XIX; La usurpadora y la secuaz(19)
Rosalinda
El beso había durado poco más de cinco segundos, lapso de tiempo suficiente para saber que en cada encuentro que tuviese con él, llegaba a quererlo con más intensidad que la vez anterior. Y así, el querer se convertía en amor, y el amor en guerra. Parecía, como si en cualquier momento nuestros corazones fueran a estallar por las distintas emociones, ya que el poco espacio que había entre nosotros, que era muy escaso, nos permitía escuchar nuestro cadencioso palpitar.
—Te amo Rosalinda, te amo de una forma que ni yo mismo puedo interpretar
—Pero es imposible…—oscilé con un movimiento de cabeza. Calixto se aferro impaciente a mis mejillas, para que lo mirase directo a los ojos y no hacia sus párpados como lo hice después, concluido el beso.
—Ya deja de pensar que es imposible, por favor—junto tiernamente nuestras frentes y ambos cerramos los ojos. — Te amo y me amas… no hace falta nada más, Rose—su fresco aliento llego hasta mis pulmones, causándome una fervorosa satisfacción —Pelearemos juntos y estaré contigo hasta el final…— y de nueva cuenta, nos fundimos en el calor de nuestras bocas. —Te lo prometo, mi amor—concluyo Calixto Atel
Por fin la daga en el pecho comenzaba a sellarse, por fin me sentía viva de nuevo, por fin volvía a respirar esa esencia salvaje que tanto adoraba.
De pronto, el castaño se separo de mí, y en sus ojos, pude percibir cierta confusión. Temí que se retractara de lo que había dicho y se fuera otra vez de mi lado, pero no, seguía allí, mirándome fijamente con una débil sonrisa.
— ¿Sucede algo? —pregunté
—Deberíamos salir de aquí. Probablemente estén buscándote
—Tienes razón—concordé con aquella resolución, aún con un gesto risueño en los labios que intente por todas, disimular.
— ¿Qué significa Skye para ti? —me desconcertó con su pregunta. Nunca creí tener que responderle con sinceridad a nadie sobre Skye Casper, y mucho menos a él. Si bien, era cierto que en las últimas semanas, Casper había permanecido lealmente a mi lado, que de alguna forma u otra, era especial y mi mejor amigo. No obstante, en nuestra amistad existía la complicidad, y aunque en ocasiones su encanto logro dejarme aturdida, jamás llegue a quererlo de otra forma distinta a la que él quería.
Frené mi andar y suspire profundo
—Skye es muy importante para mí—Solté. Calixto enarco la ceja, tomando una compostura recelosa.
— ¿Lo amas? —pregunto titubeante y con las manos en la cintura.
Le esbocé una sonrisa ancha y le tendí mi mano
—Lo quiero, es mi mejor amigo—sus ojos volvieron a refulgir de un bonito azul como las gemas y prosiguió con la conversación
—Pero él te ama, y yo no puedo hacer nada respecto a eso—su mirada cambio de rumbo hacia una secoya gigante de grandes y enérgicas hojas verdes, que tapizaban cada rama del árbol.
Skye se encontraba de espaldas, recargado sobre el lado frontal del vasto tronco y con la mirada perdida hacia al cielo. En definitivo, ese joven se había convertido en mi mejor amigo y confidente. Las chicas también formaban parte de aquel grato círculo de amistad, sin embargo, con ellas las cosas eran diferentes.
Recordaba perfectamente cada movimiento que había realizado Casper, al chocar espadas conmigo. Aquella mañana fresca y de sol radiante, en donde me desafío a una lucha de espadachines, y en la cual le toco perder.
Una fuerte ola de viento, se produjo en el instante que Skye se volteo a mirarnos a Calixto y a mí, con una mueca de desagrado. “No puede ser” murmuro el ojiazul con un atisbo de reconocimiento a lo que venía por acontecer. Unas ráfagas de fuego comenzaron a flotar en el aire y todo comenzó a temblar, como si la tierra estuviera separando lo bueno de lo malo. De imprevisto, un círculo dimensionado se abrió como portal, dejando al descubierto a una mujer de complexión robusta y semblante rollizo. La reconocí al instante, era Gleda, la hechicera.
—Gleda—le sonreí feliz por el reencuentro y dispuesta a acercarme a ella
—Espera—Calixto me tomo violentamente por el brazo y me atrajo hacia él.
Para mi sorpresa, al contiguo izquierdo de Gleda, otra mujer con las mismas facciones y figura, aparecía en medio de forcejeos y blasfemias inentendibles, detrás de una tela que le cubría la boca. Prácticamente esa otra mujer era la mismísima Gleda.
— ¿Cómo va todo, querido hermano?—sonrió maliciosamente la gordinflona hechicera. Me tomo un segundo darme cuenta de que algo no andaba bien, en relación a toda esa faramalla.
Me quede atónita cuando observe con atención, como el robusto cuerpo de la bruja fue tomando la forma sutil y curvilínea de una de las gemelas, Kenny o Shana
—Vaya, Kenet. El rescate fue demasiado fácil para mí, supongo que algo me decía que era una de tus estúpidas trampas, otra vez —menciono Calixto Atel con los pómulos encendidos
—Oh discúlpame hermano, pero yo no tengo nada que ver en esto ahora, enserio. Shana y yo sólo recibimos ordenes, lo sabes—respondió la mujer con una mezcla de insolencia y afabilidad que despertaron mis instintos de guerrera. —Fue madre, quien planeo todo esto, ¿Acaso olvidaste lo que te dijo la última vez?
— ¿Qué me hiciste? —cuestiono Atel, furioso
— ¿Quién lo iba decir?... El varón de la familia, el heredero al trono, el hijo preferido de Myleshia…un traidor, es una vergüenza…
— ¿Dónde está Shana? —de golpe recordó a la gemela de cabellos más oscuros. Kenet, en lugar de contestar, jugueteo con su largo cabello, al punto de desesperar a su hermano
—En… ¿Londres?, creo que así se llama, no estoy muy segura. Me disculpo por no recordarlo, Rosalinda—sus ojos de fuego se posaron en los míos—Estaba ansiosa por visitar a nuestra querida Helena y al pequeño Eric— la rabia se fue intensificando en mi interior, como una esfera de poder que estaba a punto de explotar.
—No se atrevan a tocarlos, porque juro que las mato. LAS MATO, ¡OISTE! —exclamé
—Tranquila, es una visita cordial…por cierto, te agradezco la facilidad de encontrar el crisoberilo por nosotras—Kenny esbozo una sonrisilla con cierta maldad
— ¿Rose, estas bien? —pregunto Skye, una vez que estuvo a mi lado
—No, Skye, ya no lo estoy
— ¡Qué Diablos! Qué joven mas entrometido—expreso Kenny. El portal comenzó a cerrarse y antes de que Calixto se precipitara a él, este se cerró en su totalidad. No sin antes alcanzar a escuchar un “Dulces sueños, Calixto” por parte de la mujer dragona, Kenet.
—Tenemos que ir a buscar a tu madre, tienes que regresar—articulo en un balbuceo, bamboleándose de un lado a otro, mientras algunas gotas de sudor corrían por su frente y su semblante se tornaba de un color blanquecino, más de lo normal.
— ¿Calixto? —musite desconcertada. Atel dejo salir un fuerte alarido y se dejo caer de rodillas al suelo. Quedando con la mitad de la cara pegada en la fría tierra y los dedos enterrados en ella. De inmediato, me arrodille a su lado y lo gire, para posteriormente levantar su cabeza a la altura de mi pecho— ¡Calixto, despierta!—repetía exasperadamente. La imagen de Mark Waters, con una bala atravesando su tórax, relampagueo en mi cabeza.
¿Y si Atel también moría?
Skye se apresuro a levantar a Calixto Atel y llevarlo a cuestas sobre los hombros
— ¿Qué diablos está pasando? —pregunto confundido el chico de ojos color avellana
—No lo sé Skye, yo, yo…—mis labios temblaban por el temor a perder al ser que me había hecho conocer el amor, en todos los sentidos.
—Maldita sea, es demasiado pesado—maldijo Skye, cuando Atel resbaló y estuvo a punto de caer al suelo nuevamente, si no hubiera sido que logré atajarlo por la espalda.
—Ayúdame por este costado, Rose— señalo una parte entre su hombro y la espalda del lado derecho—Hay que sacarlo de aquí, ahora mismo. Esta extremadamente pálido y frio—obedecí al instante, y entre los dos, conseguimos sacar a Calixto de aquel reducido lugar.
¿Por qué el destino se empeñaba en alejarme de él? ¿Por qué?...
William y el unicornio Hatzive, se incorporaron en nuestra ayuda. Entre tanto, Destiny se quejaba por mi ausencia, y Marie y Henlie, alistaban todo el armamento.
—Vuelo en arco—practicaba la morena, Marie, colocándose en posición
—Las dragonas ya no están aquí, Destiny, ¿Es que no lo entiendes? —le objete realmente molesta por su actitud insensible y desagradecida para con Atel. El silencio se postergó por unos segundos, y entonces la rubia lo comprendió todo. La batalla estaba por comenzar, y no precisamente en Garlenhia, si no en la Tierra de los torwuos humanos.
El lugar que me vio crecer y nacer por segunda vez, la ciudad donde viví los mejores años de mi vida y sobre todo, donde habitaba mi familia, se encontraba en verdadero peligro.
—El crisoberilo…—dijeron al unisonó las tres hadas
—A estas alturas, deben estar por encontrarlo—pronuncio Marie con inquietud
—Si no es que lo encontraron ya—finalizo Henlie, tratando de mantenerse de pie—Yo iré por él, ustedes vayan al mundo de los torwuos. Yo… no podre hacer mucho allá—y sin esperar una respuesta, se marchó, desplegando sus preciosas alas plateadas de un lado al otro, tan frágiles y fantásticas al mismo tiempo.

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