Los viajeros
Parte 1
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¿Quien lo puede evitar?. . . en el destino no hay otro camino. . . ¿Y en el amor?
Rosalinda
La fría noche transcurrió en un silencio profundo que me hizo re memorizar aquella noche en compañía de Calixto Atel y mi pequeño amigo Corongio, aquella misma en la que había ocurrido el accidente en el que casi beso a Calixto.
Aunque por más lo inténtese no podía olvidar todo lo vivido a su lado y él se había encargado de hacer eso aún mas imposible con su aparición de hace escasos días, a pesar de eso le agradecía, después de todo si no fuera por él no hubiera conocido a Hatzive y a los demás unicornios.
***
—Esto es grandioso—murmuro Marie, el hada del agua al ver la longitud del océano sin fin. Las gaviotas revoloteaban ya sea en las alturas o por encima de las aguas saladas mientras la arena susurraba sobre nuestra llegada. Las olas golpeaban en la orilla de la suave arenilla creando una espumosidad blanquecina.
—Genial—vi la expresión de Henlie después de permitirle a la brisa acariciar mi semblante algo sucio—El viento esta a mi favor como siempre—sonrió la pelirroja. Las dos hadas corrieron hacia el mar en calma. Pensé en seguirlas y compartir ese delicioso y deleitable momento sin embargo una mano me detuvo.
—Tú y yo iremos allá arriba—con ayuda de su mentón Destiny señalo un lugar montañoso de gran altura que daba en barranco hacia el mar. El precioso mar.
—Nosotros aguardaremos aquí— dijo Butrus el unicornio enlazado a Destiny. Los demás asintieron incluyendo a mi querido Hatzive. Por nuestra parte no tardamos mucho en llegar gracias a nuestra especial velocidad.
— ¿Y para que me has traído aquí? —pregunte verdaderamente interesada en conocer el motivo
— Aprenderás a volar Rose—trato de darme confianza con una gran sonrisa que mostraba los hoyuelos que se le formaban en las mejillas—Tu primer vuelo como hada Winterbor—finalizo
— ¿Y cómo?
—Por allí—la chica se asomo hacia el barranco. La altura me causo un ligero ardor en la espalda y un cosquilleo inmenso recorrer por mis piernas. Aproximadamente sesenta metros de altitud es lo que ella tenía planeado que yo desafiara.
— ¿Me ayudaras cierto? —trague saliva en un intento de que no se notara el nerviosismo que sobresalía en mi tono de voz
—No, debes aprender sola como todas lo hemos hecho Rose
— ¿Estás loca? No me voy a suicidar, ni siquiera sé cómo hacer salir las alas de mi espalda. No, estás completamente demente—la rubia carcajeo un buen rato hasta que se retorcijo en su propia risa
—No es gracioso, ¿Como se supone que lo haré? — puse las manos en la cintura calculando las posibilidades que tenia de escabullirme de esto
—Tus alas saldrán en el momento indicado cuando sientan el peligro avecinándose... No chilles Rose, no es para tanto
—No, no lo voy hacer eso sería auto asesinarme— todo empezó a dar vueltas en mi cabeza y el viento a revolotear violentamente alrededor de mi cuerpo en oscilación. Siquiera me dio tiempo de pensar en cómo le aria pagar a Destiny por haberme empujado al vacio. El único pensamiento que pasaba por mi mente era “Salgan alitas por favor”, El viento seguía golpeando el frente de mi desafortunada anatomía— ¡AAAAAAAH! —estalle en un aullido fuerte y un segundo después sentí que alguien o algo había intervenido por mí. Unas hermosas alas de expedito cristal detrás de mi espalda se movían en maravillosos aleteos, su impulso era acontecimiento de gran admiración, eran fantásticas sin dejar palabras a sus sinónimos y dejando inexistentes a sus contrarios. No era nada en comparación a su extrema belleza pero su fuerza no era para dejarla pasar así como así— ¡Lo logre! —aludí emocionada. A los lejos oí palabras de aliento y orgullo de mis dos amigas que se encontraban a la orilla del mar. Era increíble que las alas lo hicieran todo por mí. Obedecían mis pensamientos pero yo no oponía absolutamente nada de esfuerzo, sólo me había tambaleado por tres milésimas de segundo y eso por el peso de las esplendorosas alas. Me eleve a la altura de la roca donde se encontraba Destiny, esta me miraba con una sonrisa que le llegaba literalmente a las orejas— ¡Sabia que lo arias! — la rubia aplaudió vehemente una vez que llegue hacia donde ella se ayeaba. —Fuiste muy quejumbrosa. Te felicito Rose, me avergüenza decirlo pero yo tuve dos tambaleos hasta caer la primera vez que intente volar—esbozo una sonrisa al recordar sus desventuras.
—Gracias Destiny—le agradecí sinceramente y de corazón
—No hay de que—me dio un golpecito en el hombro y me sonrió una vez más
Minutos después nos encontrábamos en compañía de nuestras amigas hadas, Marie y Henlie acomodadas en la mullida arena. A unos cuantos metros de distancia los unicornios descansaban con sus piernas plateadas enroscadas en el estómago y sus cuernos magnificando el reflejo de la luz de la luna. Se veían en una tranquilidad y serenidad envidiables. Invencibles, letales a pesar de la calma que inspiraban. Unas magnificas creaturas.
—Otra noche más…— suspiro Marie. Las tres asentimos al momento que nuestras miradas contemplaban las estrellas en el firmamento
—Yo nunca les encuentro forma, ni figuras—me lamente muchas veces lo mismo en aquel mundo extraño donde las mujeres usaban ropa de varones. Pero aquí era distinto, las estrellas se veían mucho más grandes, notorias y de un esplendor fabuloso.
—Eso parece un ángel ¿No creen? —murmuro Marie. A pesar de mis intentos no pude divisar el ángel que señalaba el hada del agua.
— ¿Alguna tiene sueño? —Pregunto Henlie
—Yo no—respondí mientras seguía observando las estrellas
—Hay que descansar de todas formas, nos espera un largo camino que recorrer mañana y debemos empezar la búsqueda del Crisoberilo—adelanto Destiny.
Aún a la orden de la líder, no quería dormir ni yacer en un sueño profundo mucho menos, simplemente no me apetecía hacerlo.
—Buenas noches—en un bostezo Destiny se despidió para así darse la vuelta de lado, quedando de espaldas a mí.
***
Quería sentir la excitante sensación del extenso sitio sólo para mí así que decidí subir de nuevo al lugar donde Destiny me había obligado a mi primer vuelo. Incruste los dedos de los pies en la arena por última vez y subí despacio el tramo que faltaba para llegar a la gran roca.
Ya allí podía sentir que alcanzaba las estrellas e incluso podía tocarlas, mas era solo mi imaginación. Amargamente y de nueva cuenta recordé los momentos nocturnos que había compartido con Calixto. No pude evitar dejar caer unas cuantas lágrimas mientras suspiraba e intentaba dejar de pensar en todo lo que respectase a él.
“Sus labios se fundían en los míos violentamente y poco a poco bajando su velocidad. En mi cerebro solo corría el fugaz aire, ni un solo signo de inteligencia. “Todo en blanco”… Recuerdo su aliento de una mezcla fresca-dulzosa, un sabor realmente placentero.
—No sé qué me pasa contigo, no debo pero te deseo Rose—Sus manos jugaban con mi cabello mientras yo luchaba por encontrar la entrada debajo de su camisa.
—Te amo Atel…
—Te amo Calixto Atel…—respire hondo y todo se volvió de un espécimen blanco y lleno de paz, no tarde en darme cuenta que el sol salía del horizonte. Sus rayos que eran como cálidos dedos empezaron a molestar mi sueño ligero, así que abrí los ojos muy despacio— ¿Calixto? —Aclare mí vista más de lo normal, haciendo lo posible por verle el rostro
—Te veías fantástica durmiendo—dijo en tono suave y casi en un susurro
—Me asustaste—articule en un hilo de voz mientras sentada me ponía a su altura
—Te dije que volveríamos a vernos—acaricio mi cabello y yo quite su mano de encima
—No quiero que me hagas daño y no me refiero a la muerte, si no a mi corazón. Tengo sentimientos Atel, creí que tú los tenias, es una pena que haya ocurrido eso y ahora yo…
—Te amo—coloco su dedo índice para evitar el termino de la oración que salía de mis labios. — Mi madre no te hará daño si yo no se lo permito.
—Se defenderme sola. No me interesa tu preocupación por mí. No soy la misma Calixto —me levante del pasto alucinando de nuevo lo que era él. Un peligroso dragón y mi enemigo por naturaleza.
—Rosalinda no pedí enamorarme de ti pero fue así ¿Entiendes?—me giro. De nuevo sus labios se abrían y cerraban en su hablar. Una completa tentación a la que luchaba por no abalanzarme y besarlos hasta extasiarme y aun así seguir besándolo—Te quiero como a ninguna otra mujer he amado. Todo de ti me atrapa, tu voz, tu cabello, tu aroma, todo lo que eres—se acerco a mi quedando frente a frente y después rozar sus labios en mi frente. Mis cabellos de ahí se agitaron a causa de su respiración—No Atel…—lo aleje en pausa.
Desperté por un crujido proveniente del bosque contiguo que daba cerca del Barranco Oceánico. El sol cautivador de mi sueño con Calixto había desaparecido así como él. Un sueño como todo lo maravilloso que viví a su lado, un sueño desvanecido en el viento.
El ligero escándalo hizo pulsar mi corazón y estremecerme de la curiosidad. Me adentre hacia la conífera que siempre a la defensiva se ayeaba.
— ¿Quién anda ahí? —pregunte. Volví a oír el alboroto de hojas
—Tengo una espada y no dudare en usarla si es necesario—advertí asomándome por donde provenía el ruido. Solté una risilla al ver salir a un animalito del arbusto— ¿Así que tú eras el causante de que saltara mi corazón? —me coloque en cuclillas articulando para la liebre que saltaba felizmente ignorando mis palabras. Después el pequeño animalito se detuvo en una roca próxima para así limpiar sus largas orejas.
—Esa espada vale centenares de anares no es así Will? —me aturdió una voz masculina llena de picardía. Alce la vista para ver quién era el interesando en mi espada.
— ¿Quiénes son ustedes? —cuestione. Dos chicos encima de sus caballos se ayeaban frente a mí mirándome extrañados. Por supuesto supuse que eran ellos los culpables de irrumpir mi sueño en lugar del conejillo. El ruido había sido demasiado fuerte para los pasos de un conejillo. Que estúpida había sido.
Los dos eran tipos guapos. Uno era rubio de cabello alborotado mientras sus ojos eran de un verde esmeralda fulgurante. El otro era un castaño de ojos profundos e intensos color avellana que me miraban desde la altura de su fuerte caballo negro. Ambos tenían cuerpo fornido. Bueno el rubio un poco más que el otro pero no por eso el castaño de piel pálida dejaba de ser atractivo. Me intimidaron un poco, lamento decirlo.
—Soy Skye Casper, mucho gusto señorita—dio una reverencia claramente de burla
—Y mi camarada William Mosier— Presento a su acompañante, el otro chico hizo lo mismo apretando los labios por evitar reír
— ¿Dónde conseguiste esa espada? —El castaño fijo su vista en mi instrumento de defensa
—Es mía—enarque la ceja ofendida ¿Creen que soy una ladrona? En ese caso los ladrones serian ellos
—La queremos— menciono sin un poco de vergüenza el tal William Mosier
—No les daré nada—dije sin vacilar y tomando una posición más firme
— ¿Y que podrías hacer si te la arrebatamos? —continuo el castaño
—Ustedes no me conocen, no saben de lo que puedo ser capaz
—No te preocupes no nos metemos con chiquillas indefensas como tu—eche una carcajada con sarcasmo a la frase mencionada por Casper, el joven de ojos avellana y tez pálida
— No sabes usarla — esta vez fue el chico de cabello dorado alborotado que decidió interponerse. Que equivocado estaba.
—Piensen lo que quieran par de insolentes—estaba a punto de darme la vuelta y dejarlos hablando cuando el chico castaño que correspondía al nombre de Skye habló
—Pruébamelo—Sky Casper bajo de su caballo e hizo una mueca de incredulidad deslizando su propia espada y colocándose en posición de ataque.

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