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lunes, 30 de enero de 2012

Capitulo 20 "El portal"

XX; El portal



Una de las mayores atrocidades de todos los tiempos llegaría en cuestión de horas: huracanes, tornados, maremotos, terremotos, incendios, erupciones volcánicas
Calixto Atel
Las mil ígneas llagas en mi interior; como grandes cuchilladas volcánicas de las que no tenía una sola posibilidad de defenderme, no cesaban en ningún momento. Pero no había muerto, estaba seguro de ello. No obstante el dolor era desgarrador que no dudaba en que, si no fuera por el maleficio de hace casi trescientos años, ya estaría del otro lado. 
Podía escuchar los sollozos de Rosalinda con obnubilación, el tacto frágil de sus dedos níveos en mi pecho descubierto, y sobre todo, un flujo de vida nueva que corría por dentro de todo mi cuerpo, que ardía de cierta manera pero renovaba mi ser.
Quería moverme, deseaba tanto poder hablar y decirle cuanto la amaba, que no se preocupara por mí, que todo saldría bien aunque pudiese ser una mentira, pero ni siquiera los ojos podía abrir. “¡Maldita sea! Te has convertido en un inútil” me replicaba para mis adentros. La brisa del viento me impulsaba a incorporarme del estado en el que me ayeaba, sin embargo y desgraciadamente me era  imposible. Mi cuerpo estaba completamente inmóvil desde la punta de los pies a la cabeza y no podía hacer nada. La sensación más terrible que probablemente el ser humano pudiera experimentar. Esperaba que el efecto de esa estúpida poción se extenuara pronto si no...
Pero no pienses en traicionarme o te atendrás a las consecuencias… querido hijo mío”
Myleshia ya lo había hecho, y si había fallado esta vez, no creo que fallara a la próxima.
Entonces lo comprendí. Si a causa de la maldición no podía perjudicarme directamente a mí, lo haría con la gente que amo. Y esa gente, era solo una persona: Rosalinda. Lamentablemente la cadena tenía una continuación trágica y dolorosa para ella: Su familia.
La joven de cabellos caoba ya no era un ratoncillo difícil de roer. Y mi madre tampoco era un gato salvaje, si no un poderoso tigre, hambriento y en busca de sus más indefensas presas.  Por otra parte, sospechaba que el crisoberilo ya estaba en manos de Kenny y Shana, pero aguardaba la ilusión de que las otras hadas pudieran hacer algo al respecto.

—No da resultado, Skye— oí a Rose dirigirse a Casper desesperada. El viento aun seguía brío, golpeándome “¿Qué no daba resultado?”
—Sigue intentando—respondió él, tratando de contagiarle algo de su tranquilidad.
“¡Rose!” —grité en un eco interno. Seguí sin conseguir mover un milímetro de mis labios.
—Ya es tarde, Rose. Hay que buscar la manera de salir de Garlenhia y transportarnos a ese lugar… Londres—pausó.
Percibí la mirada intensa de Rosalinda posada en mis parpados y luego en toda la extensión de mi rostro.
La voz prosiguió rigurosa— Lo siento de verdad, pero sabes que no hay tiempo de sobra. Es Calixto o tu familia—Por su manera tan frívola al hablar, supuse que era la rubia.
Y pese a coincidir con dicha hada, me lastimaba saber que Rosalinda no tendría de otra que dejarme abandonado a mi suerte. Pero no era momento para tener sentimientos de lastima propia, ni muchos menos egoísmo; su familia era más importante que yo. 
— ¿De qué se trata esto?, ¿De ponerme entre la espada y la pared?
“No Rose. Debes ir, tu familia es primero”
—Mi señora, si así lo desea, yo puedo quedarme con él—se ofreció otra voz que reconocí al instante en que pronuncio <Mi señora>. El tono chillante, indiscutiblemente provenía de mi pequeño amigo Corongio.
No poder ver, ni escuchar a nadie hacia que el silencio se turbara realmente incomodo. Fue cuestión de segundos para sentir una ligera presión en mis labios y unos dedos helados acariciar mi mejilla.
—Volveré, te lo prometo—articulo Rose con un atisbo de tristeza en la dicción de su voz. 
Como un relámpago en la tormenta, su delicado aroma a flores se esfumo. Eso solo significaba algo: se había marchado…
—No te preocupes, grandulón, yo y estos dos unicornios estaremos contigo hasta su regreso—formulo el enano con gravedad

Rosalinda
La guerra todavía no daba el grito de inicio, aun así ya había comenzado a ver sus efectos en mis seres queridos.
Dejar a Calixto Atel en ese estado, había sido una de las cosas más dolorosas que había hecho desde que pise las tierras garlianhas. No dudaba en que mi querido Calixto estuviera en buenas manos, pero me aleje de él y Corongio con el temor a perderlo. Tenía mucho miedo regresar y recibir malas noticias sobre él. Se me hacia un hueco en el estomago de solo pensarlo.
Además, por si no fuera poco, Helena y su hijo corrían peligro. Esa mujer de rizos rubios y alborotados que había sido mi madre, que todavía era mi madre y de la cual siempre estaría orgullosa de serlo. Pero no solo ellos- mi pequeña familia- estaban en peligro, si no todo Londres o quizá, hasta el mundo entero.
Una de las mayores atrocidades de todos los tiempos llegaría en cuestión de horas, si no es que las dragonas ya se encontraban allí haciendo de las suyas: huracanes, tornados, maremotos, terremotos, incendios, erupciones volcánicas, y todo lo que se relacionara con los cuatro elementos: fuego, tierra, agua y aire.
 Tanta desgracia por los deseos de venganza y crueldad de una mujer que ambicionaba seguir siendo de la realeza, pero no sin antes, consumar el maleficio que los circunvala a ella y a sus hijos desde hace dos siglos. Y para ello, únicamente existía una solución: extraer mi corazón azul antes de  la puesta de sol.
—No te preocupes por él—musito Skye detrás de mí, poniendo una mano en mi hombro en señal de apoyo—estará bien. —finalizó con una sonrisa que logro tranquilizarme por breves segundos. 
—Ya es hora. Tomaros de las manos—dijo la joven hechicera uniendo sus manos con las de Destiny y Marie, que estaban situadas a sus costados. Al tiempo que me enviaba una mirada desdeñosa desde su lugar.  Me dio la ligera impresión que se debía a algo que los vinculaba a ella y a Calixto Atel, en el pasado. Pues en el preciso momento en que me debatía entre elegir a este o a mi familia, note que en sus ojos se fomentaba cierta melancolía entorno a él…
¡Bah!...Tonterías, eran solo alucinaciones mías provocadas por la confusión del trance.
— ¡Transportatore!—declamo la bruja, que correspondía al nombre de Morgan, según había oído de Henlie
Una súbita corriente de imágenes se adjudicó a los derredores, como proyecciones en retroceso de los distintos panoramas que había recorrido en Garlenhia desde mi llegada.
Conforme el tiempo avanzaba vertiginoso, en lo más recóndito de la capa eclipsada que nos envolvía, el paisaje iba cambiando: edificios, monumentos, avenidas, automóviles e incluso el London Eye. Y mientras intentaba recordar la travesía de mi vida en Londres, las imágenes se movían raudas a nuestro alrededor. De pronto el portal se abrió como una boca gigante, expulsándonos como si fuéramos porquería, dejándonos a la deriva de un callejón sin salida.
 Dos hombres con apariencia vandálica, nos miraban perplejos desde la esquina del callejón.
— ¿Quiénes son ustedes? —pregunto uno dubitativo
—Eso no es de su incumbencia, señor—dijo Destiny con un tono de autoridad
— ¿Qué no es de nuestra incumbencia? Son del circo o qué demonios—farfullo el mismo hombre, compartiendo risas con su camarada, mientras nos revisaba de arriba abajo en general
—No, espera son los de Harry Potter—el otro también estallo en una revoltosa carcajada. Para su mala suerte, nadie andaba de ánimos para soportar bufonadas de ningún tipo.
—Viejo, los de Harry Potter son tres—Morgan elevo una caja de madera que estaba en el contenedor de basura y se la arrojo con furor a los dos hombres. Que desconcertados salieron corriendo despavoridos de ahí sin mirar atrás, escupiendo palabrotas y blasfemias entre ellos mismos y lo que acababan de constatar sobre la hechicería.

— ¿Y bien? No podemos salir con estas ropas—murmuro Marie con irritación, extendiendo las manos verticalmente
—Supongo que puedo hacer algo al respecto, es muy sencillo—pronuncio cansinamente la joven hechicera— ¡Habitu! —exclamo con los ojos bien abiertos

—Es perfecto. Andando—manifesté con cierto liderazgo una vez que todos llevábamos pantalones y camisas del siglo XX, no era lo de moda claro estaba, pero eso a quien le importaba ahora.  Destiny me atravesó con sus airosos ojos verdes, y luego me formulo una bonita sonrisa de “bien hecho”

HENLIE NO SE HABIA dado cuenta de que William iba tras ella a una distancia prudente. Bueno, precisamente ese era el propósito de su sigilo, que la pelirroja no se percatara de su presencia.
Tambaleante y un poco mareada, Henlie se detuvo en el costado de un tronco macizo y respiro hondo.
—Caray, me estoy cansando demasiado rápido—se quito el sudor de su frente y volvió a retomar el paso.
 El chico de cabellos dorados observaba con detenimiento cada movimiento del hada de la tierra, y cuando notaba que la chica se tambaleaba por fracción de segundos, aceleraba su andar, para estar un poco más a su alcance.
“Como siempre, tan obstinada.”
—Es de mala educación estar espiando a las personas, muchacho—un escalofrío le recorrió la vértice de la espalda y se giro para ver a quien pertenecía la voz.
—Vaya, Yalinca, me has asustado—el unicornio lo miraba con un éter de desconfianza, sus ojos negros palpaban y su cuerno se veía más enérgico que nunca. Dispuesto a atacar a cualquiera que se atreviera hacerle daño a su ama— No pensaras que yo…ni por qué decirlo. ¿Qué haces aquí?
— ¿Creíste que la iba dejar venir sola?, estamos enlazados mientras permanezcamos ambos en Garlenhia, compañero—musito gallardo
—Entonces estamos aquí los dos, por la misma razón
— En efec…
— ¡Cuidado! —gritó William ocultándose detrás de una roca de su tamaño. Una ola de fuego se expandió en sus horizontes rápidamente. El rubio creyó que se encontraba en las garras voraces de un forestal incendio. Y para ser honestos, no se había equivocado del todo. Tres dragonas soplaban encima de sus cabezas, una y otra vez.
— ¡Por acá! —bramo Yalinca
William oscilo en sus intentos por llegar a la dirección que le indicaba el unicornio. El fuego incrementaba.
— ¿Y Henlie? —pregunto el chico cuando ya estaba más o menos a salvo.
—La perdí de vista
—Demonios
—Ella sabe cuidarse sola, muchacho
—Sí, ya lo sé. Pero de todos modos me preocupa
— ¿Qué fue ella para ti?

—No es fue…lo sigue siendo—Un árbol carbonizado se derribo a pocos centímetros de ellos. El olor era sofocante.
— ¡Henlie! —exclamaba el ojiverde a cada segundo, sin dejar de correr entre las dificultades. Arboles caían, el olor se intensificaba amargamente, las cenizas flotaban delante de sus ojos y sus pulmones se achicaban.

— ¿DÓNDE ESTÁN ELLAS? —espetó la pelirroja bamboleándose en los aires. Detuvo la mirada en el hocico del dragón—Transfórmate para que puedas decírmelo. Si no…
— ¿Si no que? —dos llamaradas salieron expelidas directamente a su espalda. Las desvió, afortunadamente.
—Bonitas alas, pero no te servirán de mucho, querida—otros destellos salieron de las palmas de Shana, en una raya perpendicular
—Ustedes no van a salirse con la suya—pronuncio Henlie, con los ojos nublados
—¿La torre te hizo daño? —dijo la hermana de Calixto Atel haciendo un puchero con los labios—Pero que digo. Por supuesto que te quito tus poderes, y no sabes cuánto me facilita las cosas.
—Eso no me va a detener—una corriente de aire expedida de la boca de la pelirroja sacudió a la mujer dragona—Aun así tenga que matarte, el crisoberilo estará en el poder de Rose
— ¿Perdón? Mírate, en cuestión de minutos estarás echa un humano cualquiera.
—No es verdad
—Claro que lo es—Henlie cerró los ojos, y estiro los brazos a la altura de su sien. Shana reía sin contención. ¡FLAAAAAAAAAAAAAAAA! Una bola gigante de aire azotó con fuerza en contra de la mujer, que fue expulsada a varios metros de distancia, terminando en un choque contra pared.
— ¡Maldita estúpida! —rugió está, explorando el área donde la pelirroja pudiese estar escondiéndose

Calixto Atel
“¡Muévete!” —luchaba y gritaba en mi fuero interno. Ya no soportaba más la situación.
—Movió un dedo—musito con asombro una voz grave y elegante. Bien. Esto funcionaba.
—Dios mío, grandulón estas vivo—exclamo Corongio felizmente “Por supuesto que estoy vivo, amigo”
“Sentirás muy pronto la fuerza de la verdadera bruma enemiga…Vive y coexiste en ella. Si tanto dices amar, no hay otra contingencia que elegir…Debes sobrevivir Calixto Atel”

“Vamos Calixto, tu puedes mover más que un simple dedo”” ¡Vamos!”

sábado, 14 de enero de 2012

Capitulo 19 "La usurpadora y la secuaz"


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XIX; La usurpadora y la secuaz(19)




Rosalinda
El beso había durado poco más de cinco segundos, lapso de tiempo suficiente para saber que en cada encuentro que tuviese con él, llegaba a quererlo con más intensidad que la vez anterior. Y así, el querer se convertía en amor, y el amor en guerra. Parecía, como si en cualquier momento nuestros corazones fueran a estallar por las distintas emociones, ya que el poco espacio que había entre nosotros, que era muy escaso, nos permitía escuchar nuestro cadencioso palpitar.

—Te amo Rosalinda, te amo de una forma que ni yo mismo puedo interpretar 
—Pero es imposible…—oscilé con un movimiento de cabeza. Calixto se aferro impaciente a mis mejillas, para que lo mirase directo a los ojos y no hacia sus párpados como lo hice después, concluido el beso.
—Ya deja de pensar que es imposible, por favor—junto tiernamente nuestras frentes y ambos cerramos los ojos. — Te amo y me amas… no hace falta nada más, Rose—su fresco aliento llego hasta mis pulmones, causándome una fervorosa satisfacción —Pelearemos juntos y estaré contigo hasta el final…— y de nueva cuenta, nos fundimos en el calor de nuestras bocas. —Te lo prometo, mi amor—concluyo Calixto Atel
Por fin la daga en el pecho comenzaba a sellarse, por fin me sentía viva de nuevo, por fin volvía a respirar esa esencia salvaje que tanto adoraba.

De pronto, el castaño se separo de mí, y en sus ojos, pude percibir cierta confusión. Temí que se retractara de lo que había dicho y se fuera otra vez de mi lado, pero no, seguía allí, mirándome fijamente con una débil sonrisa.
— ¿Sucede algo? —pregunté 
—Deberíamos salir de aquí. Probablemente estén buscándote 
—Tienes razón—concordé con aquella resolución, aún con un gesto risueño en los labios que intente por todas, disimular. 

— ¿Qué significa Skye para ti? —me desconcertó con su pregunta. Nunca creí tener que responderle con sinceridad a nadie sobre Skye Casper, y mucho menos a él. Si bien, era cierto que en las últimas semanas, Casper había permanecido lealmente a mi lado, que de alguna forma u otra, era especial y mi mejor amigo. No obstante, en nuestra amistad existía la complicidad, y aunque en ocasiones su encanto logro dejarme aturdida, jamás llegue a quererlo de otra forma distinta a la que él quería.
Frené mi andar y suspire profundo
—Skye es muy importante para mí—Solté. Calixto enarco la ceja, tomando una compostura recelosa.
— ¿Lo amas? —pregunto titubeante y con las manos en la cintura.
Le esbocé una sonrisa ancha y le tendí mi mano 
—Lo quiero, es mi mejor amigo—sus ojos volvieron a refulgir de un bonito azul como las gemas y prosiguió con la conversación 
—Pero él te ama, y yo no puedo hacer nada respecto a eso—su mirada cambio de rumbo hacia una secoya gigante de grandes y enérgicas hojas verdes, que tapizaban cada rama del árbol. 

Skye se encontraba de espaldas, recargado sobre el lado frontal del vasto tronco y con la mirada perdida hacia al cielo. En definitivo, ese joven se había convertido en mi mejor amigo y confidente. Las chicas también formaban parte de aquel grato círculo de amistad, sin embargo, con ellas las cosas eran diferentes. 
Recordaba perfectamente cada movimiento que había realizado Casper, al chocar espadas conmigo. Aquella mañana fresca y de sol radiante, en donde me desafío a una lucha de espadachines, y en la cual le toco perder.

 
Una fuerte ola de viento, se produjo en el instante que Skye se volteo a mirarnos a Calixto y a mí, con una mueca de desagrado. “No puede ser” murmuro el ojiazul con un atisbo de reconocimiento a lo que venía por acontecer. Unas ráfagas de fuego comenzaron a flotar en el aire y todo comenzó a temblar, como si la tierra estuviera separando lo bueno de lo malo. De imprevisto, un círculo dimensionado se abrió como portal, dejando al descubierto a una mujer de complexión robusta y semblante rollizo. La reconocí al instante, era Gleda, la hechicera. 
—Gleda—le sonreí feliz por el reencuentro y dispuesta a acercarme a ella
—Espera—Calixto me tomo violentamente por el brazo y me atrajo hacia él. 
Para mi sorpresa, al contiguo izquierdo de Gleda, otra mujer con las mismas facciones y figura, aparecía en medio de forcejeos y blasfemias inentendibles, detrás de una tela que le cubría la boca. Prácticamente esa otra mujer era la mismísima Gleda. 

— ¿Cómo va todo, querido hermano?—sonrió maliciosamente la gordinflona hechicera. Me tomo un segundo darme cuenta de que algo no andaba bien, en relación a toda esa faramalla.
Me quede atónita cuando observe con atención, como el robusto cuerpo de la bruja fue tomando la forma sutil y curvilínea de una de las gemelas, Kenny o Shana

—Vaya, Kenet. El rescate fue demasiado fácil para mí, supongo que algo me decía que era una de tus estúpidas trampas, otra vez —menciono Calixto Atel con los pómulos encendidos
—Oh discúlpame hermano, pero yo no tengo nada que ver en esto ahora, enserio. Shana y yo sólo recibimos ordenes, lo sabes—respondió la mujer con una mezcla de insolencia y afabilidad que despertaron mis instintos de guerrera. —Fue madre, quien planeo todo esto, ¿Acaso olvidaste lo que te dijo la última vez?
— ¿Qué me hiciste? —cuestiono Atel, furioso
— ¿Quién lo iba decir?... El varón de la familia, el heredero al trono, el hijo preferido de Myleshia…un traidor, es una vergüenza…
— ¿Dónde está Shana? —de golpe recordó a la gemela de cabellos más oscuros. Kenet, en lugar de contestar, jugueteo con su largo cabello, al punto de desesperar a su hermano
—En… ¿Londres?, creo que así se llama, no estoy muy segura. Me disculpo por no recordarlo, Rosalinda—sus ojos de fuego se posaron en los míos—Estaba ansiosa por visitar a nuestra querida Helena y al pequeño Eric— la rabia se fue intensificando en mi interior, como una esfera de poder que estaba a punto de explotar.
—No se atrevan a tocarlos, porque juro que las mato. LAS MATO, ¡OISTE! —exclamé 
—Tranquila, es una visita cordial…por cierto, te agradezco la facilidad de encontrar el crisoberilo por nosotras—Kenny esbozo una sonrisilla con cierta maldad

— ¿Rose, estas bien? —pregunto Skye, una vez que estuvo a mi lado 
—No, Skye, ya no lo estoy
— ¡Qué Diablos! Qué joven mas entrometido—expreso Kenny. El portal comenzó a cerrarse y antes de que Calixto se precipitara a él, este se cerró en su totalidad. No sin antes alcanzar a escuchar un “Dulces sueños, Calixto” por parte de la mujer dragona, Kenet.
—Tenemos que ir a buscar a tu madre, tienes que regresar—articulo en un balbuceo, bamboleándose de un lado a otro, mientras algunas gotas de sudor corrían por su frente y su semblante se tornaba de un color blanquecino, más de lo normal.
— ¿Calixto? —musite desconcertada. Atel dejo salir un fuerte alarido y se dejo caer de rodillas al suelo. Quedando con la mitad de la cara pegada en la fría tierra y los dedos enterrados en ella. De inmediato, me arrodille a su lado y lo gire, para posteriormente levantar su cabeza a la altura de mi pecho— ¡Calixto, despierta!—repetía exasperadamente. La imagen de Mark Waters, con una bala atravesando su tórax, relampagueo en mi cabeza. 
¿Y si Atel también moría? 
Skye se apresuro a levantar a Calixto Atel y llevarlo a cuestas sobre los hombros
— ¿Qué diablos está pasando? —pregunto confundido el chico de ojos color avellana
—No lo sé Skye, yo, yo…—mis labios temblaban por el temor a perder al ser que me había hecho conocer el amor, en todos los sentidos.
—Maldita sea, es demasiado pesado—maldijo Skye, cuando Atel resbaló y estuvo a punto de caer al suelo nuevamente, si no hubiera sido que logré atajarlo por la espalda.
—Ayúdame por este costado, Rose— señalo una parte entre su hombro y la espalda del lado derecho—Hay que sacarlo de aquí, ahora mismo. Esta extremadamente pálido y frio—obedecí al instante, y entre los dos, conseguimos sacar a Calixto de aquel reducido lugar. 
¿Por qué el destino se empeñaba en alejarme de él? ¿Por qué?...

William y el unicornio Hatzive, se incorporaron en nuestra ayuda. Entre tanto, Destiny se quejaba por mi ausencia, y Marie y Henlie, alistaban todo el armamento.
—Vuelo en arco—practicaba la morena, Marie, colocándose en posición 

—Las dragonas ya no están aquí, Destiny, ¿Es que no lo entiendes? —le objete realmente molesta por su actitud insensible y desagradecida para con Atel. El silencio se postergó por unos segundos, y entonces la rubia lo comprendió todo. La batalla estaba por comenzar, y no precisamente en Garlenhia, si no en la Tierra de los torwuos humanos. 
El lugar que me vio crecer y nacer por segunda vez, la ciudad donde viví los mejores años de mi vida y sobre todo, donde habitaba mi familia, se encontraba en verdadero peligro.


—El crisoberilo…—dijeron al unisonó las tres hadas

—A estas alturas, deben estar por encontrarlo—pronuncio Marie con inquietud
—Si no es que lo encontraron ya—finalizo Henlie, tratando de mantenerse de pie—Yo iré por él, ustedes vayan al mundo de los torwuos. Yo… no podre hacer mucho allá—y sin esperar una respuesta, se marchó, desplegando sus preciosas alas plateadas de un lado al otro, tan frágiles y fantásticas al mismo tiempo.

martes, 3 de enero de 2012

Capitulo 18 "Sin Escape"


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XVIII; Sin Escape(18)





Calixto Atel(Logan)
El sólo mirar y sentir en los zapatos la tierra aledaña a la torre, se podía percibir la desdicha de las almas que habían perdido la vida en ese oscuro lugar. El aire era un elemento necesario, un buen compañero en esta encomienda, pero incluso él temía por lo que pudiese pasar.
La neblina era espantosamente protectora con cualquier cosa que se acercara a los muros que obstaculizaban la entrada a la torre sin fin, e imposible de ver más allá de la amarillenta capa de bruma que dejaba de ver su localización.
La torre sin fin, estaba custodiada por una numerosa cantidad de guardias por doquier desde el siglo X (garlianho). Y principalmente ahora, que estaba seguro, mi madre había ordenado que la búsqueda de Rose fuera mucho más apresurada y más ágil que antes. Pues el hada se hacía más fuerte y poderosa, conforme el efecto de la amnesia y el retardo de poderío que le había sido aojado por mi madre desaparecía al paso de las horas. 
Aunque ni ella misma lo supiera, sus poderes aumentaban enérgicos. Y eso, Myleshia ya no lo podía controlar.

Después de saltar el muro y caer en posición gatuna. Cauteloso, me dirigí a la primera puerta que daba a la torre y que muy apenas podía distinguirse entre la horrible neblina.La puerta era metálica y de un color grisáceo, sin embargo y como era de esperarse, a ambos lados de ella, dos guardias altos y robustos, con armas en mano y bien alineados escoltaban la entrada para cualquiera que quisiera inmiscuirse en sus secretos. 

Para ellos, aún era el príncipe Calixto Atel, hijo legitimo de la hermosa reina Myleshia, la poderosa y el elegido por Damien. Tal vez, esa posición de realeza me serviría en estos momentos. Lo intentaría y si no, contaba con la fuerza bruta de un dragón con cuerpo de humano, que por supuesto, no dudaría en utilizar.

—Caballeros—Aparecí con porte elegante ante ellos. Los dos hombres me observaron reflexivos por unos segundos y luego se miraron el uno al otro con un atisbo de reconocimiento hacia mi persona.
—Su Majestad—ambos hicieron una pequeña reverencia
—Quiero entrar— eleve la barbilla con gesto dominante aludiendo en la cerradura
—Oh me temo que eso no se puede—el guardia interpuso su cuerpo entre el mio y el metal de la puerta
—Es una orden—mencione tranquilamente
—Su madre, la reina Myleshia, nos ha prohibido la entrada a cualquier persona.
—No pedí explicaciones, ahora abran esa puerta o la abriré yo—junte el entrecejo con un gesto amenazador. Claro, los guardias sabían que monstruo era yo, pero aún así me negaron la entrada. 
—Lo sentimos señor, pero su madre…
— ¿Mi madre qué? Es por ella que estoy aquí. Ella me ha mandado personalmente a hablar con los prisioneros —De Inmediato el primer guardia, introdujo la llave y la puerta se abrió con un silbido como acompañante
“Que ingenuos” pensé con una sonrisa de oreja a oreja, después que subí los primeros escalones. 

Al seguir andando por los pasillo, pude percatarme de que había menos guardias de lo normal. Y eso, a pesar de ser de gran ayuda, algo me decía que no estaba bien. Pues no era una misión dificultosa e imposible como llegue a imaginar. No obstante a ese extraño presentimiento, continúe la misión. Debia encontrar a los prisioneros y sacarlos de ahí. Los obstáculos continuaban a mi paso. Uno, dos, hasta 7 guardias en cada piso, pero siempre ayeaba la solución de confundirlos, golpearlos, o ponerlos a todos en contra de uno o viceversa. Solo hasta que me di cuenta que la sustancia de invisibilidad que había bebido minutos atrás, comenzaba su efecto, cuando ni yo mismo podía ver mis manos ni tampoco los pies. 
— ¿Quién anda ahí? — pregunto uno. Me limite a pasarle a un costado y salir corriendo del penúltimo piso. Entonces, fue cuando oí los gritos de exasperación que provenían de la joven bruja, Morgan. Para mi grata sorpresa, un pequeño grupo de tres guardias escoltaban a los alrededores, paseando de un lado a otro y con una postura recta. 


—Ya cállate, hay que hacer algo antes de que pierda completamente mis poderes… Cada vez me siento más débil—musito la pelirroja, que visiblemente se le podía ver más pálida de lo normal y articulando palabra en un acento cansino
— ¡Me siento un completo inútil! —Exclamaba el rubio- del que todavía desconocía su nombre- al tiempo que le daba una fuerte patada a las paredes del calabozo. Morgan se asomaba por la diminuta ventanilla y sacaba las manos, replicándole al guardia que la dejara en libertad, que ella no sabía como había llegado a parar ahí y mucho menos con ellos. Los prisioneros no decían nada que pudiese ser de utilidad y el tiempo se hacía eterno para ver a Rosalinda de nuevo y acabar con todo esto.
—Morgan— Susurré. La bruja parpadeo varias veces con un gesto pensativo en los labios 
—Soy yo, Calixto. No digas nada, solo niega o asiente con la cabeza hasta que yo te diga y te sacare de aquí,lo prometo—dije casi en un murmullo para evitar que algún guardia escuchara la conversación que venía a continuación 
—Hazte a un lado, para poder ver quiénes son los otros —Morgan obedeció en absoluto silencio, causando que los otros comenzaran a preguntarle qué sucedía, pero ella únicamente negó con la cabeza

—Tu magia ya... 
—No, cada rincón de esta torre aun sigue siendo intacta a mi magia. Se trata de otra cosa—le respondió a la pelirroja 
—Déjame hablar a mí—le pedi a Morgan— dile al rubio que se acerque—Pero antes de que la bruja se lo pidiera, el chico se acerco de inmediato a la pequeña portejuela y sacó la mano por entre medio de los barrotes, con la intención de encontrarle respuesta a la discreción y al extraño comportamiento de la joven hechicera. 
—Soy Calixto Atel, los voy a ayudar a salir de aquí, pero tendrás que hacer lo que te diga
— ¿Por qué no puede verte? —susurro el joven rubio 
— ¿Qué sucede, Will? —pregunto Henlie, la más pequeña de las hadas al otro extremo del calabozo. La bruja colocó su dedo índice en los labios, rogándole a Henlie que bajara el volumen de su voz. Al mismo tiempo que yo le explicaba mi plan de escape a Will en el mayor silencio posible.
— ¡Hey tu! ¿Con quién hablas? —exclamo uno de los guardias, caminando en nuestra dirección 
—¡Ahora!— exclamé 

Skye Casper(Skandar)
Los minutos corrían indescriptibles. Temía por mi amigo y por Henlie, pero el tiempo no se apiadaría de la situación y nosotros ya no podíamos seguir esperándolos.
Podía escuchar a las dragonas acechando a nuestro alrededor, buscándonos, con una posibilidad del 95% de encontrarnos. Así que ya era tiempo de actuar. Era urgente seguir nuestro camino rumbo al Valle del Girasol, antes de que esa mujer, Myleshia, localizara el crisoberilo antes que nosotros. 

—Hay que dividirnos. Yo y Corongio podemos ir en busca de Henlie, Will y los unicornios. Mientras ustedes tres, continúan el camino al Valle del Girasol—propuso Marie, el hada del agua. Al tiempo que se sujetaba bien el arco y las flechas a la espalda
—No Marie. Me preocupa al igual que a ti, pero no podemos arriesgarnos a perderte también—finalizo Destiny contundente
—Tal vez si usamos ese método, podríamos engañar a las dragonas y llegar al Valle antes que ellas—sugerí, a pesar de concientizar el riesgo de que el plan no diera resultado. Rosalinda aguardaba en un rotundo silencio, o más bien, ida en sus propias ideas. 
—Esto es tu culpa—Destiny se dirigió furiosa hacia Rose, esta le clavo la mirada fulgurante al instante que escucho la colérica manifestación de la rubia—Sabia que ese estúpido dragón abriría la boca
—Destiny—dijo Hatzive, en su intento por enmudecer al hada de la tierra. Sin embargo, ella prosiguió 
— ¿Acaso me creíste idiota?... al pensar que me creería fácilmente ese cuento de que aborrecías a Calixto Atel. Cuando en realidad nunca tuviste el valor de decirnos que lo amabas. Es una completa locura, es imposible que ustedes dos… ¡bah! ¡Es repugnante princesita! Y si lo deje pasar fue porque confié en ti, porque creí que sabias lo que hacías… pero ahora me doy cuenta de que me equivoque — Los preciosos ojos marrones de Rose brillaban intensamente, aceptando la cruel realidad que escupía Destiny con rabia. Pues no abrió sus labios en ningún momento para articular palabra alguna, ni mucho menos para contrariarla.

Una parte dentro de mí, me exigía que callara a la rubia, que Rose no se lo merecía, que había algo injusto en todo lo que rodeaba a ese joven dragón. Y a pesar de saber que yo le resultaba atractivo, para mí eso no era suficiente. Simplemente no era nada. La codicia de que Rose me quisiera tanto como a Calixto se agitaba en mi cabeza. Deseaba con todas mis fuerzas que sus lágrimas, sus anhelos imposibilitados de amar, que cada latido de su corazón, cada suspiro, su pureza e inocencia me pertenecieran a mí, y no a él. Todo eso y más, reprimían mi decisión de intervenir en la discusión y querer seguir, haciéndole creer que Calixto era un sujeto perverso, que la había traicionado por segunda vez y que la palabra amor en él, no era más que una enorme farsa, un embustero que jamás la querría.
Pero eso…sería demasiado egoísmo. Y yo no era así
— Ya déjala en paz. Que le grites no nos va a ayudar en nada, por el contrario. Con tus reclamos, podías atraerlas hasta aquí y estaríamos jodidos
—Destiny tiene razón, Skye. Fui una cobarde, al no confesarles lo que sentía por Calixto. Y si, lo amé, quizá lo siga amando, pero ya nada va a cambiar entre él y yo— ¿Cómo era posible sentir pena, dolor, ilusión y alegría al mismo tiempo? Pena y dolor al verla quebrarse en dos. Pues su otra mitad, se disolvía en el aire, tras el fluido de su cantora voz entrecortada. Y alegría e ilusión, porque me daba la esperanza de poder llegar a enamorarla

— ¡Diantre! Cállense… ¿No escuchan algo?—profirió Corongio con un potente indicio de suspenso en los ojos. Todos postergamos un profundo silencio, cuando coincidimos sobre la presencia de otra gente
—Marie, Rose, a sus posiciones—ordeno la rubia, a la vez que desenvainaba la espada sigilosamente. Rose realizo el mismo acto, justo después de mi.
Nuestras miradas se encontraron por un par de segundos y justo ahí, la hermosa castaña empleo una sonrisa pobre y mustia, la cual supe era de agradecimiento por haber interceptado por ella. 
—No son dragonas. Se han ido—musito Rose mirando a Destiny
— ¿Cómo lo sabes? —pregunto Marie con flecha y arco en mano 
—No lo sé, solo sé que puedo... sentirlo
—Quizá, mi princesa este recuperando la memoria—formulo el enano con una leve risilla
— ¡Ahora! —grito la rubia cuando dos cuerpos se asomaron a través de nuestro escondite
—Nos disparen, somos nosotros—Supe que todo comenzaría a salir bien, cuando vi a mi mejor amigo levantado los brazos, para precaverse de ser atacado. Y también al darme cuenta, que eran ellos los que se escabullían a nuestro alrededor, y no dragonas como llegue a suponer. Pero como había dicho anteriormente, William no venia solo. Henlie se mantenía de pie, gracias a él y a otra mujer de cabellos oscuros como la noche y rayos grises como las ráfagas de una tormenta.

Y detrás de ellos llegaba él… Calixto Atel, el hombre-dragón 

No fue instinto por parte de Calixto, más bien fue lo primero que conscientemente busco y hayo. Pues los preciosos ojos marrones, que antes habían chocado con los míos, ahora se mantenían consistentes, pero al mismo tiempo tan frágiles y atados a los de él. Brillantes para rematar. Y aunque me costara aceptarlo, podía asegurar que si las miradas matasen, sus corazones habían dejado de palpitar desde el primer segundo que Calixto Atel, piso nuestro suelo y se dejo ver entre los otros.
—Nos volvemos a ver—manifesté en dirección al hombre-dragón, tratando de acabar con ese maldito beso que corría tras esa mirada, que se compartían entre los dos. Enseguida, los ojos del chico se posaron en los míos, clavándome una mirada asesina, que no obstante, no me causo ningún temor. 
—Que tal…Casper—replico visiblemente molesto y con gesto criminal. Al contrario de mí afabilidad, que igualmente no era más que una máscara de coraje puro, que quería descargarle en su cara en cualquier momento. 
— ¿Qué haces aquí? —aventuro Rose, esta vez
—Él nos ayudo a salir del calabozo, cuando Henlie estaba por desvanecerse en el suelo…—interrumpió el rubio cabizbajo—sus poderes están consumidos por la magia de la Torre en donde estuvimos—William continuo al lado de la pelirroja, mientras a los lados, las hadas, la mujer desconocida y los dos unicornios la rodeaban. 
— ¿Eso… es verdad? —pronuncio Rose con incredulidad. El ojiazul asintió con la cabeza, apretando la mandíbula, como si le costara aceptar el buen acto que había hecho por mi amigo y los demás
—Gracias—Rosalinda le miro de nueva cuenta y agradeció de una forma cortante. Y justo cuando se disponía a venir a mi lado, Calixto la detuvo por el codo
—Nuestra conversación aun no ha acabado Rose—dijo él
— ¿Con un agradecimiento sincero no es suficiente?—la chica frunció el ceño 
—No—contesto secamente Calixto Atel
—Pues yo creo que sí—la castaña trato de zafarse, pero fracaso. A la fuerza, eso si que no...Ni su naturaleza, ni su fuerza causaban en mi, ni el mas mínimo escalofrío 
—Oye amigo, no necesitas mantenerla a la fuerza—le exprese al otro extremo, y a un paso de ir a donde se ayeaban si el dragón la seguía esforzando a algo que Rose no quería
Como todos se encontraban ocupados atendiendo a la pelirroja, supongo que Calixto Atel, vio la oportunidad perfecta de hablar “tranquilamente” con Rosalinda.

En un pestañear de ojos, ambos desaparecieron tras un follaje de hojas que estorbaba la vista de cualquiera. 
Solo se necesito de dos segundos para optar por seguirlos. 

Rosalinda(Tù)
—Si tanto dices quererme… ¿Por qué insistes en hacernos daño? —le cuestione tratando de zafarme de su amarre.
— ¿Por qué insisto? Vaya pregunta— súbitamente detuvo nuestro veloz andar, frente a unas grandes y altas rocas que impedían ver más allá de lo que pudiese haber. Solo la luz zafiro y dorado de los rayos solares penetraban aquel incomodo agujero que nos permitía oír nuestros propios latidos y los del otro
— ¿Quieres saber por qué? —Me apretujo contra él, susurrándome al oído.
Mi cuerpo entero se estremeció cada segundo, por el simple hecho de su tacto con mi piel. Como en los viejos tiempos. Cuando su frialdad me irritaba y su amargura me hacía sentir insuficiente para él. 
—No, solo quiero regresar, te agradecí que hayas salvado a mis amigos. Pero entiende que entre tú y yo…es imposible. Eso no cambiara absolutamente na...—de repente, en una oleada de furor, sus labios se sumieron en los míos. Tan húmedos y cálidos como la última vez. Truenos y relámpagos estallaron en mi interior. Entretanto, mi corazón gritaba y se agitaba acompasado de felicidad, una y otra vez, una felicidad que mi orgullo y las ideas de venganza y grandeza querían destrozar. 

Pero cada puño que le daba en el pecho, era resistencia que Calixto imponía sobre mí
—Ya suéltame—exclame una vez que nuestras respiraciones estaban agitadas y nuestros labios se separaron. Pero no tarde en darme cuenta que en realidad no quería que lo hiciera. Había extrañado tanto sus besos; la violencia con la que iniciaba y la ternura con la que disminuía. Una lágrima traicionara se escabulló por mi mejilla.
Contemplé su rostro por unos segundos y luego me abalance instintivamente sobre él. Apretujando sus mejillas abrasadoras entre mis manos con suma ansiedad. Sin pensar, sólo sentir...

viernes, 30 de diciembre de 2011

Capitulo 17 "Llamarada de auxilio"


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XVII; Llamarada de auxilio ( 17 )






Calixto Atel(LoganLerman)

Los enemigos naturales, únicamente serian como tales, “Enemigos” eso estaba predicho desde hace siglos atrás en los libros de historia, pero yo, desde hacía mucho había dejado de ver a Rosalinda como a una rival, sino mas bien, la veía como la criatura más hermosa que el cielo pudiera contemplar, al amanecer, al atardecer y al anochecer. No obstante a eso, la guerra estaba declarada entre Rosalinda y yo, aunque por mi parte, aún tenía mucho que decir, tanto que explicarle. Y no me daría por vencido ante nada, ni nadie. Y mucho menos ahora con ese tal Skye a su lado, como amigo, como enamorado, como lo que fuera. Definitivamente esa sensación de los celos y la naturaleza de un dragón plenamente no eran sentimientos compatibles al mismo tiempo. 
Yo la amaba como nunca llegue a imaginar, no sólo la amaba, la idolatraba y al soñarla al mando, me hacía sentir inferior a su merecimiento. Aunque bueno... de todas maneras no la merecía aún así no hubiera actuado de tal forma, a mis embustes y propósitos. 
En este momento deseaba solo una cosa en el mundo; regresar el tiempo y no haberla conocido jamás. Amarla, se habia convertido en un sentimiento mucho más fuerte que yo, que ya no podia controlar.Donde todas aquellas cosas que había experimentado en mi niñez y adolescencia, todas esas cosas de las que estaba acostumbrado a sobre llevar ante la humanidad y esas vivencias que habían logrado mi coexistir. Todas esas enseñanzas crueles y asesinas que habían sido parte desde que era un crio, poco a poco se extinguían. Ella lo había cambiado todo. Su vida, y ahora sin temor a decirlo…era la mía propia. SI, ELLA ERA MI VIDA AHORA, así tendría que luchar contra mi propia sangre y contra mi especie, así sería…
Y si, después de que la salvamos Corongio y yo de aquél precipicio, la llegue a maldecir muchas veces. A maldecirla, por haber hecho que la amara tanto y con la misma intensidad del tono marrón de sus ojos, cuando mis intenciones, no eran otras más que, ejecutar su muerte. 

— ¡Calixto! ¡Calixto Atel! — una voz desesperada y carraspeada se hacía más frecuente conforme avanzaba. Pero no me importaba, no era esa voz dulzosa y musical que tanto adoraba— ¿Tu eres Calixto Atel? —dijo la voz tras mi espalda, de inmediato me gire para ver quién era la persona exasperada. Una vieja, de aspecto ingenioso y perspicaz, era la que se dirigía a mí con tal ansiedad
— ¿Qué es lo que quiere señora? —pregunte con antipatía, al darme cuenta de quien se trataba. Nada más y nada menos que de Gleda, una de las hechiceras más poderosas de toda Garlenhia y de la cual, mi madre siempre había buscado el momento de vengarse por los lazos de sus antepasados. Sin embargo, nunca lo consiguió.

—Mi sobrina, muchacho
—No quiero ser grosero, pero su sobrina no me importa en lo absoluto—cabe recordar que la sobrina de esta, es Morgan, aquella joven bruja, atractiva y pretenciosa.
—No solo se trata de ellos, un hada y un joven como de tu edad están con ella, junto con mis queridos Yalinca y Zenko
— ¿Rosalinda? ¿Qué pasa con ella?—la mujer sonrió a medias al mostrarme interesado tan repentinamente
—No precisamente, pero si están en peligro de tu asquerosa familia
— ¿Y por qué ha decidido venir a decírmelo?, si usted más que nadie sabe que soy más dragón que un hombre
—Jovencito, no me das miedo por lo que eres, si no por lo que no seas capaz de hacer. Y si te lo digo, es porque no soy estúpida. Te he vigilado estas últimas semanas y vaya que me has sorprendido… Pero ese no es el punto, la hija de Felipix está en peligro de tu desagradable especie, mientras mi sobrina y los otros, están prisioneros
— ¿Prisioneros? —la mujer asintió con la cabeza y de instinto me puse en marcha rápidamente
—Mejor ven conmigo, tengo unos trucos que darte antes de partir
— ¿Son necesarios? Tengo prisa señora
—Shaba Antilogò neni—solo alcance a escuchar y de repente el bosque se ayeaba fuera de mi alcance. Cuatro paredes de roca con un arsenal de hierbas y frascos de cristal me rodeaban por completo. Definitivamente esa bruja, me había llevado a donde se le dio la gana.
—…Y un poco de arsenal de cristasis de hierba de la oscuridad, unas cuantas gotas de saliva de león y listo— y de pronto una explosión de colores difuminados se expreso a las afueras de la pequeña olla. Y posteriormente la vieja me ordeno beberla, sin dejar una sola gota en el interior.
—No voy a beber eso—musite con una sonrisa burlona y agitando la mano en negación 
—Hazlo—pronuncio ella
—No voy hacerlo—dije firme
— ¡Que lo hagas!, muchacho testarudo. Es una pócima para la invisibilidad, la necesitaras en la Torre de la Niebla Sin Fin, hay guardias en todos los rincones
— ¿Por qué quiere ayudarme?
—No es por ti, es por ella. Anda, bebe 
— ¡Esta bien! — y de un solo trago, bebí toda la pócima hasta la última gota. Un rasguño me cruzo por la garganta. Era un sabor realmente desagradable 
—Ahora esto—me ofreció otro frasco 
— ¿Qué es?
— Velocidad para tu forma de dragón. Para tus alas muchacho
—Vaya—lo bebí al instante y con las más visibles intenciones de marcharme
— ¿A dónde vas? —dijo la mujer cuando me ponía de pie
— ¿Usted a donde cree? —exprese irritado al mismo tiempo que me acomodaba las mangas de la chaqueta negra de piel, a la altura de los codos.
—Necesitaras esto, es muy importante, solo utilízala si estas en verdadero peligro
— ¿Una pluma de ave? 
—No es sólo una pluma de ave, es mucho más que eso—la anciana miraba con cierta admiración y benevolencia al sutil objeto del que me había dado entrega
—De acuerdo—no tenía ni la más remota a que se refería “con mucho más que eso” pero de algo si estaba seguro, primero tendría que ir a rescatar a sus amigos en la llamarada. Si las hadas decidían matarme en cuanto me vieran, una parte estaría perdida. Debía tener a esas hadas de mi lado, para poder llevar a cabo el triunfo en contra de mi madre. Además, se que los prisioneros son de mucha ayuda para Rosalinda y encerrados en esa torre, no podrían salir, y por lo tanto no ser de utilidad. La Torre de Niebla sin fin no era cualquier torre, era y es la enemiga mortal de las hadas, donde sus poderes y fuerzas se debilitan hasta morir. Un sitio que había sido abandonado cuando mi madre, Myleshia, creyó que todas esas criaturas estaban extintas.
—Sentirás muy pronto la fuerza de la verdadera bruma enemiga… Vive y coexiste en ella. Si tanto dices amar, no hay otra contingencia que elegir…Debes sobrevivir Calixto Atel
— ¿Usted como sabe? 
— ¡Bifamia! —Y de nueva cuenta desaparecí de las paredes rocosas, para aparecer esta vez en un lugar sombrío y eclipsado por la potente neblina que ocupaba todo el lóbrego lugar. Sí, me ayeaba a escasos metros de la Torre de la Niebla sin fin. Donde siquiera la torre podía llegar a percibir.


Rosalinda
Momentos atrás
—Maldición—exclamo William Mosier, agitado. Mientras intentaba ponerse de pie. 
—Will—instintivamente Henlie se retracto en el camino y regreso al alcance del rubio.
— ¡Váyanse! ¡YA! ¡Estaremos bien! —gritaba la pelirroja exasperada por la situación del joven que había sido ataco con flechas a su corcel y una en su brazo izquierdo. Skye Casper se ayeaba entre sí quedarse con su amigo o seguir a trote a nuestro lado, no había tiempo que pensar
—Lárgate de una buena vez, idiota—replico Mosier para Skye, este obedeció sin volver a mirar atrás. Pero en su semblante podía verle un gesto de mortificación —Los volveremos a ver Skye. No te preocupes—el solo asintió y siguió a todo galope. 

Actual
—Esto es una basura, Henlie ya debería estar aquí— Destiny caminaba de un lado a otro desesperada, mientras tocaba su frente como si tuviera migraña o algo así. Y de repente varias imágenes se refractaron en mi cabeza, tan vivas y recientes
—Mamá, odio que los niños se burlen de mí—una mujer rubia y de cabello rizado me abrazaba vehemente ante mis pucheros de siete años de edad
—Tendrás un hermanito Rose
—Eso es fantástico
—Olvídalo no me pondré ese vestido mamá
—Eres la jovencita más hermosa que el mundo pudiera ver. Eras tan pequeña cuando te vi por primera vez y mírate ahora…
— ¿Donde estas las mujeres más hermosas del planeta entero? —Mark Waters estaba ahí, dándonos un fuerte abrazo y un beso en la frente a cada una
—Una princesa serás, una estrella serás, una rosa serás…duerme preciosa criatura. Mañana será otro día—una melodía cantada por una voz más musical pero igual de maternal que la mujer de cabellos dorados y rizados

—Relájate rubia, Will no es cualquier tipo, van a regresar—decía Skye Casper confiando en su amigo, pero también con la misma preocupación sobresaliendo en su tono de voz 
—Mamá… 




Continuarà. . .