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viernes, 30 de diciembre de 2011

Capitulo 16 "Corriendo riesgos"

XVI; Corriendo riesgos( 16 )



Skye Casper
Rosalinda bien había podido engañar a Destiny y a todos los demás, respecto a lo insensible y dura que se había mostrado con el psicópata de su enamorado. Pero a mí no. En el preciso momento, en que ella le declaro la guerra, supe que existía un motivo más allá que su supuesto e inesperado odio hacia el galán de Calixto Atel. De intermedio y a la postura de jerarquía que había adoptado frente a sus amigas, no obstante, en mi opinión no había otro fundamento más que el sincero y puro amor que ella sentía por él. Y al instante, en que la rubia maldijo a todo pulmón a la bestia que volaba sobre nosotros, mis sospechas en relación al asunto, terminaron por hacerse certeras.
— ¡Maldición! Pude haberlo matado en un segundo Rose. Que estúpida fuiste al darle la oportunidad de escapar a ese cobarde— Destiny se alejo furiosa, en dirección a la hoguera que habíamos construido minutos atrás, con la única intención de mitigarla y emprender el camino, antes de que, según ella nos encontrasen. El sol despertaba en un pulcro alboreo, el cual no me di el privilegio de contemplar. 
—Losé—masculló Rose con un atisbo de tristeza en su voz. Después de aquel desafortunado reencuentro para la hermosa Rosalinda, amaneció en total silencio, como si fuera el indicio de la desdicha entre ambos jóvenes enamorados.



***



El sol ya había quebrantado con su cálido esplendor al día siguiente —Lo amas más que a tu propia vida, incluso más de lo que yo creía—no fue una pregunta si no una afirmación. Una afirmación que la dejó perpleja, pues la había tomado desprevenida, sin embargo, pronto volvió a retomar la compostura altanera de la noche anterior. Con las manos al costado de sus caderas y semblante afamado.
— ¿Qué dices? — musito por la bajo una vez que me alejó lo suficiente como para que la charla fuera un poco más privada
—Vamos chicas, no tenemos mucho tiempo. No olviden nuestro objetivo—parloteaba Destiny encima de Marie y Henlie, al parecer empezaba a darse el lujo del mandato… o quizá ya era así, antes de que Will y yo apareciéramos en su camino. Por otra parte la pelirroja se cohibía cada vez que mi amigo le ofrecía su ayuda. Un asunto que William por lo visto, en nuestros dos años de amistad me había ocultado.

—A mi no me engañas con esa falsa actuación de la Marquesa de Danamas, preciosa. Lo que hiciste fue un acto de valentía para salvar a tu príncipe azul. Sabias perfectamente que Destiny y Henlie principalmente, lo harían añicos mientras el loco sintiera que se ayeaba en desventaja de seis contra uno, incluyéndote a ti y sin contar al enanillo y a los unicornios—Rose miró a ambas direcciones, como si temiera que alguien estuviera escuchando nuestra conversación. La bella chica tardo aproximadamente un minuto en articular palabra, el tiempo necesario para saber que no me equivocaba.
— ¿No se lo dirás a nadie, verdad?... Por favor—bajo la mirada avergonzada, más visiblemente nada arrepentida de lo que había echo. La única información que había podido obtener de la inocente Marie, fue que Calixto era un “malvado” dragón, con una sola misión; recuperar su vida y desechar la maldición que durante dos siglos lo ha mantenido cautivo. Y para ello, debía matar a Rose. Lo que aún seguía sin entender, si seguíamos “huyendo” ¿Quién estaba verdaderamente detrás de todo esto? Si Calixto, por lógica no era (El lector podrá entender, que nos referimos al amor de Calixto Atel por nuestra heroína) ¿Entonces quien? 
— ¿Por qué te delataría? —alce su mentón obligándola a mirarme a los ojos. Esos ojos brillantes y oscuros como la peligrosa cueva de un león hambriento, esos mismos que habían cautivado a Calixto Atel y de los que de igual manera, yo también comenzaba a enamorarme—Destiny no me cae nada bien. De hecho creo que es una chiflada egocéntrica y sin corazón—dije cruzándome de brazos. Rose dejo salir una risilla musical que me dejo anonadado. Al menos había logrado sacarle una sonrisa después de un desagradable momento. Eso en definitivo, me hizo sentir el más feliz de los hombres. 
— ¿Qué? — enarco la ceja cuando noto que contemplarla se había convertido ya en una deliciosa afición “Que linda sonrisa tienes” quise decir, pero preferí no volver a echarlo a perder y guardarme esos pensamientos para mí. 
—Destiny no es mala, Skye. Es algo orgullosa y está llena de prejuicios, eso sí. Pero solo quiere ayudarme a recuperar lo que por derecho me pertenece y salvar al pueblo de la esclavitud. En realidad, es una excelente amiga 
— ¿Quieres decir que fue mi culpa? Que se volviera sangre fría—junte el entrecejo y puse las manos en la cintura
—Más bien, creo que le gustas
—¿Enserio? —abrí los ojos como platos, con el propósito de seguir el juego risueño entre nosotros
—No, tal vez tu olor le resulte realmente desagradable—hizo una graciosa mueca de petulancia que solo la hizo ver más inocente de lo que aparentaba ser

De pronto una helada corriente de aire me atravesó el cuero.
—Mi princesa Hay que irnos ¡Ellas están aquí! —El enano atravesaba por una gran sintaxis de crisis mientras el unicornio llegaba cabalgando como un autentico y heroico corcel del Siglo X (garlianho)
—¿Ellas quien? —pregunte tranquilamente con el fin de calmar al enanillo, sin embargo, logro mutilar mi paciencia
—¿Ellas quien? repetí con exigencia
—Dragonas, mi señora, llegaron por el Oriente, nos han tomado desprevenidos—respondió Hatzive. Rosalinda de inmediato salto hacia la musculatura espalda del unicornio y galoparon a toda velocidad
—¡Rose! ¡Por aquí!—las voces provenían con suma violencia desde el interior más estrecho del bosque. Sin duda, era Henlie quien le suplicaba que rápidamente se les uniera a vuelo por entre los grandes árboles. Las pezuñas de los unicornios resonaban ferozmente como si una ola de arena, viniera tras de ellos. Todo ocurría en un indescriptible frenesí. 
—¡Vamos Skye! —grito ella a una distancia considerable 
—¡Andando Maximus! — y Salí disparado a todo galope—Gracias amigo—le agradecí a William que haya guiado a Maximus hasta mi, pero estaba seguro, que mi caballo negro azabache me hubiera encontrado, sin ayuda de nadie. 



Continuará. . .

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