VII; La espada de plata (7)
Tu pecado fue nacer en un momento inoportuno. . .
Rosalinda
Se formó un nudo en mi garganta, temerosa de escuchar un “no” de sus finos labios. Sus penetrantes ojos me miraron calcinando la última ilusión que me quedaba por prolongar el apasionado momento. Toqué su cálida mejilla, obligándole a mirarme de nuevo. Atel vacilo unos instantes antes de contestar a mi pregunta.
—Solo sé que esto no va volver a pasar…Rose—en los ojos del joven se podía advertir confusión e ira en una coexistente brasa. Una mirada contundente que logro intimidarme. Después se ajusto la camisa y se acomodó los cabellos alborotados que tan bien le sentaban. Dándole el aspecto de chico rudo.
—Ve por Corongio y avísale que nos vamos. —Me dio la espalda y cruzo el rio a grandes zancadas por encima de las grandes piedras que servían como puente.
Había admitido que me deseaba tanto como yo a él. No obstante era tal el nivel de su orgullo que se negaba a contestar directamente mi cuestión. Sabía que había algo que lo hacía evadirme. Si eso era. Eso me hizo pensar en una tercera persona, ya sea su novia, prometida o esposa. Estúpida, yo sería la tercera persona si así lo fuera. “Ingenua” Sacudí esos pensamientos. No creía soportar la imagen de ver a sus labios besando otros que no fueran los míos. Ya no me creía capaz.
— ¿Por qué haces esto? —le grite con un atisbo de tristeza. Me fulmino con la mirada.
—Estar cerca de ti no me hace ningún bien y además… Ahora haz lo que te ordeno—respondió tajante. Apreté con fuerza los nudillos. Y retrocedí para ir en busca del pequeño hombrecillo. Cuando lo vi avanzando en mi dirección.
— ¿Estás bien? ¿Qué te ha hecho ese despreciable? Dime Rose— A pesar de que me había esforzado en no llorar las lágrimas me traicionaron.
—Estoy bien— respire hondo—, Atel nos está esperando al cruce del rio—avisé
—Estúpidas criaturas escupe fuego. —murmuró para sí mismo. Sin embargo alcance a oirle.
— ¿De qué hablas? —honestamente lo notaba más preocupado de lo normal
—No puedo decirte nada, él podría oírnos—tomo mi mano y en señas de “Es un secreto” me pidió ponerme a su altura”.
—Él es peligroso…
—No entiendo ¿Qué demonios Corongio?—comenzaba a sacarme de mis casillas— ¡Habla ya! — le exigí soltándome de sus diminutas manos. Mi cabeza estaba a punto de estallar.
— ¿Sobre qué hay que hablar? —Calixto intervino. El enano trago saliva, lo vi hacerlo.
—Te maldigo Calixto Atel—Oí una risita de parte del joven
—Quiero saber que pasa ¿Ya se conocían? Me tienen que decir a donde vamos—
—Ya te dije que es una sorpresa— la voz de Calixto sonó diferente, un tanto melancólica. Bien, llegue al límite.
—No me gustan las sorpresas. Me largo—me aleje caminando a pasos estirados. Un brazo me tomo y me subió al hombro sin ninguna dificultad “Era Calixto”
— No estoy de humor para rabietas chiquilla berrinchuda—golpe su espalda con los puños cerrados
—Y yo estoy cansada de tu estúpida indiferencia y tu altanería ¡Bájame!
—Deja de hacer eso —me ordeno
— ¿Crees que puedes besar a cualquier chica y después actuar como si nada hubiera pasado?
—En primer lugar tu me besaste y dije que no quería hablar sobre eso —Uh ¡Golpe bajo! “Canalla” “Miserable”. Tenía razón yo fui la que le había pedido intentarlo.
—Tú lo hiciste después… ¿Lo recuerdas? ¡Bájame maldito granuja!
— ¿Dejaras de patalear maldita testaruda? — me la devolvió tajante
—No
—Entonces ahí te quedas
—De acuerdo— me rendí
—Te odio Calixto Atel— dije una vez que las suelas de mis zapatillas tocaron tierra.
— ¿Me amas y luego me odias? —esbozo una sonrisa. Nuestras miradas chocaron.
— ¡Búrlate! — De buenas Corongio no estaba para presenciar esta ridícula escena. Hubiera sido humillante y demasiado embarazoso.
—Yo también te odio y no sabes cuánto— respondió con seriedad. Me di cuenta que ocultaba algo tras ese celestial color de sus ojos.
— ¿Sabes? No hay una persona que mienta más que tú. ¿Qué ingenua no? Creer que de verdad te interesabas en mí—se quedo perplejo pero no tardo en recobrar la serenidad.
En un santiamén su brazo se aferro ágil a mi cintura atrayéndome con fuerza hacia él. Su rostro a escasos centímetros y sus labios tan cerca harían que mi corazón dejara de latir en cualquier momento. Eso sería mortal. Baje la mirada.
—Mírame—articulo mientras alzaba mi mentón con suma delicadeza.
—Tienes que irte—estoy segura que mis ojos se abrieron más de lo normal
— ¿Po-r qu-e? —tartamudee
Sus labios se aprensaron a los míos en un fugaz pero maravilloso beso. Llevándome al cielo y haciendo volar un millón de chispas dentro y fuera de mi cuerpo. Me volvió a mirar y con sus dos manos toco mis mejillas con desesperación.
—Vete Rose, Vete ahora que puedes
—No entiendo… ¿Qué pasa? —dije con la voz entrecortada y ya a cierta distancia. Me di cuenta del giro de 180º que daba la historia.
—Vete. Corre ya Maldita sea—grito exasperante. —Y no regreses…
Sin saber que hacía y porque lo hacía me introduce al bosque.
***
¿Qué hago?
“Tengo que regresar” lo pensé varias veces mientras las lagrimas caían abundantes y no dejaba de correr.
Nos besamos, me pidió no volver hacerlo, luego Calixto me beso de nuevo. Y luego mis arrebatos completamente absurdos y sin motivo. Y ahora en este preciso instante me veo corriendo como alma sin rumbo entre los frondosos y gigantes arces. ¿De quién huía? ¿Qué demonios pasaba? Si no había cometido pecado alguno.
Tropecé y caí .Aún con las gotas resbalando por mi cuello, me quede ahí en el suelo. Perdida y absorta de lo que había sucedido.
— ¿Estas perdida? —pregunto una dulce voz
Con el rostro húmedo y con restos de tierra en la cara. Alcé la vista para identificar a la persona que me hablaba. Era una linda joven de cabellos oscuros almendrados y ojos verdes, muy verdes. Por un momento creí a ver visto los ojos de Calixto, algunos pequeños rasgos similares cuando se le estiraba la piel al sonreír, pero recordé que los de él eran más azules que el océano mismo. Asentí.
— ¿Tu nombre es Rosalinda o me equivoco?
— ¿Nos conocemos de antes? —indague. Al tiempo que le daba mayor importancia a su inoportuna aparición, así que me arrodille dejando caer mis muslos en las pantorrillas.
—Estoy casi segura de eso—esbozo una amplia sonrisa
—Yo no recuerdo. Lo siento.
— Conozco a una persona que te puede ayudar a recobrar la memoria— me tendió la mano
— ¿Y quién eres tú?
—Kenny— sonrió
—Si me ayudará a recordar. Entonces vamos. No hay que esperar—quite la última lágrima que rodaba por mi mejilla.
Trate de aparentar ser valiente. Y al parecer lo estaba logrando. Aunque por dentro estaba llena de dudas, confusiones y miedo.
Contemple cada centímetro del magnífico lugar. Resolverían todas mis dudas. Pensé. Emocionada y ansiosa avance a pasos más largos y estirados.
Era un castillo esplendoroso en toda su magnitud, ubicada delante de una montaña más extensiva todavía, quemada y sin color. Quizás un tenue grisáceo. A sus lados lo adornaba una especie de dragón con garras tan largas como sus colmillos. Y en las torres más altas, su tonalidad era un magnifico plateado. Y bueno, las banderillas de dragones que se bamboleaban en dirección al viento le daban un toque real. Un lugar anodino y apagado, pero no por eso dejaba de ser fantástico y maravilloso.
—Llegamos—aviso Kenny a la que le deducía unos cinco o quizás seis años mayor que yo.
—Eso imagine—dije. Y seguimos subiendo por el sendero.
Esas “cosas” se ayeaban por doquier. Eran unas figuras siniestras. Monstruosas. Sus ojos aunque de piedra fueran me seguían expectantes. Vacile unos instantes en si seguir o mejor volver. La sombría apariencia del lugar daba mucho que pensar. Pero no, con franqueza anhelaba, requería saber el pasado que me rodeaba antes de que Calixto Atel llegara inexplicable e inesperadamente a mi vida. Y así descifrar el misterio.
— ¿Qué es eso? — pregunte curiosa ante la escultura de un una mujer con aspecto audaz y valeroso. Seguido de la de un hombre bravo y robusto. Situadas en un lugar sin decoro, abandonadas y apartadas de las demás.
—Solo son simples estatuas Rosalinda— Exquisito mármol. Confirme al rozarlas con las yemas de mis dedos. Pude sentir como los vellos de mis brazos y espalda se erizaron.
—Hermana has llegado…y con nuestra invitada. Madre estará muy contenta por esto—finalizo en una sonrisa que creí no muy digna para una bienvenida… ¿Me esperaban?
— ¿Por qué no vamos con ella? —Me invito Kenny—, quiere ver tu rostro—Las chicas eran gemelas. Su parecido era extraordinario. Solo las diferenciaba el tono del largo cabello. La de la otra era un intenso negro azabache más oscuro que el de Kenny.
—Bienvenidas— se oyó otra voz. ¿Por qué este sitio estaba lleno de mujeres? La chica me obsequio una sonrisa que no pude describir. Subimos las largas escaleras. Al ver la extensión y la cúspide de la colosal puerta creí que en cualquier momento se desplomaría y acabaría con todo a su paso. Incluyéndome.
—Adelante Querida, no tengas miedo—Era la mujer más bella que mis ojos hubiesen contemplado. Sus ojos eran de un enérgico verde azulado y cada una de sus facciones tan similares a los de... No. Imposible. “Paranoico”
Una mujer escultural, sensual y de apariencia refinada. Un lado que yo jamás tendría. “¿Cuántos años tendrá?” Me pregunte por varios segundos hasta que la radiante dama me despojo de mis ideas. “¿Treinta, treinta y cinco años acaso?” volví a pensar.
—Ven acércate hija—se levanto de su gran silla. Y yo hice una torpe reverencia.
—Eres incluso más hermosa que tu madre—me observo desde la punta de los pies a la cabeza
—No sabía que tenía una familia—salió un tono de asombro en mi voz
— ¡Oh! La tuviste querida... —su sonrisa de cortesía se desvaneció casi por completo— Bien… ya te he visto lo suficiente— Adelante hijo mío—En el interior habitaban diferentes semblantes femeninos que nos miraban detalladamente. Ahora su hijo estaba a su derecha y las gemelas a su izquierda.
— ¿Calixto? —Atel veía al frente con la mirada perdida. Su compostura era rígida y como siempre firme. Mi corazón volvió a dar latidos a gran potencia. Por un momento creí que todo se resolvería, sin embargo no me miro.
—Lo hiciste demasiado fácil querida—el rostro de la bella mujer se transformo en una clara muestra de repugnancia. — ¡Saquen de mi vista a esta inmunda creatura! — Al instante dos mujeres intercedieron en la escena. Tomándome con fuerza de los brazos.
— ¡Suéltenme!, Atel…— él seguía en la misma compostura, mirando al frente. Ignorándome por completo. — ¿Calixto? — dije en un hilo de voz.
— Kenny y Shana ya saben lo que tienen que hacer. En cuanto a ti—me apunto con su dedo índice— Veo que tus padres adoptivos no te enseñaron a no confiar en los extraños—Soltó una risotada mientras las gemelas se acomodaban al frente para liderar a las mujeres que me sujetaban con fuerza y me arrastraban a las afueras del castillo.
“Él es igual de perverso como su madre” recordé aquella oración del enano refiriéndose a Calixto. “Lazo Familiar” Entendía… ella era su madre. Ambos eran despreciables, pues la misma sangre corría en sus venas .Corongio siempre trato de decírmelo y para mi desgracia yo estaba cegada por el amor. ¿Dónde estará él ahora?
— ¿Quiénes son ustedes? —cuestione en zarandeos
—La pregunta correcta seria. ¿Qué son ustedes? —respondió la gemela que respondía al nombre de Shana
—Mi princesa— oí murmurar— ¿Quién eres? ¿Eres tu Corongio?—Pregunte confusa al tiempo que me arrojaban al calabozo y caía de rodillas. Cerraron la puerta.
—Hasta el anochecer—aviso Kenny con burla
— ¡Mentirosa!—grite una vez que sentí los pasos de las gemelas desvanecerse. Le di una patada a la puerta. En vano. Me deslice por la puerta flexionando las rodillas.
“Bailas bien At, que bueno que te decidiste bailar
Me vi obligado
¿Crees en el amor? —Me acerque nerviosa
Depende de qué tipo de amor. Aunque ciertamente no—contesto frívolamente
El de un hombre y una mujer
No, tu mirada dice otra cosa
No sé qué me pasa contigo, no debo pero te deseo Rose—sus manos bajaron por mi cintura.”
Embustero. Farsante. Todo era planeado. Las lágrimas fluyeron desbordantes. Los últimos meses había vivido engañada. “Maldita Ingenua, Eres una tonta. Tonta”
No me hubiera enamorado de él, jamás hubiera besado esos labios que me desequilibraban y me hacían flaquear, perderme en esos ojos fulgurantes como el cielo. Y electrizarme al tacto de su piel…Todo fue una mentira…
—Rose—dijeron en un susurro
— ¿Corongio?
— Sí, soy yo
— Debí haberte escuchado—dije entre sollozos y la respiración entrecortada
— No debes llorar. La princesa Crisoberilo no debe derramar una sola lágrima por esas bestias.
— ¿Reina?
— Lo eres mi querida Rosalinda…
— Mi cabeza me da vueltas, quiero saber que está pasando—respire hondo y limpie mi semblante húmedo— ¿Qué son ellas? Dijeron que esa sería la pregunta correcta y quiero saber. El enano tardo unos minutos en hablar. Si no es porque vuelvo a reiterar la pregunta.
— Dragones Rose…
La puerta se abrió y oí un golpe al otro lado donde se ayeaba Corongio.
—Te prohibieron dirigirle la palabra maldita escoria de criatura
— ¿Qué le hacen?
—Sus Majestades, La Reina y el príncipe Calixto Atel desean verle de nuevo
—Yo no quiero verlos a ninguno de los dos—espete en cólera. De todas maneras me sacaron arrastras. Al fin de todo quería escupirle en la cara al “Príncipe Calixto Atel”
— ¿Qué quieren? — dirigí una mirada de llena de furia a Calixto.
— Yo soy tu reina incompetente. No debes hablarnos así. Arrodíllate
—Jamás… además Yo también lo soy—manifesté aunque no estuviera segura que en verdad lo fuese. Aun así los ojos de la mujer se abrieron como platos para luego disipar una venidera carcajada. El joven detuvo su mirada en mí esta vez. Sus ojos se veían tristes pero no caídos. “Tu conciencia imbécil”
— ¿Qué tanto me ve? — Me dirigí a él—Ya veo lo que se proponía…Su Majestad—simulé una reverencia.
—Atrevida—oí el bullicio entre las mujeres sirvientes.
—Todo está listo madre— Shana apareció
—Perfecto—Atel le dio un beso a su madre en la mano albugínea y esta salió con paso elegante. Disitnguido.
De nuevo los brazos forzudos me enredaron
—No me toquen, yo puedo sola—los ojos de Calixto no dejaban de observarme. Lamento decir que siguieron intimidándome de la misma forma en que lo habían hecho siempre.
— ¡Que me suelten!
—Suéltenla—hablo por fin el joven traidor
—Ojala te pudras en el infierno Calixto Atel—El amor quedo encerrado por una capa llamada Odio. Desprecio y Venganza.
Las gemelas me sacudían con fuerza y podía distinguir a Calixto y a la agraciada mujer dirigiéndose hacia nosotros. Me sacudía con fuerza pero era inútil, eran demasiado fuertes—Sabia que te arrepentirías de haber jugado con nosotras—recordé la voz de Shana como si lo viviera en el momento preciso.
De nuevo estaba en el parque corriendo a través de los árboles y las sombras brincando en ellos persiguiéndome a toda velocidad
— Ustedes son las sombras—mencione en un hilo de voz. Ahora eran verdaderamente humanas, si es que lo eran. ¿Corongio habrá dicho la verdad sobre ellas?
Con gran ímpetu me lanzaron contra una roca y me amarraron de las manos con cadenas extendiéndome en una x. El olor a hierro se hizo brío.
— ¿Qué les he hecho?, ¿Por qué hacen esto? —exigí saber.
—Ya no grites, me aturdes—dijo Kenny. Otra Farsante.
De inmediato contemple las caras de Calixto Atel y su madre. El chico desviaba su mirada hacia Kenny y Shana.
— ¿Quién es usted? ¿Y Por qué hace esto?
— ¿Crees que mereces saberlo? Soy Myleshia, Reina y Emperadora de la Bestias de Fuego. Eres la viva imagen de tu padre al morir. Tu última noche…Es tu turno, hijo mío. Por siempre de todos los siglos. Gobernando generaciones por generaciones—Se dirigió a Calixto haciéndole entrega de una espada que brillaba en el resplandor de la luna abriéndose paso entre las resplandecientes estrellas
— Te hago entrega de uno de mis más preciados tesoros: La espada de plata—él la coloco entre sus manos admirando su resplandor
— ¿Qué van hacer conmigo?— Seguí forcejeando sabiendo que de nada serviría. Lo tenía todo claro y ahora era demasiado tarde. Calixto se acerco a la piedra llevando consigo la espada que le había obsequiado Myleshia. Las lágrimas salieron convertidas en un sosegado llanto. Pese a que Corongio me exigió no hacerlo.
No lloraba por mi vida, más bien por el dolor del engaño…la decepción
—Te aborrezco Calixto Atel. No sé cómo pude enamorarme de ti. TE ODIO CON TODAS MIS FUERZAS—Una lágrima rodó por su mejilla. “Ilusorio”
—Acaba con esto Calixto— pronuncio Kenny
—No puedo hacerlo—Comenzó a vacilar con la espada y las manos temblorosas. En un aliento oí su voz en un susurro y ahora estaba preparada para lo que proseguía.
—Te amo Rose...con la misma fuerza con la que es tu odio por mi. Perdòname...— Tome un respiro y cerré los ojos. Tal vez esas palabras pronunciadas de sus labios habían sido mi más profundo deseo antes de morir
— ¡Intrusas! —gritaron las gemelas seguido de un estallido de dolor. Una muerte fugaz. No al dolor prolongado.
—No se atrevan a tocarla—oí una voz diferente. Protectora…
— ¿Tu nombre es Rosalinda o me equivoco?
— ¿Nos conocemos de antes? —indague. Al tiempo que le daba mayor importancia a su inoportuna aparición, así que me arrodille dejando caer mis muslos en las pantorrillas.
—Estoy casi segura de eso—esbozo una amplia sonrisa
—Yo no recuerdo. Lo siento.
— Conozco a una persona que te puede ayudar a recobrar la memoria— me tendió la mano
— ¿Y quién eres tú?
—Kenny— sonrió
—Si me ayudará a recordar. Entonces vamos. No hay que esperar—quite la última lágrima que rodaba por mi mejilla.
Trate de aparentar ser valiente. Y al parecer lo estaba logrando. Aunque por dentro estaba llena de dudas, confusiones y miedo.
***
Contemple cada centímetro del magnífico lugar. Resolverían todas mis dudas. Pensé. Emocionada y ansiosa avance a pasos más largos y estirados.
Era un castillo esplendoroso en toda su magnitud, ubicada delante de una montaña más extensiva todavía, quemada y sin color. Quizás un tenue grisáceo. A sus lados lo adornaba una especie de dragón con garras tan largas como sus colmillos. Y en las torres más altas, su tonalidad era un magnifico plateado. Y bueno, las banderillas de dragones que se bamboleaban en dirección al viento le daban un toque real. Un lugar anodino y apagado, pero no por eso dejaba de ser fantástico y maravilloso.
—Llegamos—aviso Kenny a la que le deducía unos cinco o quizás seis años mayor que yo.
—Eso imagine—dije. Y seguimos subiendo por el sendero.
Esas “cosas” se ayeaban por doquier. Eran unas figuras siniestras. Monstruosas. Sus ojos aunque de piedra fueran me seguían expectantes. Vacile unos instantes en si seguir o mejor volver. La sombría apariencia del lugar daba mucho que pensar. Pero no, con franqueza anhelaba, requería saber el pasado que me rodeaba antes de que Calixto Atel llegara inexplicable e inesperadamente a mi vida. Y así descifrar el misterio.
— ¿Qué es eso? — pregunte curiosa ante la escultura de un una mujer con aspecto audaz y valeroso. Seguido de la de un hombre bravo y robusto. Situadas en un lugar sin decoro, abandonadas y apartadas de las demás.
—Solo son simples estatuas Rosalinda— Exquisito mármol. Confirme al rozarlas con las yemas de mis dedos. Pude sentir como los vellos de mis brazos y espalda se erizaron.
—Hermana has llegado…y con nuestra invitada. Madre estará muy contenta por esto—finalizo en una sonrisa que creí no muy digna para una bienvenida… ¿Me esperaban?
— ¿Por qué no vamos con ella? —Me invito Kenny—, quiere ver tu rostro—Las chicas eran gemelas. Su parecido era extraordinario. Solo las diferenciaba el tono del largo cabello. La de la otra era un intenso negro azabache más oscuro que el de Kenny.
—Bienvenidas— se oyó otra voz. ¿Por qué este sitio estaba lleno de mujeres? La chica me obsequio una sonrisa que no pude describir. Subimos las largas escaleras. Al ver la extensión y la cúspide de la colosal puerta creí que en cualquier momento se desplomaría y acabaría con todo a su paso. Incluyéndome.
—Adelante Querida, no tengas miedo—Era la mujer más bella que mis ojos hubiesen contemplado. Sus ojos eran de un enérgico verde azulado y cada una de sus facciones tan similares a los de... No. Imposible. “Paranoico”
Una mujer escultural, sensual y de apariencia refinada. Un lado que yo jamás tendría. “¿Cuántos años tendrá?” Me pregunte por varios segundos hasta que la radiante dama me despojo de mis ideas. “¿Treinta, treinta y cinco años acaso?” volví a pensar.
—Ven acércate hija—se levanto de su gran silla. Y yo hice una torpe reverencia.
—Eres incluso más hermosa que tu madre—me observo desde la punta de los pies a la cabeza
—No sabía que tenía una familia—salió un tono de asombro en mi voz
— ¡Oh! La tuviste querida... —su sonrisa de cortesía se desvaneció casi por completo— Bien… ya te he visto lo suficiente— Adelante hijo mío—En el interior habitaban diferentes semblantes femeninos que nos miraban detalladamente. Ahora su hijo estaba a su derecha y las gemelas a su izquierda.
— ¿Calixto? —Atel veía al frente con la mirada perdida. Su compostura era rígida y como siempre firme. Mi corazón volvió a dar latidos a gran potencia. Por un momento creí que todo se resolvería, sin embargo no me miro.
—Lo hiciste demasiado fácil querida—el rostro de la bella mujer se transformo en una clara muestra de repugnancia. — ¡Saquen de mi vista a esta inmunda creatura! — Al instante dos mujeres intercedieron en la escena. Tomándome con fuerza de los brazos.
— ¡Suéltenme!, Atel…— él seguía en la misma compostura, mirando al frente. Ignorándome por completo. — ¿Calixto? — dije en un hilo de voz.
— Kenny y Shana ya saben lo que tienen que hacer. En cuanto a ti—me apunto con su dedo índice— Veo que tus padres adoptivos no te enseñaron a no confiar en los extraños—Soltó una risotada mientras las gemelas se acomodaban al frente para liderar a las mujeres que me sujetaban con fuerza y me arrastraban a las afueras del castillo.
“Él es igual de perverso como su madre” recordé aquella oración del enano refiriéndose a Calixto. “Lazo Familiar” Entendía… ella era su madre. Ambos eran despreciables, pues la misma sangre corría en sus venas .Corongio siempre trato de decírmelo y para mi desgracia yo estaba cegada por el amor. ¿Dónde estará él ahora?
— ¿Quiénes son ustedes? —cuestione en zarandeos
—La pregunta correcta seria. ¿Qué son ustedes? —respondió la gemela que respondía al nombre de Shana
—Mi princesa— oí murmurar— ¿Quién eres? ¿Eres tu Corongio?—Pregunte confusa al tiempo que me arrojaban al calabozo y caía de rodillas. Cerraron la puerta.
—Hasta el anochecer—aviso Kenny con burla
— ¡Mentirosa!—grite una vez que sentí los pasos de las gemelas desvanecerse. Le di una patada a la puerta. En vano. Me deslice por la puerta flexionando las rodillas.
“Bailas bien At, que bueno que te decidiste bailar
Me vi obligado
¿Crees en el amor? —Me acerque nerviosa
Depende de qué tipo de amor. Aunque ciertamente no—contesto frívolamente
El de un hombre y una mujer
No, tu mirada dice otra cosa
No sé qué me pasa contigo, no debo pero te deseo Rose—sus manos bajaron por mi cintura.”
Embustero. Farsante. Todo era planeado. Las lágrimas fluyeron desbordantes. Los últimos meses había vivido engañada. “Maldita Ingenua, Eres una tonta. Tonta”
No me hubiera enamorado de él, jamás hubiera besado esos labios que me desequilibraban y me hacían flaquear, perderme en esos ojos fulgurantes como el cielo. Y electrizarme al tacto de su piel…Todo fue una mentira…
***
—Rose—dijeron en un susurro
— ¿Corongio?
— Sí, soy yo
— Debí haberte escuchado—dije entre sollozos y la respiración entrecortada
— No debes llorar. La princesa Crisoberilo no debe derramar una sola lágrima por esas bestias.
— ¿Reina?
— Lo eres mi querida Rosalinda…
— Mi cabeza me da vueltas, quiero saber que está pasando—respire hondo y limpie mi semblante húmedo— ¿Qué son ellas? Dijeron que esa sería la pregunta correcta y quiero saber. El enano tardo unos minutos en hablar. Si no es porque vuelvo a reiterar la pregunta.
— Dragones Rose…
La puerta se abrió y oí un golpe al otro lado donde se ayeaba Corongio.
—Te prohibieron dirigirle la palabra maldita escoria de criatura
— ¿Qué le hacen?
—Sus Majestades, La Reina y el príncipe Calixto Atel desean verle de nuevo
—Yo no quiero verlos a ninguno de los dos—espete en cólera. De todas maneras me sacaron arrastras. Al fin de todo quería escupirle en la cara al “Príncipe Calixto Atel”
***
— ¿Qué quieren? — dirigí una mirada de llena de furia a Calixto.
— Yo soy tu reina incompetente. No debes hablarnos así. Arrodíllate
—Jamás… además Yo también lo soy—manifesté aunque no estuviera segura que en verdad lo fuese. Aun así los ojos de la mujer se abrieron como platos para luego disipar una venidera carcajada. El joven detuvo su mirada en mí esta vez. Sus ojos se veían tristes pero no caídos. “Tu conciencia imbécil”
— ¿Qué tanto me ve? — Me dirigí a él—Ya veo lo que se proponía…Su Majestad—simulé una reverencia.
—Atrevida—oí el bullicio entre las mujeres sirvientes.
—Todo está listo madre— Shana apareció
—Perfecto—Atel le dio un beso a su madre en la mano albugínea y esta salió con paso elegante. Disitnguido.
De nuevo los brazos forzudos me enredaron
—No me toquen, yo puedo sola—los ojos de Calixto no dejaban de observarme. Lamento decir que siguieron intimidándome de la misma forma en que lo habían hecho siempre.
— ¡Que me suelten!
—Suéltenla—hablo por fin el joven traidor
—Ojala te pudras en el infierno Calixto Atel—El amor quedo encerrado por una capa llamada Odio. Desprecio y Venganza.
***
Las gemelas me sacudían con fuerza y podía distinguir a Calixto y a la agraciada mujer dirigiéndose hacia nosotros. Me sacudía con fuerza pero era inútil, eran demasiado fuertes—Sabia que te arrepentirías de haber jugado con nosotras—recordé la voz de Shana como si lo viviera en el momento preciso.
De nuevo estaba en el parque corriendo a través de los árboles y las sombras brincando en ellos persiguiéndome a toda velocidad
— Ustedes son las sombras—mencione en un hilo de voz. Ahora eran verdaderamente humanas, si es que lo eran. ¿Corongio habrá dicho la verdad sobre ellas?
Con gran ímpetu me lanzaron contra una roca y me amarraron de las manos con cadenas extendiéndome en una x. El olor a hierro se hizo brío.
— ¿Qué les he hecho?, ¿Por qué hacen esto? —exigí saber.
—Ya no grites, me aturdes—dijo Kenny. Otra Farsante.
De inmediato contemple las caras de Calixto Atel y su madre. El chico desviaba su mirada hacia Kenny y Shana.
— ¿Quién es usted? ¿Y Por qué hace esto?
— ¿Crees que mereces saberlo? Soy Myleshia, Reina y Emperadora de la Bestias de Fuego. Eres la viva imagen de tu padre al morir. Tu última noche…Es tu turno, hijo mío. Por siempre de todos los siglos. Gobernando generaciones por generaciones—Se dirigió a Calixto haciéndole entrega de una espada que brillaba en el resplandor de la luna abriéndose paso entre las resplandecientes estrellas
— Te hago entrega de uno de mis más preciados tesoros: La espada de plata—él la coloco entre sus manos admirando su resplandor
— ¿Qué van hacer conmigo?— Seguí forcejeando sabiendo que de nada serviría. Lo tenía todo claro y ahora era demasiado tarde. Calixto se acerco a la piedra llevando consigo la espada que le había obsequiado Myleshia. Las lágrimas salieron convertidas en un sosegado llanto. Pese a que Corongio me exigió no hacerlo.
No lloraba por mi vida, más bien por el dolor del engaño…la decepción
—Te aborrezco Calixto Atel. No sé cómo pude enamorarme de ti. TE ODIO CON TODAS MIS FUERZAS—Una lágrima rodó por su mejilla. “Ilusorio”
—Acaba con esto Calixto— pronuncio Kenny
—No puedo hacerlo—Comenzó a vacilar con la espada y las manos temblorosas. En un aliento oí su voz en un susurro y ahora estaba preparada para lo que proseguía.
—Te amo Rose...con la misma fuerza con la que es tu odio por mi. Perdòname...— Tome un respiro y cerré los ojos. Tal vez esas palabras pronunciadas de sus labios habían sido mi más profundo deseo antes de morir
— ¡Intrusas! —gritaron las gemelas seguido de un estallido de dolor. Una muerte fugaz. No al dolor prolongado.
—No se atrevan a tocarla—oí una voz diferente. Protectora…

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