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martes, 15 de noviembre de 2011

Capitulo 5 "Primer Punto"

V. Primer Punto( 5 )


Rosalinda
—No quiero que se vaya a infectar. Debo revisarla—Me referí a la herida. Calixto me bajo despacio de su espalda y se incoó a un lado para ayudarme a examinarla.
—Son delicadas. Te incrusto el veneno a fondo Rosalinda… Deberías estar… muerta—en su rostro se dibujo una mueca de incredulidad subrayando la palabra muerta.
—Fue un milagro—fingí una sonrisa
— Yo no creo en milagros Rosalinda
—Deberías…—le dije fulminante— ¿Hay de esas cosas en todo el lugar? — aludí sobre aquella flor salvaje que había estado a punto de cometer un homicidio. Si, donde la victima claro estaba, hubiera sido yo. El ojiazul arrancó una parte de su sucia camiseta color marrón.
—Voy a extraerte el veneno 
— ¿Por qué no lo hiciste antes? — Cuestione irritada— ¿Y porque sangre azul? ¡Soy un fenómeno! — Claro, Calixto optaba que muriera yo antes que él, ¿Qué clase de persona se demoraría tanto, si sabía que tenía casi todas las de morir?
— ¿Bueno quieres o no? —me soltó
— ¡Si hazlo!, puede que la muerte sea un efecto retardado— articule en un indefenso sarcasmo.
— Corongio busca algo de sirila — menciono un producto extraño que no había escuchado antes. Así como otras palabras que no había oído anunciar en todo el camino desde que llegue de ... ¡Demonios! ¿De dónde vengo? Tal parece que llevar una vida en este hermoso, pero arriesgado lugar provocaba esta insípida amnesia.
El guapo joven se sacudió el cabello que le impedía obtener una mejor vista. Quede atolondrada ante el sugestivo ademán “Idiota, ahí vas de nuevo” me espeté.
— ¿Dijiste algo? —fijo su vista hacia mi rostro enervado. “Sus ojos son armas mortales”… “No seas tonta” —pensé al final. 
—No, nada, no dije nada… haz lo que tengas que hacer—Cuando el chico regreso la vista a la lesión me prohibí observarle de nuevo. 
Sus labios tocaron la zona y de inmediato extrajo el veneno. Succiono una vez y escupió. — ¡Duele! —casi grite. Me miró y siguió con su trabajo de auxilio por segunda y tercera ocasión. La cara del enano se veía absorta ante lo acontecido, parecía compartir el mismo dolor. Me queje de nuevo. Si no fuera porque mis pensamientos se volvían… “Valga Ironía”… mis propios enemigos, juraría que Atel había concluido con un delicado roce de sus tentativos labios tono carmesí.
— ¿Qué miras enano? Haz lo que te ordeno—Calixto exigió al hombrecillo, este hizo caso omiso a sus palabras. Lo vì adentrarse por los altos matorrales.
— ¿Lo ves? la muerte no es para ti Rosalinda
— Es increíble — Sorprendente. ¿Tendría mi cuerpo alguna defensa que rechazara el veneno? ¿O los venenos eran distintos a la de los animales de la tierra? Fuera lo que fuese me había salvado la vida.
— De nuevo gracias Atel. Eres bueno
— ¿Bueno en qué? 
— No eres malo. La forma en la que te comportas. Sé que lo haces para ocultar la verdadera persona que hay dentro de ti—apunté a su pecho con mi dedo índice 
—Que te ayude no significa que lo sea Rosalinda
— ¡Rose! —Lo corregí — Sé que lo eres Calixto Atel— le mostré una de mis mejores sonrisas. Él no la devolvió, en cambio sus intensos ojos garzo profundizaron en los míos de una manera distinta a como lo había hecho aquél instante que los contemplé por primera vez. Hacía más de dos semanas de eso y aún lo recordaba. Aquella ocasión que me obligo a creer en él. 
La forma en la que me miraba armonizaba adorablemente el ambiente. No sólo podía confiar en él, si no que ahora podía estar segura que contaba como un amigo. El de los mejores, aunque el chico se rehusara hacerlo.
— ¿Por qué eres así? —Cuestione fugaz incapaz de seguir manteniendo la vista fija en sus ojos color mar.
— ¿Así como? —Bufó sin dejar de mirarme
— Tan mezquino
— ¿No se supone que lo sabes tú?
— ¿Por qué lo dices? — ¿A qué se refería con “No se supone que lo sabes tú”? ¿Sabrá algo que yo ignore?
—Así soy yo. Olvidemos el tema ¿sí?— su mirada cambio de rumbo hacia los matorrales
—Como se demora este enano—Rezongó. Al estar ya de pie arrojó con el pie derecho una pequeña piedra que se ayeaba en el suelo.
Tal vez debería seguir ignorando lo que había pasado la noche que intente besarlo… Si al menos me considerará su amiga seria más sencillo iniciar el tema y darle fin a mis absurdos pensamientos de una vez por todas. 
— Quería pedirte una disculpa por haber tratado de…—respire hondo— besarte la noche anterior—le solté. Sentí a mis orejas elevarse a una temperatura de más de 40º centígrados. Calixto se volvió hacia a mí y me observo detenidamente “No hagas eso, me pone nerviosa” —murmuré para mis adentros 
— Ya lo había olvidado, tú deberías hacer lo mismo— por alguna razón me dolió que lo dijera así con esa agudeza que lo distinguía y sin ningún significado. ¿Qué acaso él no tenía sentimientos? ¿Sabía acaso que a las mujeres les incomodaba pasar por este tipo de situaciones? No. Al parecer no tenía idea.
— Si lo haré—manifesté esperando que no viera lo disgustada que estaba por el tono que salía de mi voz
— Perfecto— adujo sin trabas pero estoy casi segura que lo vi tragar su propia saliva.

Calixto Atel
—Si lo haré—dijo 
—Perfecto—tenía la leve sensación de que me engañaba a mí mismo. No deseaba que lo olvidara ¿Por qué?
— Allá viene el enano, ¿un poco tarde no? —Rose sólo asintió con una media sonrisa, nada comparada con la que había estado a pocos segundo de hipnotizarme. Fue por eso que me delimite en sus preciosos y grandes ojos marrones. Pero eso fue aún mucho peor. “Joyas brutales y maravillosas” —repetía en mi interior.
—Coloca esta hierba encima de la herida
—Bien— contesto ella
Unos minutos antes mis labios habían tenido tacto con su delicada piel. Era mucho más suave y sensible que la de otras mujeres que ya...no importa…Deseaba tanto no solo tocarla de nuevo, si no acariciarla sosegadamente con mis manos… “Imbécil ella es tu enemiga. No lo olvides”

***


A esta altura podía ver el pueblo entero, las olas del mar golpeando en la arena y a lo lejos el espectacular castillo de Myleshia. Eso me hizo recordar que mi tarea aun no concluía aquí. Tenía la obligación de llevarla hacia el encantador pero malicioso rostro de mi madre y acabar con su vida de una vez para nuestro beneficio. Matarla. Parecía sencillo cuando madre dio la orden de comenzar, esperaba que también lo fuera cuando el momento debía llegar.
Baje de inmediato, no debía confiar demasiado en el enano. Allí estaban ambos, en un sueño tranquilo.
Me quede el resto de la noche contemplándola. Una chica linda e indefensa que ignoraba que tenía todas las de pelear. “—La aplastaras como a un insecto” — recordé a mi madre decirme.
Seguido de esto Rosalinda comenzó a sudar y a decir palabras que no logré entender.
— ¡NO ALEJATE DE ELLA! —la chica temblaba después de golpear sus largas pestañas contra los parpados. Me acerque despacio a ella.
— ¿Qué tienes? —pregunté relajado 
—Fue tan real…—sus manos tiritaban en su boca. La tez de su piel se veía más pálida que lo normal. Como el mármol.
—Tranquila ¿Qué soñaste? —tome su manos. Una ligera descarga eléctrica recorrió mis brazos.
—Un bebe… su belleza era… extraordinaria. Lloraba sin dejar de hacerlo y de pronto… ellos se la llevaron sin piedad. Fue horrible Atel…—se acurruco contra mi pecho. Al instante sentí su calor atravesar mi cuerpo entero. Desde la punta de la cabeza, a lo de los pies. Me estremecí ante ello. No tenía idea de que que hacer, ni siquiera sabía el significado de la palabra consolar, aunque solía recordarlo algunas veces. Lo intentaré…
Indeciso pasé mis dedos por su largo cabello caoba…era más suave que la seda que Myleshia usaba en sus vestidos. 
— Ya ni si quiera recuerdo de donde vengo, como llegue o si pertenezco aquí…comienzo a preocuparme ¿Tú lo sabes?—Sus mejillas se tornaron de un gracioso e intenso rosado. Esto le regreso vida a su semblante angelical. Se alejo un poco. 
— Debe ser un efecto de Garlenhia—le confesé el nombre de nuestras tierras. El de Myleshia y el mío.
— ¿Garlenhia?, que extraño nombre
— Tal vez lo es para ti, he vivido casi un…—me detuve en seco
— ¿Un año? —“En realidad un siglo” pensé. Había estado a punto de decirlo. Que idiota.
— No, olvídalo, debemos seguir nuestro camino. Ya fui a la colina y estamos por llegar. 
— ¿Ahora si me dirás a donde vamos?
—Si
— ¿Y a donde? —se veía visiblemente curiosa
—Con una persona que te aprecia y que sabe de tus poderes y dones al igual que yo
—Eso es mentira
— Te equivocas— me miro con cierta desconfianza. Efecto que no quería causar.
— Es un secreto entre los tres ¿De acuerdo? 
—De acuerdo— se paró de la tierra con expresión ceñuda
—Buenos días— el enano despertó de su sueño.

***


Proseguimos el corto camino que faltaba por llegar. Hice subir primero a Corongio que por cierto no se le veía nada satisfecho con su presencia propia, pues evidentemente había sido en vano. No pudo detenerme a pesar de sus continuos y torpes intentos. Nos encontrábamos a escasos kilómetros de llegar a la presencia de la bella Myleshia y ahora tampoco lo dejaría escapar…él lo sabía, se lo había advertido en una ocasión…
“— Morirás junto a tu princesa si es lo que deseas. Si no es así…No intercedas por ella—”

Después siguió la chica—Cuidado— dije al ver que resbalaba
— ¡Es fantástico!, allá abajo hay más personas ¿Cierto? —exclamó una vez llegados a la punta de la colina
—Las hay— contesté
—Y mira ese castillo…— El amanecer le daba un efecto único. La aurora de un color rosáceo- violáceo le hacía verse espectacular y glorioso. 
—Es ahí a dónde iremos—mencioné 
—O tal vez no— articulo colérico el pequeño hombre
— ¡Vamos Corongio será divertido!—oí su melodiosa voz 
— Si claro— fue sarcasmo de parte de Corongio pero ya no importaba. 
Me ayeaba a poco tiempo de cumplir el primer punto. Ponerla en presencia de mi madre. Y bueno estableciendo que faltaba el más importante. Su valioso corazón azul.
— ¿Que esperamos entonces? Vayamos a conocer a esa persona que dices y darle las gracias por haberme mandado a un buen amigo como tú que me guiara viva hasta aquí. De verdad eres un buen amigo Atel…—Me sonrió como sólo ella lo sabe hacer. Encantadora. Eso fue un ataque en el pecho traspasando por la espalda. Una latente punsada.
— Ah sí…—trate de sonreír más no pude hacerlo, lo único que logre hacer fue una mueca rara.
— ¿Estas feliz Rose? —Pregunto el enano
—Mucho, nunca había estado en un lugar así que yo recuerde. Es como si estuviera en casa Corongio
—Que así sea…compartiremos la misma felicidad mi querida princesa
— ¿Princesa? no digas boberías Corongio. Mejor bajemos y disfrutemos—Rosalinda observo extrañada al pequeño ser y luego detuvo su vista en mí.
¿Abra notado mi reacción después de esta corta conversación? Me sentía realmente confundido. El miedo a no verla jamás se hacía presente en mi cabeza como pinchazos profundos. ¿Por qué Maldita sea? No debía sentir compasión por ella. Eso no sólo estaba prohibido, debía odiarla como el enemigo que era. — Abominable y despreciable criatura—cavilé
—Corongio ¿Pasa algo que debería saber? — rasgó mis oídos con su réproba pero dulce voz 

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