más le advierto mi querido amigo. Ella muerta antes que lejos de mi grande y profundo amor. Lo hago juramento en estas líneas. 
      
DAMIEN. Emperador de las bestias de Fuego y las islas lejanas.

—Reina Abelallis—A las afueras de la biblioteca real los diminutos zafiros dorados daban un toque esclarecedor
— ¿Hay noticias nuevas Bill?
—Malas mi señora, lamento decir—le di la desgraciada carta. Sus manos eran blancas engullidas y su vocecilla dulce y apacible no faltaba aun en momentos difíciles como estos.

La misma noche como se había ordenado las tropas del Rey Felipix estaban listas para partir. Me había encargado que me quedara con su esposa hasta su regreso al reino, pues esta se ayeaba encinta, llevaba dos meses de embarazo para ser exactos. El gran Rey se ayeaba emocionado por la espera de un nuevo miembro a su familia real. Sin embargo la mala noticia de la desaparición de la princesa Beatriz lo había dejado conmocionando y ausente a la noticia de un bebe que recién crecía en el vientre de su amada.

Los días pasaban y buenas nuevas no se apreciaban por ningún lado. Para lo mismo, como muchos suponían… muertos en caída.
—Madre tenemos que ir ayudarlos. Pueden estar perdidos y podrían necesitar nuestro auxilio—dijo la mayor de las princesas
—No quiero perderlas hijas mías—dijo suplicante la bella mujer
—Llevamos años de entrenamiento mamá, todo saldrá bien. Te lo prometo—La reina unió sus manos con las de ellas y dejo caer unas lágrimas que tocaron en lo más profundo de mi corazón. El aire que entraba por las ventanas era incisivo. Golpeaba el cuerpo entero de cada uno de los presentes hasta causar un leve mareo en el interior.
—Te amamos madre, pero es nuestra hermana y padre—la segunda princesa, Amanda beso el rostro pálido de su madre.

—Si me permiten Sus Majestades, su padre, el Rey Felipix me ordeno que por ningún motivo se les permitiera salir del castillo
—Bill no hagas esto, con o sin tu autorización o la de mi padre saldremos en su ayuda

— ¡Elizabeth! , ¡Amanda! ¡Isabela!, todas regresen—grité en un claro mandato de autoridad
— ¡NO ERES NUESTRO PADRE!— la menor de las ocho, Priscila, se giro sólo para recordármelo. No, no lo era, pero el amor era como tal. Las había visto crecer desde el primer minuto de sus vidas.
Salieron volando con sus colosales y extraordinarias alas brillantes al cruce del sol, irradiando una belleza vigorosa.
—No se preocupe Mi Señora, le aseguro que van a regresar— de sus ojos emergía un intenso fulgor que dejaba entrever su triste sollozo mientras su hijas se merodeaban por los aires, como las mariposas en cambio de estación.


Los meses transcurrieron…Un mes, dos meses, tres meses, cuatro meses, cinco meses. Era un verano diferente. El castillo se sentía solo y afligido. Los demás sirvientes murmuraban de una visible derrota, como ya era costumbre, no llegaban noticias nuevas, ya sea para bien o para mal. Lo que se temía, cada día que pasaba se hacía verídico. Nadie regresaría con vida.
—Es una catástrofe—me dije para mí
La hermosa mujer acariciaba su vientre abultado mientras lloraba en una atroz melancolía—Mi querido hijo, me temo que…—articulo en sus lamentos.
— ¡Mi señora!— una voz grave se hizo presente
—Por fin Jairo. Has regresado—en un danceo como yo le llamaba al andar de la reina fue a su alcance. El soldado hizo una reverencia al tenerla enfrente de él. Ya no portaba más que la mitad de su armadura y armamento.

—Tiene que irse mi Reina, esa mujer viene por usted—el rostro del hombre cambio con un rotundo pánico
— ¿De qué mujer hablas querido Jairo?
—Myleshia, es la verdadera mujer de la sabandija esa, perdone usted mis malas palabras
— ¿Qué ha pasado? —Supe que la pregunta era solo para confirmar lo que se veía venir
—Lo lamento Reina Abelallis, El Gran Rey Felipix y las ocho princesas… han muerto en batalla—agacho la cabeza en un absoluto respeto—Tiene que irse de aquí. Huya Mi Señora—finalizo el soldado
—Ya escucho su Majestad debemos irnos. En su estado debemos salir lo más rápido posible—dije tomándola con delicadeza del hombro.
—Me encargare de hacer tiempo, pero huyan— Jairo el fuerte salió en veloz carrera— ¡SALGAN! —Sin tambaleos tome algunas cosas de la reina y salimos a una velocidad apta para su embarazo.
—Gracias Jairo—agradeció sinceramente la reina con un beso en la frente del soldado
Unos fuertes golpes se hicieron continuos, estremecedores. — ¿Dónde te escondes maldita? —Era la salvaje voz femenina advertida por Jairo


—Por aquí su majestad—la dirigí hacia un túnel. Los movimientos bruscos allá arriba se desvanecían, tal vez era que se marchaban o nosotros nos alejábamos—No se detenga— mascullé. Las zancadas de nuestros propios pasos se oían más densos pero al mismo tiempo tan frágiles.
— Ya casi llegamos a la superficie— anuncie con preocupación por su estado. Se le veía más pálida de lo normal y el sudor le recorría la frente blanquecina.
— Eso deseo Bill, estoy exhausta.


***


Una pantera comenzó a olfatear.
— ¡Aléjate!— la amenacé con una vara
— Bill eso está prohibido, no vuelvas hacerlo, ella no nos hará daño ¿De acuerdo?
— Perdóneme—asentí avergonzado.
Su barriga crecía al paso de los días y nuestra sobrevivencia dependía de esas bestias. Ahuyentados por dragones y esa maldita bestia de mujer. La noche se maravillaba de una colosal Luna Llena. El búho ululaba muy cerca de nuestro campamento, el lobo aullaba a lo lejos de la más alta roca y algunos ratoncillos podían oírse correr por la hierba. El viento silbaba tranquilamente, cantando una canción de cuna a mi parecer.


—Bill comienzo a tener contracciones—se quejaba mientras tocaba su vientre y el sudor salía por su frente blanca como la nieve llegando a la parte inferior de su pecho.
—Ve en busca de una partera
—No puedo dejarla sola su Majestad
— ¡Ve! Es una orden, este bebé ya quiere salir— sus muecas de dolor me atravesaban incluso a mí. No quería dejarla, si le pasaba algo viviría con la culpa y jamás me lo perdonaría. Jamás…
— ¡Vete ya! — Salí corriendo como nunca lo había hecho, algunas espinas crispaban mis piernas defendiéndose ante mi acelerado paso. Dolía demasiado y manchas de sangre se cohabitaban en mi pantalón, aun así no disminuí la velocidad a la que iban mi torturadas piernas. No importaba mi dolor, el de ella sí.

***


Regresé con una mujer, lo cual no era joven pero tampoco vieja —Por aquí—le señale la vergonzosa tienda. Un sitio nada decente para la Reina Abelallis. Un lugar no memorable.
— ¡Dios mío esta mujer se está muriendo! — de inmediato la partera se incoó a su lado
— Bill acércate— oí su dulce voz
—Mi Señora no va morir—dije confuso ¿Morir?
—Vamos a comenzar con el trabajo de parto. Sal de aquí muchacho. Si no iniciamos cuanto antes, el bebe podría no vivir— obedecí inminentemente.

Se escuchaban en sucesivos los gritos de ambas mujeres— ¡Puja mujer! — La reina sufría y de pronto el llanto de un bebe que acaba de ver la luz de su sobrevivencia se hizo milagroso.

—Va morir muchacho, le quedan sólo unos minutos. Adelante…Puedes pasar
— ¿Cómo dice? — pregunte consternado
—Estaba enferma desde hace meses y ha perdido mucha sangre en el parto
— La he visto bien de salud estos últimos meses, eso no puede ser ¿Morirse? ¿Sabe quién es ella?
— Las apariencias engañan joven y creo saber quién es esa pobre mujer—Me dio la ligera impresión que sabia más de lo que yo sospechaba en su mirada.
Fue triste ver ese recuadro. Ella recostada en una sabana y varias manchas de sangre azul a los lados y esparcidos en su cálida sabanilla.
—Mi Señora no menciono estar enferma y yo fui un estúpido que no me di cuenta—susurre muy bajo, cauteloso y con la respiración contenida. Creí que su cuerpo era frágil inclusive a mi respiración.
— No hables más y escúchame Bill— La reina que aunque débil se encontraba seguía con sus esplendorosos ojos llenos de fulgor hacia el cuerpecito que se ayeaba a su costado.
— Es una niña preciosa— saco su pequeño y ovaladito rostro para que lo pudiera contemplar. En verdad era hermosa, atesoraba un rasgo de cada una de sus hermanas que en el Cielo se ayeaban. Su piel suave y blanca como la cal tranquilizaba el ambiente como el aroma a flores en el jardín. Sus ojos marrones almendrados como los de su difunto padre, el Gran Rey Felipix, redonditos y afables parpadeaban continuamente al tiempo que sus manitas se movían agitadamente en su linda carita. Las mejillas y párpados amelonados de su madre, la Reina Abelallis se movían celestialmente.

—Tú serás su padre ahora— me dirigió una sonrisa débil. La mire absorto a esa oración “Tu serás su padre ahora”
— Tu destino se cumplirá en la tierra, en el mundo de y con los torwuos humanos.
— Mi Señora yo no podría
— Tienes que hacerlo Bill, ahora no digas nada más.
Ella será una pequeña semilla que nacerá de nuevo, esta vez de una exquisita flor. Estará a salvo allí dentro del botón y cuando sea tiempo sabrás que es ella… tu hija— de nuevo contemplo el diminuto rostro de su hija, peinando sus cabellitos tiernamente
—Encontraras una mujer torwuo de alma bondadosa. Esa mujer será tu esposa y madre de Rosalinda, ese es su nombre. Dentro de unos años existirá una flor llamada rosal y deberás cuidarla como si fuera ella misma—sonrió y continuo hablando mientras seguía admirándola.
— Cuando sea el día indicado deberás confesarle la verdad de sus raíces—mis ojos se humedecieron al punto de estallar en lágrimas.
—Mi querido Bill, no tienes de que preocuparte — Acaricio mi mejilla limpiando la gota que resbalaba de ella— Tu nombre ahora será… Mark Waters…— tome su mano y le di un suave beso. El alma se le escapaba en unos preciados segundos.
—Gracias Mark—artículo en un hilo sin aliento para luego cerrar sus preciosos y pequeños ojos azules y encender el poder que ella resguardaba. Un destello azul blanquecino se incrusto en el pecho de la niña transformándola en una pequeña semilla de rosal.
—Siémbrala y en cualquier momento de tu vida aparecerá convertida de nuevo en un precioso bebé— cerré la cortina despacio, consiente que lo que llevaba en mis manos era lo más preciado de todo los tesoros de Garlenhia. La novena Princesa…

***


La profecía dice que dos días después la mujer que había auxiliado en el parto de la Reina Abelallis se le apareció a Myleshia. La mujer resulto ser nada más y nada menos que una poderosa hechicera que decidió vengar al Reino entero, en principal a la familia Real. Dejando caer un hechizo en la familia de la malvada mujer. Su único hijo varón seria un dragón como todos lo demás, sin embargo al cumplir los veinte años de edad y al retorno de la princesa Rosalinda, el Dragón seria Bestial por siempre, quedando prendado en cuerpo y alma al Dragón. Y morir dolorosamente y de una forma brutal. Cruel. 5000 años después. Solitario y sin inteligencia humana.
En cambio a Myleshia le alargarían la vida sólo para ser derrotada por la fuerza de la Princesa Rosalinda Seymord Castellot, IX. Si el hada guerrera no regresaba de la tierra, viviría feliz ayudando a los demás como un torwuo y las bestias de fuego se arrodillarían ante el estremecedor dolor por siempre…



“Brutal destino te espera a ti y a tu único hijo varón maldita mujer, Bestial vivirá por 5000 años… ¡Justicia de su muerte! ¡Justicia por su vida! Sólo la muerte de aquel adorado ser y una roca de amor sincero podría ser tu salida. Tu salvación. Más no olvides que si de ella dependes, también morirás por ella. Derramando tú sangre por todas aquellas almas perdidas. ¡Bruta eres mujer! ¡MALDITA SEAS!”

No hay comentarios: