Imagen del capitulo ( por razones no se acepta en blog)
VIII; Engaño y Verdad
( 8 )En ti cae un hechizo... ¡Justicia de su muerte!, ¡Justicia por su vida!. Vive maldito como una bestia, revuèlcate de dolor la noche del fin de tu existencia...Eternamente Bestial. . .
Calixto Atel
—Te aborrezco Calixto Atel. No sé cómo pude enamorarme de ti. TE ODIO CON TODAS MIS FUERZAS —De sus ojos escurrían gotas de aquel líquido puro de una hada de sangre azul. Esas bellas perlas oscuras me habían mirado con amor y ahora yo los destruiría cerrándolos para no abrirse nunca más.
—Acaba con esto Calixto— pronuncio Kenny. Una lágrima oculta y salada salió de mi interior… La amaba más que la ambición del poder permanente. Mucho más que a mí propia vida…
—No puedo hacerlo—Comencé a vacilar con la espada y las manos temblorosas. Sus parpados se inclinaron, en espera de una muerte sin salida. Sin escapatoria… Una lágrima rodó introduciéndose en sus cabellos extendidos en la fría piedra.
—Te amo Rose...con la misma fuerza con la que es tu odio por mí… Perdóname…— dejándome caer de rodillas y con los brazos a los costados, la espada de plata cayó en un ensordecedor impacto en el suelo.
— ¡Intrusas! —Grite de dolor al sentir el incruste de algo punzo cortante en mi hombro derecho. Una flecha era el objeto que se había incrustado en mi carne.
— ¡Calixto! —Myleshia estaba a un lado mío.
—No se atrevan a tocarla—una voz firme retumbo en mis oídos. Con la flecha clavada me gire en busca de aquella voz. Era la misma chica de cabellos dorados, guapa y alta del pueblo que me amenazaba con su probablemente afilada espada. Había cambiado su vestido ligero por un atavió pesado.
— ¿Ustedes como pudieron? Están… extintas…— mi progenitora expulsaba la viva furia en sus ojos.
—Déjala ir Myleshia—ordeno la de cabello ondulado y obscuro apuntando con su arco. De reojo vi como Kenny sacaba su respectiva espada lanzándose sobre ella
— ¡Kenny NO!—le advertí tocando mi herida donde recién extraía la flecha.
Las armas se crispaban entre choques excelentemente manipulados por parte de las guerreras. Yo no podía permitir que humillaran a mis hermanas, después de todo, eran la misma sangre que corría por mis venas.
—Desátala Henlie—la más joven y pelirroja correspondía a ese nombre. Se acerco a la piedra de un sólo salto mientras sus alas se extendían en un extraordinario aleteo al destello de la luz de la luna. Entonces lo pensé. Esto serviría de distracción, Rosalinda podría escabullirse con el apoyo de sus salvadoras con solo unos cuantos obstáculos.
— ¡Oye tu! — trate de llamar su atención. La rubia se giro hacia a mí en un fugaz movimiento rozando su espada por mi cara. A escasos milímetros para ser más precisos.
— Vamos apunta bien—ella luchaba por traspasarme en cualquier rincón de mi cuerpo y yo por evadirla. Era mejor de lo que había pensado, un poco menos de concentración y estaría perdido.
— Eres un asco de hombre— exclamo
—Y tú de guerrera— esto la irrito tanto que dejo escapar un grito impetuoso y lleno de furor. Busque a mi madre por todos lados y efectivamente luchaba al igual que todos nosotros contra aquellas fieras de semblantes angelicales arrojándoles bolas de fuego de las palmas de sus blanquecinas manos que ahora se convertían en tenebrosas garras.
—Ella me pertenece—le oí decir aludiendo sobre Rosalinda
—Salgamos
— ¿Quiénes son? —pregunto Rose con recelo y en medio de una mayor confusión
—Preguntas después ahora tenemos que salir de aquí, ¡Vuela Marie!
— ¿Qué?
Rosalinda en verdad no tenía idea de nada. De donde venia y mucho menos quien era y porque estaba aquí. Los ojos de mi oponente se habían tornado dorados.
— Te toca perder—dijo con una sonrisa enseñando una dentadura perfecta.
— ¿Qué esperas Destiny?— le cuestiono una de las jóvenes guerreras desde las alturas, llevando con ellas a la chica de la que no debí haberme enamorado jamás. La que siempre había tenido razón. Siempre… “El fingir seria un completo fracaso”
—No seas estúpido ve tras ellas— mi madre no deseaba otra cosa que acabar con ella. En el cielo se veía a las gemelas y el batallón femenino del reino de Myleshia contendiendo a las cuatro chicas. Trate de darles tiempo sin que se viera notorio lo que me proponía. Dejarlas escapar ‹ ¡QUE ESPERAS! repitió mi madre en constantes rabietas.
Sólo fue cuestión de segundos para la transformación completa de un dragón. Se habían intercambiado la tal Destiny por la pelirroja sobre el brazo de Rose. Mis alas eran de un negro azulado y median aproximadamente nueve metros de longitud cada una. Nunca las había medido con exactitud, pues era cosa que no me interesaba saber en lo absoluto. De lo que si sabía y estaba completamente seguro de ello, era que seguiría siendo hasta el último día de mi existencia un gigante monstruo en el cuerpo de un hombre, a menos que rompiera la maldición del Crisoberilo. Algo que veía muy lejos de lograr, porque en medio de toda aquella realización para romper el hechizo, se encontraba el amor de mi vida. Corrección: Mi vida entera. Rosalinda ahora era mi vida misma, la mujer que electrizaba mis cinco sentidos por el simple hecho de dirigirme la palabra con aquel tenue y musical hablar.
Aleteé con fuerza hasta elevarme a una altura considerable.
Rosalinda
Parpadee tres veces para asegurarme de que esto no fuera más que un estúpida pesadilla. No obstante la imagen continúo siendo la misma. Dos chicas me llevaban ayudándose entre sí por los aires. Dragones por todos lados expulsaban fuego de sus hocicos y solo nosotras éramos humanas. De nuevo me preguntaba. ¿Qué clase de mundo era este? De una cosa si estaba convencida. ERA UN PLANETA MÀGICO.
—Calixto viene detrás Henlie—advirtió la joven morena. De soslayo, desesperada lo busqué por el suelo.
— No lo encontraras abajo—dijo al darse cuenta de mi ansiosa búsqueda. Para después mostrármelo en medio del cielo. ERA UN DRAGON, el mismo que vi aquella primera vez en las tierras de Garlenhia. Con un tamaño realmente colosal a comparación de los otros que median escasamente alrededor de diez metros con las alas extendidas.
— Yo me encargo de ellas y él, asegúrense de que este a salvo—grito la chica más joven. La pelirroja.
—Ten cuidado y aguarda la distancia—le respondió la muchacha de cabellos dorados y extensivos para después volar a toda prisa con el apoyo de la otra llevando la carga de todo mi peso. El calor se desvanecía silenciosamente en el aire.
***
Luego de un escape satisfactorio me introdujeron en una cueva.
De inmediato me solté de ellas. — ¿Pueden explicarme que paso allá? — Mi corazón aún daba grandes golpeteos y sentía correr lágrimas por mi cara—DIGANME QUE ESTA PASANDO— tuve un ataque de histeria por entender lo que acontecía.
— ¿En verdad no lo sabes? —pregunto la que respondía al nombre de Marie
—No seas tonta Marie, crees que si lo supiera, fuera tan estúpida como para confiar en ellos—mascullo insensible a mis sentimientos.
—Se mas sensible amiga y date cuenta de lo que dices. ESE tipo la engatusó. La engaño Destiny ¿Podrías intentar ser más perceptible?—la chica pareció asentir al problema sin embargo no hizo nada por disculparse.
—Solo quiero saber que está pasando—dije con la voz entrecortada
— Somos hadas… guerreras y tú también lo eres. Y una muy poderosa si te lo propones— lo que oía de los labios relajados de la rubia era una mentira o más bien deseaba que fuese así
—No eso no puede ser—supe que el aire me hacía falta porque la cabeza comenzó a darme giros.
—Eres una princesa, hija del rey Felipix y la reina Abelallis, eres única entre todas por esa misma razón— enarque una ceja mientras quitaba las lágrimas
—No entiendo…—articule
—Eres la desaparecida Rosalinda Seymord Castellot, IX princesa. La dueña y señora del Crisoberilo, enemiga de las bestias de fuego. Eres el motivo de la desgracia de los mismos. Es por ello que debes morir para romper el hechizo que condena al usurpador “príncipe” Calixto.
— Somos tres de cuatro elementos: Aire, Agua y Tierra— menciono la rubia. La más pequeña de las tres entraba con paso despreocupado.
— ¿Qué paso? —Cuestiono Marie un tanto preocupada por la salud de esta
— Dos dragonas menos—sonrió picara.
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